Trump, ¿cuánto vale la seguridad de Estados Unidos?

Trump, ¿cuánto vale la seguridad de Estados Unidos?

Declarada la confrontación por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mandatario mexicano Enrique Peña Nieto no tiene otra opción que prepararse y preparar al país para un escenario de confrontación y acciones unilaterales, incluso más allá de su sexenio.

Los casi dos años que perdió contemplando cómo Trump armaba su candidatura agraviando a México y su equívoco de invitarlo a Los Pinos en agosto pasado, no bastaron para que una vez que el millonario se instaló en la Casa Blanca siguiera apostando por entenderse con el presidente más hostil a México desde la invasión estadunidense de hace un siglo.

En menos de una semana en el poder, Trump colocó la relación bilateral en un plano de abierta confrontación, ordenando la construcción del muro fronterizo y buscando maneras de que los mexicanos paguen a través de impuestos a las exportaciones o “por cualquier otra vía”.

Además, ordenó cuantificar todos los programas económicos que Estados Unidos tiene con México y, desde luego, revisar el Tratado de Libre Comercio para reducir las ventajas que según él tiene México respecto de su país.

En su visión simplista, Trump dice que los casi 60 mil millones de dólares de déficit comercial que tiene Estados Unidos con México ha provocado desempleo en su país. Nada dice acerca de que el comercio bilateral pasó de 85 mil millones en 1993, el año previo a la entrada en vigor del TLC, a 532 mil millones de dólares en 2015, de acuerdo con los propios datos de la Oficina de Censos de Estados Unidos.

Ese incremento se tradujo en empleos en Estados Unidos, pero también en inversiones estadunidenses que han multiplicado sus ganancias a costa de los bolsillos de los mexicanos, como en el caso de Citibank Banamex o de Wal-Mart, que se han destacado por sus prácticas depredadoras y corruptas en México, como lo documentó The New York Times en 2012, o el desembarque de las petroleras de Texas en México.

Por no mencionar a las armadoras que como Ford se beneficiaron con los bajos sueldos y las especificaciones técnicas del TLC que le permitieron producir en México a bajo costo. No fue raro que Ford quisiera quedar bien con Trump y cancelara la planta que tenía prevista en San Luis Potosí. Más allá de sus ganancias, nada la vincula con México. Ni su presidente es mexicano. Gabriel López es argentino y difícilmente iba a salir en defensa del país donde está de paso.

En picada desde 2014, por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, Peña Nieto podría levantar la cabeza. La paradoja es que Trump le está dando esa oportunidad.

Hay espacios para actuar. El principal, la seguridad. Desde los atentados terroristas de 2001, México ha adaptado su política de seguridad al interés estadunidense de controlar las fronteras.

México ha cerrado sus puertas en el norte y el sur del país para disminuir las probabilidades de un nuevo ataque terrorista. Y ha sido exitoso, aunque con un gran costo humano para los migrantes que pasan por nuestro país.

No se ha concretado ninguna agresión a territorio estadunidense que haya pasado por México. Más aún, no se ha registrado ningún ataque a los intereses estadunidenses en nuestro país. Y no son pocos. Tan sólo, más de medio millón de estadunidenses viven en México.

Con Felipe Calderón, México hizo suya la política de guerra a las drogas de Estados Unidos, con todo y el alto costo social y humano. La Iniciativa Mérida le ha salido más cara a los mexicanos. No sólo por las consecuencias de la violencia, sino en dinero.

El propio John Kerry, secretario de Estado de Barack Obama, cuando presidía el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, informó oficialmente que por cada dólar de Estados Unidos, México pagó 13 para el Plan Mérida en el sexenio de Calderón.

Felipe Calderón además abrió de par en par las puertas a los agentes estadunidenses. Permitió incluso la instalación de espías militares. El Plan Mérida no sólo es contra el narcotráfico, ha servido también para otros objetivos de seguridad estadunidense.

Peña Nieto bien podría, por lo menos, reducir esa presencia preguntándole a Trump cuánto vale la seguridad de su país. ■

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