El campo zacatecano ante el (posible) fin del TLC

El campo zacatecano ante el (posible) fin del TLC

Ante la posible reestructuración o desaparición del Tratado del Libre Comercio, el campo zacatecano no puede quedar incólume a este acontecimiento. El esquema neoliberal, que dos años antes de la firma del TLC (en 1992) modificó la constitución en uno de los pilares del proyecto constitucional de la Revolución Mexicana (el artículo 27) para eliminar la economía campesina, está ahora mismo en crisis. Se decía que la producción campesina era improductiva para enfrentar la competencia de una economía globalizada. Así las cosas, se fue creando una casta de productores agrícolas dedicados a la exportación. Se les dieron grandes apoyos públicos haciendo de los presupuestos del campo altamente regresivos, como por ejemplo el Procampo. Pero esos productores representan únicamente el 15 por ciento de los agricultores mexicanos. El resto, sobre todo de corte campesino, fue abandonado. Ese escenario que crearon ha sido un desastre: dependencia de insumos agrícolas, entre los que se encuentran los fertilizantes, la biotecnología y la semilla, además de importar productos esenciales a la dieta nacional, como el propio maíz. Y la producción que fue catalogada de exitosa fue motivo de problemas ecológicos graves: la franja frijolera desertificó el territorio, y el chile en amplias extensiones disminuyó la biodiversidad en el estado. Por poner dos ejemplos. La producción ‘productiva’ para la exportación desencadenó un serio problema de sustentabilidad.

Ahora que se comienza a romper bruscamente este modelo, debe repensarse el esquema de la producción agrícola en la entidad. A fondo. Desde los fines: girar a la seguridad y soberanía alimentaria, lo cual significa volver a las formas campesinas de producción, donde las familias son actores económicos y las escalas de producción son menores, pero de mayor variedad de productos. Y también desde los medios: menos venenos y más control biológico de plagas, con la mirada puesta en la biodiversidad y la sustentabilidad y no sólo en la alta productividad de corto plazo que desertifique el campo a largo plazo. Hay mucho escrito e investigado al respecto, es cosa de que los gobernantes escuchen a los campesinos e investigadores, y no sólo quieran encontrar mercados alternativos al norteamericano para continuar con el mismo modelo.

Si el TLC se rompe, tenemos seis meses para operar otro modelo. Y el objetivo debe ser sustituir el modelo, no solamente sustituir mercados. En el estado hay capacidades para elaborar planes estratégicos alternativos a los agro-exportadores, las investigaciones el Inifap, la Escuela de Agronomía, la unidad de Chapingo y el Colegio de Postgraduados, además de los centros que investigan la economía agrícola, bien pueden ser un valioso apoyo para restituir el modelo, y claro está de la mano de las propias organizaciones campesinas. Pero debe ser profundo y ágil, al mismo tiempo. Sin embargo, no observamos pasos decisivos en esa dirección. Parece que se ha preferido la idea de encontrar nuevos mercados para garantizar la continuidad del modelo exportador. En cuanto apriete la crisis veremos cómo se mueven los actores de la economía agrícola zacatecana, y la puja por el cambio de modelo.

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