Rendir cuentas a una indignada ciudadanía

Rendir cuentas a una indignada ciudadanía
Las evidentes muestras de descontento que vive el país a inicios de este 2017, pueden tomar dos caminos excluyentes: el del espanto de la clase política y en el que nuestros representantes aprovechen esta oportunidad para explicarse ■ foto: andrés sánchez

Las evidentes muestras de descontento que vive el país a inicios de este 2017, pueden tomar dos caminos excluyentes: el del espanto de la clase política por incapacidad para responder al hartazgo ciudadano, y con ello, la instrumentalización de estrategias tendientes a desarticular e incluso deslegitimar las protestas y el segundo, en el que nuestros representantes aprovechen esta oportunidad para explicarse, a detalle sobre su actuar, en un diálogo franco, transparente y de cara a la ciudadanía, sobre sus decisiones, el contexto de éstas y los argumentos que las respalden. Son excluyentes, porque de avanzar por el primer camino en discreción mezquina, se minaría aún más la confianza y se viciaría de manera insalvable el segundo.

Habrá que recordar que la rendición de cuentas no es, y ahora menos que antes, un monólogo en el que los funcionarios, hagan gala de sus logros como servidores públicos, sino un ejercicio de diálogo, que permita la interlocución, la debida información y comunicación entre gobernante y gobernado, así como la oportunidad para sensibilizar sobre el actuar del gobierno y a su vez para expresar las demandas y observaciones de la ciudadanía.

Quizá es también uno de los momentos en que más se puede apreciar la capacidad política de un personaje público en particular. A partir del éxito que tenga en articular y defender argumentos, de comunicar sus ideas y propuestas, así como de hacer entender por qué la decisión  tomada ha sido la mejor de entre todas las alternativas posibles. Como lo dice el analista Jesús Silva-Herzog Márquez en su columna del pasado lunes (Reforma- 09/01/2017) “Sin imaginación la política se ahoga. Toda política exige ingenio, iniciativa, cierta audacia. No hay nada peor en el mundo del poder que la incapacidad para intuir posibilidades.” Ésta es la oportunidad, pues, para demostrar que tenemos políticos creativos, que utilizan la experiencia para la prudencia y la excelencia en su trabajo.

La rendición de cuentas, como lo señalábamos al principio, supera la idea básica que en la etapa de pre-transición a la democracia tuvimos. Los informes de gobierno  hoy son menos un momento cívico y más un mero un encuentro político. Por ello, la redefinición práctica debe atender, de ambos lados, un proceso de concientización que permita la interacción de los actores políticos, sociales, académicos y civiles, en un objetivo común: conocer las decisiones, sus alcances y causas, los pormenores de su implementación, así como cualquier otro asunto que tenga que ver con el gasto público y la acción misma de gobernar.

A los servidores públicos corresponde la tarea de informar de manera constante y pormenorizada de sus acciones; al sector social la lucha permanente de consolidar las garantías sociales, así como de lograr que  la información sirva para el empoderamiento ciudadano; a la academia la labor de analizar y estudiar los datos para proporcionar propuestas, críticas y análisis que sirvan a la mejora; finalmente, al ciudadano común, mantenerse atento al actuar del gobierno, de tal forma que pueda participar, a través de cualquiera de los mecanismos democráticos que elija, de la toma de decisiones.

La reciente inconformidad ciudadana, por las decisiones que se han tomado en los órganos del Estado es un llamado de atención para la sociedad, nos recuerdan una vez más que no involucrarse en los asuntos públicos puede resultar más costoso en términos prácticos e inmediatos, que dedicar unos minutos al día a la deliberación y participación cívica. ■

 

*Miembro de Impacto Legislativo, OSC,

parte de la Red por la Rendición de Cuentas.

@CarlosETorres_

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