El presente de un futuro muy pasado

El presente de un futuro muy pasado

La semana anterior fue caracterizada por un incremento de una gran parte de la sociedad en la participación en asuntos que normalmente son atribuibles a “la izquierda” o peor aún, a aquellos mal llamados “anarquistas”. Fue notoria la participación de personas que normalmente son omisas y que se apostaron con puños en alto y rabia bien puesta para gritar que están más vivos que nunca, con una conciencia colectiva manifiesta que hacía un buen tiempo que no se mostraba tan espontáneamente ante los embates de lo que desgraciadamente no son los pataleos finales del neoliberalismo, o como se llame a esa creencia política que justifica cualquier forma de proceder con objeto de alcanzar ciertos dividendos medidos en las escalas de desarrollo económico, sin importar que las acciones desarrolladas para lograrlos sobrepasen los límites de los preceptos morales, éticos, legales, ambientales y religiosos.

En algún tiempo se acuñó con una frase de callejón acordada por malditos sin escrúpulos para justificar sus nefastos y corruptos procederes: “El que no transa no avanza”. El mundo parece perdido en el río revuelto que ocasiona tanto rumor, tanta confusión, ira, rabia incontenida, que la olla exprés que es el actual comportamiento social en buena parte de la geografía global pudiera producir explosiones en cadena. Afortunadamente, parece que ha habido una buena cantidad de llamados a la acción sensata, a la manifestación con cordura, al llamado de la no violencia y entre otras formas de manifestación, tratar de recuperar algunos principios de la sabiduría colectiva.

Algunos prevén el apocalipsis y de algún modo lo invocan con su apatía y omisión. Como se mencionó en alguna entrega anterior es hora de desempolvar las Utopías, ahora más que nunca es necesario promover el regreso del conocimiento cultural y científico para orientar a la humanidad hacia un futuro promisorio.

Otra forma de interpretar los tiempos y sus senderos es a través de la poética. Se vale en el afán de cantarle a la gente las vicisitudes de la historia que lo rodea. Hace años, quien se afana por esta crónica, escribió algunas obras que hablan sobre los asuntos que bajo formas concretas amenazan nuestra calidad de vida y la vida misma. Que el miedo no sea el causante de una ceguera colectiva y que el río revuelto no sea aprovechado por aquellos que pescan  con mala entraña. Van un par de sueños:

 

Sueño número uno

Pinto una ausente flor del color del deseo

mientras la humanidad deambula en un extraño paseo,

comunión de disfraces, bacanal e himeneo,

cuando mi Madre en gris rechaza lo que veo.

Padre que luz me dio ya casi nada alumbra,

pues por debilidad estamos en penumbra

si la ceguera ignota a la estupidez encumbra

no habrá un destino más tan fatal, que es la tundra,

no habrá un destino más tan fatal, que es la tumba.

Si en la caída cruel hasta tal remolino,

no encontramos ya techo, ni sustento, ni vino,

es la nada a que arroja nuestro afán libertino

y una ausencia de dioses en tan siniestro sino.

Cantemos al mañana con vehemencia viviente,

que nuestra fuerza arroje lejos las sombras de occidente

y un renacer constante en un quehacer diferente

traiga paz, armonía y un vivir más decente.

Zacatecas, Zac., octubre de 1992.

 

Sueño número dos

Espacio tiempo equilibrar andando

razones clausuradas

abismos enclaustrados

ojos sin horizonte en un morir pensando.

Una ígnea saeta envuelve los destinos

de un correr espantado hacia ningún camino.

El poeta murió de irrelevancia

y la bestia se irguió en un desafío

contra la ciencia y la perseverancia

rompiendo la pelota con cerebro vacío.

Hay un terror que nos destroza el miedo

y de la vida sólo un grotesco remedo.

¿Tendremos que esperar un milagro encendido?

¿Habremos de aguantarnos sin defecar el nido?

A veces es penoso estar tan impedido

de hacer crecer en paz todo lo conocido

y de vivir en deuda por solo haber nacido.

Quisiera la fortuna de los hados del tiempo

regresar al principio del azar del sustento

cuando el hombre a la tierra le arrancaba contento

con apego y respeto en su debido tiempo.

Y así pasa la noche y nos acosa el día

y así transcurre todo sin penas ni alegrías

el plof de lo podrido inunda con encono

y la única esperanza es que sirva de abono.

Hoy no habrá que pensar, paremos todo.

Que el mundo se detenga en su afán presuroso.

Que empiecen juegos sabios, que salgan los leprosos.

Que los magos y santos salgan codo con codo.

Que fauna, flora y diesel sobrevivan con modo.

Que bailen todos juntos, sean limpios o apestosos.

Que todos se entretengan actuando como bobos…

y que la providencia nos quite lo baboso.

La Historia me adormece como un opio.

Hoy no respiro              Amén

Salamanca, Gto. Noviembre de 1993. ■

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