Francisco García Salinas y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: ayer y hoy (2/2)

Francisco García Salinas y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: ayer y hoy (2/2)

■ El Mirador de Heródoto

El Acta Constitutiva y la Constitución de 1824, consideradas como un todo orgánico-constitucional, han resultado en nuestra historia y dentro de nuestras instituciones políticas, de enorme trascendencia (…). La República y la Federación fueron las dos más grandes aportaciones del Constituyente de “24” a nuestra historia política.”
Emilio O Rabasa, en: Historia de las constituciones mexicanas. 1990.

Según la Tercera Encuesta Nacional de Cultura Constitucional: los mexicanos y su Constitución, elaborada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM en 2015, el 52.7% de los mexicanos desconoce cuándo se promulgó la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos y el 93% dice que conoce poco o nada de su contenido, lo cual es deplorable porque si el ciudadano no conoce sus obligaciones y derechos, entre otros efectos, no puede colaborar en la construcción de una sociedad democrática.

Sócrates nos enseñó que: “Sólo hay un bien: el conocimiento. Solo hay un mal: la ignorancia.” De ahí que pensemos en la educación formal e informal como recursos para formar ciudadanía, en espera de la consecuencia lógica que acarrea. “El ciudadano se construye para que la sociedad se transforme y ese proceso de construcción ciudadana es un proceso de transformación social.” (Cepeda, M.J. 2004).

En función de lo anterior, resulta explicable que el recién cumplido aniversario número cien de nuestra Carta Magna vigente nos induzca a reflexionar sobre genealogía.

En la historia de México destacan tres Constituciones, aprobadas en 1824, 1857 y 1917, respectivamente.

Tanto para los zacatecanos en general, como para quienes integran la comunidad de la Universidad Autónoma de Zacatecas es motivo de orgullo recordar que en la conformación de la Constitución de 1824 -que dio origen a la primera República Federal- participó Francisco García Salinas, -fundador de la mencionada Institución- mismo que en su desempeño como legislador, en la tribuna del constituyente formuló sus “Reflexiones sobre el Acta Constitutiva” y enriqueció con ella los principios en que se basa el documento por el que se consagra la organización republicana, democrática y federal de México.

Honores a Francisco García Salinas, de quien globalmente puede decirse que en una etapa sumamente difícil para el país, luchó a favor de las fuerzas democráticas, progresistas y patrióticas de su tiempo, logrando beneficios sociales para las mayorías.

La segunda Constitución fue la de 1857, que plasmó el triunfo de los liberales sobre los conservadores. Tal documento normativo se complementó con la Leyes de Reforma (1859) en cuyo núcleo se estableció la necesaria separación de la Iglesia y el Estado. Fueron leyes con apoyo bíblico en la expresión: “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, lo cual es propio de una sociedad democrática.

La Constitución que nos rige actualmente, o sea la Constitución promulgada el 5 de febrero de 1917, fue producto de la revolución de 1910, en la que murieron más de un millón de mexicanos luchando por terminar con la profunda desigualdad social ancestral que prevaleció todavía durante el porfiriato. La revolución triunfante logró plasmar en la Carta Magna ideales que giraron en torno a la democracia, nacionalismo y justicia social, características que le ganaron el calificativo de progresista y la colocaron a la vanguardia en Latinoamérica.

Esa Carta magna se empezó aplicar generando mejoras en rubros de salud, educación, vivienda, tierra, derechos laborales, usufructo del subsuelo. Sólo que, a medio camino del logro de sus objetivos, dicha Constitución empezó a sufrir cambios cruciales, que se acentuaron a partir de 1980, de tal modo que en la actualidad los pilares sobre los que se sustentó la equidad social fueron eliminados. Con ello el México producto de la Revolución dejó de existir. Ahora existe otro proyecto de nación distinto: el determinado por el neoliberalismo, y consecuentemente, las reformas constitucionales recientes han servido para dar certeza jurídica al proyecto económico neoliberal, alentando con ello una serie de privatizaciones de empresas del Estado, de instituciones y de las riquezas nacionales como los ejidos, los bancos, los ingenios azucareros, las carreteras, los ferrocarriles, los puertos y aeropuertos, las líneas aéreas, teléfonos, la industria del acero, y de fertilizantes, armadoras de vehículos y carros de ferrocarril, de las minas, y más recientemente de la industria petrolera y de la electricidad.

Todas las reformas estructurales a la Constitución se han realizado intencionalmente para incrementar la protección a la actividad económica privada. Estratégicamente, a través de los medios masivos de comunicación, especialmente la TV al servicio del poder, las reformas han sido anunciadas al pueblo  como generadoras  de bienestar social, promesa siempre incumplida a lo largo de más de 30 años.

Un sector grande de mexicanos que no ha tenido la oportunidad de adquirir formación ciudadana, le cree a la TV, y cambia su voto por una despensa, pero los que están conscientes de la situación real del país están generando resistencia al embate neoliberal.

En la actualidad se requieren gobernantes y legisladores que siguiendo el ejemplo de Francisco García Salinas se ocupen de conseguir la independencia económica de México y de promover una distribución más equitativa de la riqueza.

A 49 años de fundación de la Unidad Académica de Medicina…

Así se observa el mundo desde El Mirador de Heródoto. ■

     *Docente investigador UAZ

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