Calló el loro azul / Crónica de una tragedia

Calló el loro azul / Crónica de una tragedia
Un policía vigila la entrada del Blue Parrot, en Playa del Carmen, donde la madrugada del domingo tuvo lugar un tiroteo que dejó varios muertos. Foto Ap

La madrugada del domingo, a las 2.20 horas, la frecuencia cardiaca llegó al máximo (200 latidos por minuto) en Playa del Carmen, cuando el DJ @tommiesunshine clausuraba el décimo festival de música tecno BPM (beats per minute) en el clásico bar Blue Parrot y un hombre disparó contra el canadiense Kirk Wilson o el italiano Daniel Pessina, ambos del staff de seguridad y organización de dicho festival, y en su huida también dio muerte al veracruzano Rafael Peñaloza, quienes repelieron la agresión. “Los videos (internos del lugar) así lo muestran”, revela el fiscal, creando así el triple morbo por verlos.

El hombre entró por la puerta principal del bar, que se encuentra a unos metros de la famosa Quinta avenida, y salió corriendo por la terraza que da al mar Caribe, perdiéndose en la larga playa invadida por hoteles. Mientras, en la confusión, cientos de fans corrían por pánico hacia la calle y la playa, creando un tumulto que atropelló a una decena de turistas, y en la confusión y el pavor dio muerte por asfixia y aplastamiento a una mujer de 30 años, al parecer extranjera, sin identificación, de complexión delgada, tez blanca, que vestía short de mezclilla azul y blusa negra. Al momento de escribir este reporte, todavía no se sabía su nombre y origen.

A unos metros, un trabajador de la empresa organizadora del festival, de 35 años, tez morena, de 1.60 metros de estatura, que vestía camiseta, pantalón y zapatos negros, también yacía sin vida y sin identificación.

Al llegar una hora y media después de los sucedido, en medio de una espesa y fresca noche, José Prudencio Camal, vigilante de un edificio de suites vecino del Blue Parrot, nos recrea la escena y señala por dónde corrió la multitud, el seco sonido de los disparos y la mirada desorbitada de las mujeres y hombres que pidieron refugio en el lobby del edificio que él resguardaba. Cómo la gente se cubría, en los bares colindantes, de los disparos que oían, mezclados con los beats que salían de las potentes bocinas y los gritos de histeria, que en otros idiomas se entienden igual.

Los nuevos reporteros ciudadanos en línea no dudaron en grabar y subir a la red. Playa News, fue el primero. Una llamada a inteligencia estatal confirmó lo ocurrido, y las ambulancias, al tope de su capacidad, pedían espacio en los hospitales para trasladar a los 15 heridos y decenas de crisis nerviosas, que hasta el momento están regresando a los 60 latidos, ritmo normal sin adrenalina, a los que debe de latir un corazón.

El fiscal y la alcaldesa se trasladaron al lugar. Él, al de los hechos, ella a hospitales. El servicio forense se presentó de inmediato y los agentes del Ministerio Público alzaban la ceja y, muy adustos, hablaban con los investigadores, tratando de identificar los cartuchos quemados y se preguntaban por las armas utilizadas.

La fiesta no terminó en paz en el Blue Parrot. A unos metros, en el bar La Jungla, el aparato de seguridad creyó que el ataque venía hacia ellos y suspendieron la fiesta, el diyéi silenció sus tornamesas y pidieron a todos cubrirse en el fondo. “Ahí viene”, gritaron, pero era una falsa alarma que el miedo difunde. “Fue muy loco; la gente en el piso”, nos narra el vendedor de burritos de chicharrón y papa con chorizo.

Y siguieron corriendo los paseantes y afectados. La policía acordonó y las pulsaciones subían, porque iniciaron las preguntas y la cita de testigos. ¿Por qué había tanta gente armada? ¿Para qué sirve la seguridad municipal y privada? ¿Qué pasó en Playa del Carmen?
Nacho, el mesero, contesta:

“Todo se desarrollaba con normalidad, de repente entraron disparando, abrieron fuego contra los de seguridad y la gente de atrás; entraron por aquí en el frente. Se empezaron a oír las detonaciones, lo único que hice fue correr, tirarme al suelo, eso fue lo único que hice. Estaba lleno, estaba a reventar; todo esta parte también, (refiriéndose a la calle 12, donde se concentran los antros de Playa del Carmen). Estaba a reventar también La Vaquita. Todos aquí corriendo y yo llegué hasta la esquina desde donde se seguían escuchando las detonaciones, las ráfagas. No logré ver quiénes eran o cuántos eran; no, con los nervios, sólo buscaba resguardarme para evitar las balas”.

Antes era muy tranquilo, nos cuenta Manolo Canchola, el chofer de taxi, pero ya está sucediendo “esto… Pero son las pastas, bro y la fiesta blanca”.

Blanca como la luna, que en cuarto menguante dejó de estar llena el lunes 16 de enero; tanto como el 89 por ciento de capacidad, que hasta el día de hoy, se mantiene de ocupación turística en esta ciudad que pasa por una taquicardia de cientos de beats por minuto y que varios piden se modere, lo cual es imposible, ya que el diyéi que manda, es DJ Money.

En el interior del Blue Parrot se recuperó un arma tipo revólver Taurus calibre .38, además de 20 casquillos, de los cuales seis son calibre .38 súper; ocho calibre 9 milímetros y seis calibre .380, además de una playera.

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