Migrantes mexicanos, a organizarse

Migrantes mexicanos, a organizarse

Los migrantes mexicanos en Estados Unidos han sido capaces de construir una importante red de organizaciones locales, pero han fracasado consistentemente en la construcción de organizaciones nacionales estables. En otros artículos he señalado que esto es muestra del insuficiente grado de desarrollo y madurez política que han alcanzado en este país; en esta ocasión quiero ilustrar esto con algunos ejemplos de problemas y de organizaciones.

Aunque las organizaciones existentes parecen muy distintas entre sí, comparten al menos algunos componentes comunes; éstos son: un propósito (o programa u objetivos), una estructura y un funcionamiento. Aquí solo exploraremos algo de lo relacionado con la estructura.

La estructura se puede entender como el modo en que se vinculan los elementos más permanentes de la organización para tomar decisiones y ponerse en movimiento hacia la consecución de sus objetivos. Una estructura simple podría consistir de: 1) una asamblea general, anual o nacional, donde se toman las decisiones más importantes y se eligen cuerpos directivos; 2) un cuerpo directivo, y 3) comités locales u otras figuras semejantes a través de las cuales participa la membresía en general. Claro que hay organizaciones con estructuras más complejas. Pero, simples o complejas, parece inevitable que en toda estructura organizativa, se establezca una cierta división entre dirigentes y dirigidos, o coordinadores y coordinados, o líderes y lidereados, o mesías y seguidores, o caciques y caciqueados o los de arriba y los de abajo.

Lo cierto es que pocos pueden imaginar la existencia de una organización que no tenga un cuerpo directivo. A éstos se les atribuyen funciones benéficas que no se ponen en cuestión, por ejemplo: representar la organización, coordinar la membresía y sus actividades, etcétera. Pero veamos también cómo ha operado esto en la vida real.

En 1968 se formó en California el Centro de Acción Social Autónoma (CASA), bajo el liderato del legendario Bert Corona. Esta fue la primera organización nacional dedicada a defender los derechos de los migrantes indocumentados (en su mayoría mexicanos) en Estados Unidos. CASA se convirtió en el principal foco de atracción para los activistas mexicanos y su presencia se extendió a casi todas las ciudades de EU con una población mexicana importante. Algunos de estos activistas que llegaron a la dirección de la organización, empezaron a cuestionar el liderato de Corona, quien renuncia en 1974. Los dirigentes que quedaron se embarcaron en una serie de disputas internas que condujo a la descomposición de la organización que quedó disuelta a finales de los 70.

En 1993, se formó en California la Coordinadora 96, una coalición con el propósito de enfrentar las campañas anti migrantes de aquellos años y de convocar a una primera gran movilización nacional pro migrante en Washington, DC, el 12 de octubre de 1996. Esta convocatoria tuvo eco en decenas de ciudades, en donde se reprodujeron versiones locales de esta coalición, y su resultado fue una manifestación de entre 30 mil y 40 mil participantes (aunque sus organizadores vieron a muchos más de 100 mil), lo cual fue todo un éxito si se considera que fue la primera y si se mide con los parámetros de aquellos años. La Coordinadora 96 mantuvo su existencia durante algunos años más, actualizando su nombre (en el año 2000 se llamó Coordinadora 96-2000) y convocando a otras manifestaciones nacionales que ya no fueron tan numerosas como la primera. Poco después la coalición se disolvió debido a luchas intestinas por su dirección.

En 2000, a convocatoria de Luis Pelayo, líder migrante mexicano radicado en el área de Chicago, se realizó en Texas una reunión que resultó en la fundación de la Coalición Internacional de los Mexicanos en el Exterior (CIME). Los participantes provenían de grupos de activistas principalmente de Texas, Illinois y California, que ese año se habían conocido organizado protestas contra el alza en las fianzas para la importación temporal de vehículos a México. La amplia agenda de demandas que adoptó ya no progresó porque, en cuanto concluyo la reunión fundacional, empezaron las conspiraciones contra los dirigentes que de ahí resultaron. La vida de la CIME, como proyecto  de organización nacional, no duró seis meses.

El hecho de que estos tres proyectos tan prometedores hayan muerto casi por la misma razón es bastante aleccionador. Por eso, en los siguientes intentos de crear la gran organización de los mexicanos en EU, deberían abordarse con menos inocencia los asuntos de los cuerpos directivos. No solo se trata de que sean electos o impuestos, pues ambos han resultado igualmente tóxicos.

Sería bueno que, mientras no se conjure esta maldición o mientras terminamos de madurar, pudiéramos empezar a imaginarnos la posibilidad de una organización sin dirigentes ni dirigidos. ¿Imposible? No lo creo. En un artículo próximo describiré la experiencia de una agrupación que conquistó sus objetivos al mismo tiempo que gozó la felicidad de no tener un cuerpo directivo ni los conflictos mortales que estos generan o atraen. ■

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