El día “T” y los migrantes mexicanos

El día “T” y los migrantes mexicanos

El día de Todos Tan Temido. Este viernes 20 de enero del año 17 no es cualquier día. Los anales de la historia lo registraran como la fecha en la que un loco al que se juzgó como tal fue investido como presidente de la mayor economía y de la potencia armamentista más poderosa de este planeta. Dios nos agarre confesados, pues en los días que vienen ante lo impredecible e imprevisible del personaje al que nos referimos, no sabemos qué ocurrirá. Reina la incertidumbre. El heredero millonario de cuna de nombre Donald Trump no obstante que arriba como uno de los mandatarios estadounidenses más impopulares de la historia, constituye potencialmente el más peligroso. Lo será para su pueblo, pero también para el resto del mundo. Más todavía si cumple las amenazas y advertencias que ha venido haciendo desde su candidatura y como presidente electo.

Como no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue, hoy viernes 20 es el día Trump. El día de muchos tan temido.

Entre los más temerosos están los migrantes mexicanos y México mismo. Comenzando porque ha amenazado con levantar un muro en la frontera, anular o por lo menos revisar conforme a los intereses norteamericanos el TLC, cobrar altos impuestos a las exportaciones mexicanas con destino a los USA, gravar las remesas que envían los migrantes y relacionado con esto último expulsarlos bajo el pretexto de que son de lo peor y de que desplazan de los trabajos a los gringos.

En diciembre pasado, más precisamente el día 28 estuvo en Zacatecas el representante (senador) por el distrito de Orange, California, Lou Correa. Su mérito para representar a sus electores consistió en haberse impuesto en las elecciones de noviembre a su rival republicano con el 70 por ciento de los votos. Orgulloso de ser descendiente de mexicanos, pues sus padres son originarios de Calera Zacatecas. Acudió a la capital zacatecana para compartir su preocupación e incertidumbre ante el triunfo de Trump. En su mensaje dejo claro la necesidad de que los migrantes mexicanos y zacatecanos en particular deben estar unidos y enfrentar organizados el triunfo del hombre de pelo color zanahoria. Empezando por conocer sus derechos y asumiendo la defensa de estos de acuerdo a los tratados firmados y legislación en la materia. Entre los temas sobre los que hizo mayor énfasis fue el problema educativo. Pues en el peor de los escenarios que pudiera presentarse en caso de que ocurriera una deportación masiva de migrantes mexicanos (mostrando que una de sus preocupaciones es la de que se de acogida a los niños y jóvenes hijos de migrantes que al acompañar a sus padres deportados) enfrentan problemas burocráticos y legales para ser inscritos en las escuelas de la entidad. Sobre este tema Correa hizo un llamado a sensibilizar a sus paisanos a la vez que cuestión a las autoridades educativas por las trabas burocráticas para inscribir en las escuelas a los hijos de migrantes. Ello en contraste con la atención asistencial en cuanto a la instrucción gratuita y alimenticia de la que gozan en las escuelas públicas californianas. Para Lou Correa, descuidar la educación de los niños y jóvenes es preparar el terreno fértil para la delincuencia y criminalidad. De ahí la atención que se le debe dar a la cuestión educativa.

Al parecer Trump no es de los perros que solo ladran. Además de gruñir ladra y al parecer también muerde. Así lo evidencian las acciones que ha venido tomando incluso antes de que asumiera la investidura presidencial, comenzando por la designación de su gabinete. Un gabinete conformado por ricos como él.

¿Qué tendríamos que hacer antes los insultos y amenazas del inculto boquiflojo y tuitero de Trump contra nuestro país y su gente?, por lo menos mínimamente, pero de manera urgente, como ha escrito Jorge Alcocer a quien cito: “Frente al aprendiz [no se refiere a Videgaray en este caso, quien declaró al ser investido como canciller que llegaba a la SER a aprender] que arriba al poder a México le quedan dos caminos: seguir con el Jesús en la boca, esperando la siguiente ofensa o acción punitiva, o plantar una pica en Washington para dejar claro que , ni en la forma ni en el fondo aceptaremos el trato que Trump pretende darnos. Al gobierno mexicano corresponde desplegar una política de alianzas con quienes dentro y fuera de Estados Unidos compartirán el objetivo de decirle al aprendiz ´estás despedido”, (Reforma, 17-1-2017). En síntesis, hacerle caso solo en lo que a nosotros convenga y en lo más que se pueda ignorarlo. En primer lugar, parte de lo que tenemos que hacer es estar preparados para recibir a los paisanos. Muchos de ellos representan lo mejor de nuestro país. Pero no se trata de apoyarlos con programas asistenciales tipo Progresa y otros caracterizados por tintes paternalistas. No, sería la peor ayuda amén de que no disponemos con la crisis que nos golpea para una empresa de esta magnitud. El gobierno debe ser lo suficientemente imaginativo para aprovechar la mano de obra migrante que regrese dando a los repatriados, facilidades para que aquellos que puedan y deseen invertir lo hagan en talleres y en las pequeñas empresas generadoras de empleos. A quienes carezcan de recursos para invertir facilitarles créditos blandos para que salgan adelante. En el caso de aquellos que no estén en uno u otro caso generar programas de empleo con inversión pública destinada a crear, mantener o mejor la infraestructura existente. El triunfo de Trump y la política que despliegue más que un problema que no deja de serlo y de dimensiones grandes, debemos tomarlo como un reto, un desafío para al que hay que enfrentar con imaginación para salir del hoyo. Hoy más que nunca hay que voltear al mercado interno y tomar como referentes históricos a los tigres asiáticos que alcanzaron economías fuertes a partir de apostar en primer lugar al crecimiento y desarrollo internos. Ya es tiempo de superar el estigma de que nuestra mejor política industrial es la de que no tenemos industria en virtud de la mundialización del comercio. La nueva política industrial debe descansar en fortalecer el campo y el apoyo a los campesinos.

Ya es hora de que nos atrevamos a recuperar nuestra identidad. No estamos solos en la lucha contra el megalómano y narcisista que ocupara la casa Blanca por los menos los siguientes cuatro años. La resistencia debe partir de los propios migrantes amenazados con ser expulsados para lo cual será determinante la organización y unión que logren establecer con los ciudadanos norteamericanos que votaron en contra de Trump y que son la mayoría y rechazan su estilo y visión de gobierno.

Ante el impredecible e imprevisible Trump, lo peor que podríamos hacer es quedarnos con los brazos cruzados esperando pasivamente ser sus víctimas propiciatorias e inofensivas luego de que nos ha agarrado de puerquitos. La unidad y solidaridad que hemos demostrado en las tragedias y desgracias debe aparecer. Sin duda estas que son parte de nuestras fortalezas resurgirán. ■

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