Pablo Espinosa. El asombro frente al mundo

Pablo Espinosa. El asombro frente al mundo

La Gualdra 277 / Libros

“Revisa las secciones: creo que Pablo escribió algo sobre eso”, me comentó Manuel Blanco (1943-1998) una tarde de finales del 86. Acababa de incorporarme (yo) al pequeño grupo que hacía la sección de Cultura del extinto El Nacional. Medio gubernamental, es cierto, pero que a fuerza de necedades e ilusiones de (él) Manuel, incluía a diario sendas páginas dedicadas al seguimiento del acontecer artístico y cultural del país, el mundo y la ciudad de una manera fresca, incluyente y hasta crítica. “Revisar las secciones” consistía en desempolvar una montaña de periódicos arrinconados en lo más oscuro de la oficina para, con ello y algo de suerte, encontrar la nota recordada que (Espinosa) Pablo había publicado meses atrás, en su paso como reportero del diario ubicado en Ignacio Mariscal 25.

Fueron las primeras veces que supe de Pablo Espinosa (Veracruz, 1956), puesto que la recomendación se repetía: “revisa las secciones…”. Después, al mirar otras secciones en los muchos años siguientes, seguí sabiendo de él. Como también, cuando a iniciativa del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes nació en 1994 la colección Periodismo Cultural. Sus primeros títulos: Ciudad en el alba, de Manuel, y No por mucho redactar se amanece más temprano, de Pablo. Los únicos títulos del heterogéneo serial que se han reimpreso (incluso el primero es material de estudio en escuelas de periodismo). Se ahora de él por Sala de Redacción, un volumen misceláneo de textos periodísticos inserto en la colección referida.

A diferencia del primer título (crónica), éste se basa fundamentalmente en reportajes, ensayos, reseñas y entrevistas, y hasta en la mixtura de los mismos, publicados anteriormente en La Jornada y otras revistas. Pero que, aclara el propio Espinosa, fueron reescritos y cernidos. 58 textos antes pergeñados en distintas salas de redacción, es decir, en “la laptop, en el celular, en la Sala Nezahualcóyotl, en Bellas Artes, en Berlín, París, Estocolmo, Guanajuato, en mi hogar y en La Jornada, mi casa durante más de tres décadas”.

Con lo que Espinosa reivindica la utilidad vigente de ese espacio llamado sala de redacción y del mismo impreso, pese a la ubicuidad de ambos, soporte de lo verdaderamente importante: “el asombro frente al mundo, la observación, asimilación y compartición de la magia de los acontecimientos, la reflexión sobre la manera como cada persona escucha la música de manera diferente”.

Pablo Espinosa“Los significados —subraya Espinosa en la apertura del libro—, consecuencias y efectos en nuestras vidas por la práctica de escuchar música, ser espectador en un teatro, en un evento de danza, frente a un libro”.

Hacer aquí una lista de los protagonistas de este nuevo libro de Espinosa sería tal vez tedioso. Valga decir que reaparecen (como en No por mucho…) Dylan, Lennon Marceau, Mozart, la Santísima Santanera…, “la poesía y el asombro”.

“Siempre el asombro” puesto que el contenido es siempre el mismo —solo cambian las circunstancias, ya que como dejó dicho Kapuscinski, “el mejor reportero del mundo”, el oficio consiste en “dar testimonio, persistir en su condición de observador profesional de la existencia”.

 

Invitación abierta

“Si (usted) está convencido de que Bob Dylan debe recibir el Nobel de Literatura, únase al editor de la sección cultural de La Jornada, Pablo Espinosa”, escribe (supongo que tres meses atrás) Elena Poniatowska en el prólogo de este nuevo libro.

“Si usted es de los que escuchan a Bach y a María Callas religiosamente, tómese un café con Pablo Espinosa (…). Si (usted) quiere aprender más de la música clásica de Veracruz, toque a la puerta del veracruzano Pablo Espinosa. Si el soul y el rock de James Brown lo vuelven loco o si prefiere el sitar de Anoushka Shankar, su mejor amigo es Pablo Espinosa. Si (usted) gusta bailar “La Boa” al ritmo de la Sonora Santanera, invite a Pablo Espinosa”, añade en una invitación abierta no sólo a adentrarnos en los textos del autor sino en volver a la música.

Esa música que acompaña a Pablo desde siempre, antes incluso de su paso por sus primeras salas de redacción, donde habrán quedado cientos de sus colaboraciones impresas.

Bien que ahora se recuperen éstas.

Saramago recibe el Nobel…, Marceau entra a escena…, de nueva cuenta Quignard…, la Santanera en la Nezahualcóyotl…

“En medio del delirio, el público no cesa de bailar, reír, gozar. Nada de los dramas de Mahler, nada de las tragedias ni el angst del Sturm und Drang. Que llore Schubert, que entristezca más Felix Mendelssohn. Aquí se trata de la pura gozadera”.

 

 

“Escritura sensorial y apasionada

Literatura y musicología —ante todo, musicología— son las tintas que cargan la pluma de este crítico y creador que en su Sala de Redacción pone sobre la gran mesa de la literatura sus crónicas para que disfrutemos las que más nos atraigan, las que nos lleguen al corazón (antesala de la música, lo llama él), a la vista y estimulen nuestro olfato, porque su escritura es tan sensorial como apasionada. Sin duda, el lector que se adentre en la obra de Pablo Espinosa y se disponga a recibir su voz sonora amplificada en esta Sala de Redacción no será el mismo no volverá a escuchar Las cuatro estaciones de Vivaldi con los mismos oídos. Le será fácil recordar que la música es un prodigio y que, como lo dijo Confucio, ‘la fuerza moral es la columna vertebral de la cultura humana y la música es la flor de la fuerza moral’”.

Elena Poniatowska (fragmento, Prólogo).

 

 

Pablo Espinosa, Sala de Redacción, Prólogo de Elena Poniatowska,

Secretaría de Cultura, México, 2016, 330 pp.

* [email protected]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-277

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