El baile es una mezcla de arte y deporte, señalan integrantes del colectivo B-Boys

■ A pesar de ser una disciplina marginada, la agrupación se conforma por 20 jóvenes

■ La práctica ha salvado a bailarines de caer en las adicciones: miembro del conjunto

Integrantes del colectivo se reúnen a diario en un estacionamiento para practicar la disciplina durante 4 o 5 horas. “El baile me define como persona”, señala Alex, uno de los miembros ■ fotos: MIGUEL áNGEL NúÑEZ
Integrantes del colectivo se reúnen a diario en un estacionamiento para practicar la disciplina durante 4 o 5 horas. “El baile me define como persona”, señala Alex, uno de los miembros
■ fotos: MIGUEL áNGEL NúÑEZ

Para los jóvenes que integran el colectivo zacatecano B-Boys, bailar hip hop y break dance en la calle es una mezcla de arte y deporte que puede alejar a los jóvenes de caer en las adicciones y les ayuda a mantener una buena condición física.

Sin embargo, esta disciplina ha sido marginada por practicarse en la calle, e incluso a quienes la practican se les cataloga como “vagos” o “vándalos” o “gente de barrio”, dice Alex B-Boy, integrante del grupo y originario de Torreón.

Alex dice que aunque es una disciplina callejera, se debe tener una responsabilidad y no distraerse con cosas nocivas. Incluso, se contempla integrar el baile como una disciplina más en los juegos olímpicos juveniles de 2018, pues ya se añadió como exhibición.

Explica que para poder acudir a concursos de baile a diferentes estados tienen que desembolsar recursos propios, pues no hay apoyo por parte de las instituciones de cultura ni de deporte, para apoyar a los bailarines.

También tienen que buscar otras opciones, otros espacios. Es común, dicen, encontrarse a los integrantes de los B-Boys en plazas, calles, y también en los cruceros donde hay semáforos para juntar unas monedas.

La hermandad entre quienes tienen el gusto por el baile es algo que los ha ayudado a salir adelante. A donde acuden, son recibidos por los mismos bailarines que organizan los concursos, y les brindan hospedaje en sus domicilios.

Alex ha tenido la oportunidad de participar en el Batle zone en diferentes años, evento que se realiza en la Ciudad de México; así como en El Pastel, donde participan bailarines de Suiza, Alemania, Venezuela, Estados Unidos, entre otros.

Luis Díaz, joven bailarín, recuerda que descubrió este baile mientras estudiaba la educación secundaria. Comenzaba a reunirse con otros vecinos que también tenían el gusto por el baile y así empezaron a juntarse con la única intención de divertirse bailando.

Cuenta que practicaban en diferentes lugares, ya fuera en la esquina de su barrio o en las canchas de basquetbol. Dice entre risas que su práctica era todo terreno, pues practicaban en diferentes suelos, ya fuera tierra o cemento, y dice orgulloso que sus cicatrices son su trofeo.

Alex trae a su memoria los bailes que observaba del rey del pop, Michael Jackson. Le gustó su estilo, y comenzó a informarse sobre los géneros musicales que eran bailables. Esto ocurrió cuando tenía solo siete años.

Dice que su padre pensaba que era un deseo que pronto pasaría, y que solamente su hijo lo aplicaría como hobby, pero continúo sus estudios de secundaria, y el deseo por aprender a bailar no había cesado.

Alex menciona que su padre siempre le aconsejó que estudiara, pues veía difícil que pudiera vivir del baile, pero el joven le confesó a su padre que su pasión era bailar, y que tenía ganas de practicar gimnasia.

Pero para el bailarín, esta práctica lo salvó de terminar como muchos de sus amigos, ya que conoció a compañeros que cayeron en problemas de adicciones, o que simplemente fallecieron por tener malas compañías.

Actualmente cerca de 20 jóvenes forman parte de los B-Boys. Algunos son originarios de municipios como Sombrerete, Guadalupe, Nochistlán, y otros como Torreón, Celaya, y se han integrado personas de Querétaro.

Con una pequeña bocina, una memoria llena de canciones, se reúnen a bailar en el estacionamiento de la Plaza Bicentenario diariamente. Inician desde las 18 hasta las 22 horas en el último nivel del estacionamiento.

Luis comenta que algunos integrantes se la pasan trabajando la mayor parte del día, pero al llegar la tarde olvidan sus problemas personales y laborales, bailando con otros jóvenes que tienen el mismo gusto. Lo practican de 3 a 4 veces por semana, de 4 a 5 horas diarias.

En alguna ocasión fueron invitados a participar con una asociación civil para dar talleres y los bailarines participaron enseñando clases a niños y jóvenes en un lapso de tres meses. Llegando a tener grupos de hasta 20 niños.

También se les invita a participar en eventos deportivos, haciendo espectáculos de medio tiempo. Piden a la sociedad que se abra a estas expresiones de la cultura urbana, pues es una manera también de subsistir.

Alex dice que aunque hay bailarines de academia, que presumen tener prestigio por lo que hacen, para él, bailar en la calle no es solo “revolcarse” en el suelo, sino que también es un arte que requiere práctica.

“Nos gustaría que nos vieran como algo positivo y no tengan una idea errónea de nosotros. Buscamos hacer una actividad sana, y no molestamos a nadie. Solo queremos levantar esta cultura callejera que se ha ido perdiendo”, dice Luis.

Para Raúl, o mejor conocido como B-Boy Ricky, uno de los más jóvenes del grupo, esta actividad lo distrae de situaciones que pueden llegar a ser frustrantes, como obtener buenas calificaciones en la escuela, pero esta dinámica se ha convertido en un reto al que le ha sacado provecho.

“Me quita ese peso de encima que es la escuela. Además he conocido a gente valiosa. Para mí esto se ha convertido en un arte, y se ha convertido en una forma positiva de superarme”, dice el joven bailarín.

“El baile me define como persona, tanto dentro como fuera de casa. Esta práctica te da seguridad, mantiene tu mente y cuerpo sano. Quienes lo hacemos buscamos superarnos, no solo en el baile sino en la vida diaria”, dice Alex.

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