El peligro de estar en la escuela

El peligro de estar en la escuela

La Gualdra 277 / Educación

 

Estudia para que seas alguien decían los abuelos y algunos padres de la generación X aún lo repetían como una letanía para los niños que odiábamos la escuela. Tres puntos importantes habría que rescatar: el estudio como potenciador de un futuro favorable, la escuela como algo odioso y el contexto nacional de la educación. Para los abuelos la escuela funcionaba, pues cuando esas generaciones salían al mundo después de haber concluido los estudios había plazas de trabajo: muy pocos médicos, pocos ingenieros, pocos docentes, poco de todo. En la actualidad eso no funciona, ahora se impone el modelo empresarial: qué me ofreces, eso es lo que eres.

La escuela era un lugar horrible, donde había que portarse bien aun cuando los profesores nos estiraban las patillas, nos golpeaban con el metro y nos daban unas clases sin motivación ni espíritu; la ventaja es que no había nada bueno en televisión y no existían las redes sociales, por lo que al menos aprendíamos a relacionarnos con los demás. Por desgracia, en este país la educación nunca ha sido una inversión para los gobiernos, pues consideran que mantener a la población en estatus de borregada es más lucrativo, por lo que los estudiantes no tiene éxito por el sólo hecho de ir a la escuela.

El mundo, antes de lo globalización se caracterizaba por que existían culturas distintas, por lo que no era lo mismo ser mexicano que norteamericano o japonés. Hoy en día, la única diferencia es el nivel de vida y los rasgos físicos. Pareciera, en principio, algo bueno, el heredar el estilo de vida de primer mundo, poder acceder a la misma información, los mismos objetos y los mismos productos; sin embargo, también se heredan los aspectos negativos.

Era ya algo común ver cómo en países de primer mundo como España y Norteamérica, algún joven estudiante, harto ya de la relación con sus compañeros y profesores debido a la agresión, la indiferencia y la estupidez racial, un día decidiese llegar con un arma a la escuela y disparar sobre aquéllos que lo hicieron sentir miserable y terminar con un disparo en la cabeza.

Lo veíamos como algo lejano, algo que jamás pasaría en México. Pero el 18 de enero del 2017, un joven regiomontano llegó a clase, disparó contra sus compañeros y su maestra y después se quitó la vida: al siguiente día los medios culpaban al internet y su influencia. La verdad no es sólo eso, aunque sea parte importante, es consecuencia del estilo moderno de vida, del sistema educativo que no ve al estudiante como un ser humano, pues el mismo modelo en competencias se empeña en verlo como un objeto de producción, mientras que el mundo le ofrece todo y la realidad le niega todo.

Es decir, pareciera que los jóvenes del milenio tienen un potencial enorme, pues el mundo está virtualmente a sus pies, en la red tienen acceso a todo. Desde el sillón de su casa pueden acceder a libros, música, series y amistades y mil cosas más. Pero en realidad no hay convivencia social. La gente se convierte en algo inexistente, existe al mismo nivel de las creaciones digitales, se despersonaliza, las relaciones sociales son casi nulas. Y el joven, en su mundo virtual está más solo que nunca. En casa le compran un celular para que no de problemas, en la escuela el contenido de la clase no es atractivo como el contenido del celular y en la vida real esos sueños digitales son casi imposibles de cumplir. El resultado: baja autoestima, frustración, soledad y extrañeza: la misma condición de los jóvenes del primer mundo. Añadan un entorno familiar negativo, problemas económicos, abandono, bullying y tenemos un potencial asesino/suicida escolar.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-277

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