Policías y la ruleta rusa laboral

Policías y la ruleta rusa laboral

La semana pasada, extemporáneamente, varios municipios festejaron el Día del Policía. En todas las celebraciones se habló de su ardua labor, su entrega y compromiso, y se les entregó equipo para seguir haciendo su trabajo.

Los reportes de estos festejos dan cuenta de que varios de ellos contaron con menos asistentes de los contemplados. Particularmente en Guadalupe, pese a que estaban invitadas también las familias de los agentes, había más de 10 mesas vacías. Y es que parece que esperaban la asistencia de todos los policías que deberían tener, y no del número real de elementos que tienen.

No hay municipio del estado que no padezca de escasez de oficiales de policía. Pese a las condiciones de inseguridad, y también a las económicas, no hay Policía Municipal que cumpla con el número de elementos recomendados de acuerdo a los estándares internacionales.

Incluso hace unos meses fuimos noticia nacional con la historia del único policía que resguarda Tepetongo, pues una sola persona se encargaba de la seguridad de los 7 mil habitantes en sus 32 comunidades.

Esta circunstancia de falta de personal, no se debe a que, como suele ocurrir en otras áreas, las autoridades se nieguen a contratar más gente por cuestiones financieras. No, en casi todos los municipios las convocatorias para ingresar a la policía están abiertas de forma permanente, y con un salario mayor al que un profesionista suele alcanzar.

Tampoco se debe a que haya nula respuesta hay dicha invitación. Pese a los peligros, y a los exhaustivos turnos de 24 horas de trabajo por 24 horas de descanso, hay gente interesada en ser parte de uno de estos cuerpos policiacos.

El mayor obstáculo sin embargo lo representan los exámenes de control de confianza, esa bola mágica moderna que distingue a quienes responderán con lealtad a la sociedad y quienes habrán de corromperse.

Pasar este examen -cuya supuesta eficiencia no ha logrado que con él se determine quién es inocente o culpable en un asunto penal, que funcionario merece estar en su cargo y cuál no, que político puede inscribirse en una planilla y cuál no-, no significa estar del otro lado, pues en dos años más, habrá de realizarse los mismos exámenes con el peligro permanente de ser despedido cada vez a mayor edad, con menos probabilidades de ser contratado en otro lado y con una jubilación que tendría que ser destinada al cuidado de las enfermedades que llegan con el tiempo.

Esto hace del oficio policiaco una carrera poco atractiva, que sobrevive como última posibilidad para quien puede obtener otro empleo en el que no tenga que jugarse la vida todos los días y la estabilidad laboral cada dos años.

Lo peor del asunto es que nada se hace para que esos que todos los días son despedidos por el argumento de no pasar este examen tan especializado y desconocido para todos, tengan una alternativa, pues una vez que ya se determinó que estas personas no son dignas de confianza para ser parte de un cuerpo policiaco, no se les reubica, ni se les busca una manera honrada de vivir, sino que se les manda a formar parte de las filas del desempleo, eso sí, con conocimientos de armas y materia de seguridad que los hace excelentes candidatos para ser reclutados por el crimen organizado.

La situación que viven los policías no es muy distinta a la que enfrentaban los maestros cuando la Reforma Educativa forzaba a evaluarlos continuamente con la amenaza siempre de ser despedidos en caso de no responder satisfactoriamente, no obstante, la protesta social tuvo su efecto y esto ya no es obligatorio.

En el caso de los policías aún no se ha realizado un movimiento que los aglutine y obligue cuando menos a transparentar los criterios de confiabilidad de las pruebas, así como la teoría científica o postulado que lo sostienen.

Tampoco se ha logrado que ese tema cuando menos se ponga sobre la mesa para que se estudien maneras de ofrecer alternativas a quienes son despedidos por no pasar estas pruebas.

Hacer esto debiera ser una tarea no exclusiva de los agentes que bienalmente juegan a la ruleta rusa laboral, sino de todos los ciudadanos que diariamente requerimos los servicios de estos uniformados de los cuales, no podemos confiar en todos los que están, ni tener la tranquilidad de que están todos los confiables. ■

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