Paterson

Paterson

La Gualdra 276 / Cine/ Desayuno en Tiffany´s, mon ku

Paterson, la nueva cinta de Jim Jarmusch, ofrece una pintura de la rutina cotidiana de una pareja de treintañeros que vive apaciblemente en una casa con un perro bulldog. El protagonista Paterson, que lleva el mismo nombre que la pequeña localidad de Nueva Jersey en la que transcurre la acción, se gana la vida como conductor de autobús mientras su mujer, Laura, se queda en casa dedicándose a todo tipo de actividades algo estrafalarias.

Conforme al tema tratado -la representación de la rutina-, la película tiene una estructura anafórica que muestra el carácter repetitivo de la existencia de esta pareja: cada día, Paterson despierta a las seis y cuarto para desayunar e irse a trabajar, recorriendo el mismo trayecto correspondiente a la línea de autobús de la que se hace cargo, tras lo cual volverá a casa e irá a pasear al perro. Salvo variaciones más o menos ínfimas, la vida de Paterson y Laura sigue este esquema de lunes a viernes.

El interés de esta película consiste sin duda en la poetización de la rutina que se lleva a cabo a través del personaje de Paterson que, además de autobusero, es también poeta y apunta sus versos en un cuadernillo que lo acompaña por todas partes. Su poesía es “impura”, es decir que incorpora los hechos menudos de la vida cotidiana y la inspiración se basa muchas veces en elementos aparentemente intrascendentes, como por ejemplo las conversaciones escuchadas en el autobús o incluso una caja de cerillas que da pie a un texto poético: “En casa tenemos una multitud de cerillas/las tenemos a mano/actualmente nuestra marca favorita es la Ohio Blue Tip”. De ahí el carácter plástico que cobra esta fábula, en particular cuando los versos aparecen en sobreimpresión mientras los recita la voz grave del protagonista que hereda las dotes de los poetas de renombre nacidos en Paterson como William Carlos Williams, cuestionando la dicotomía entre profesión “manual” y labor intelectual o creativa.

A este respecto, viene al caso una comparación entre la creación poética de Paterson y los “pasatiempos” de su mujer que trata a su manera de amenizar la rutina mediante actividades que se sitúan también en la esfera de la creación artística pero que por su dimensión alocada no pueden gozar del mismo reconocimiento que la poesía de Paterson. En efecto, Laura se pasa el tiempo pintando toda la casa con motivos blancos y negros (una práctica que se comprueba hasta en los cupcakes que cocina) y sueña con convertirse en una estrella de la guitarra, para lo cual invierte en métodos autodidácticos bastante costosos. Por supuesto, a lo largo de la cinta, sus ilusiones y costumbres sirven ante todo para entretener al espectador y sacarle una sonrisa, cuando la poesía de Paterson tiene como objetivo transportarlo y conmocionarlo, y por tanto tiene un carácter mucho más serio, hasta demiúrgico.

De hecho, la película Paterson nos parece fuertemente retrógrada en cuanto a la distribución de género que opera en torno a la creación artística, tanto más cuanto que este aspecto contribuye a estructurar el dispositivo narrativo a partir de las emociones duales que se vinculan respectivamente a la labor de cada personaje. Por un lado, lo femenino queda asociado a la frivolidad y a la fantasía rocambolesca; por otro, lo masculino encarna el genio y la sensatez.

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