La lucha social y política contra el grupo de los 14: las fortunas que gobiernan a México

La lucha social y política contra el grupo de los 14: las fortunas que gobiernan a México

Pensemos en causas y en salidas. En ambas cosas. Ahora mismo presenciamos un movimiento social interesante sobre el cual, también, debemos pensar. Pues bien, el aumento de las gasolinas remite a la ‘necesidad’ del gobierno federal de contar con recursos públicos para dar salida a las múltiples obligaciones de gasto público, y esto último remite a su vez a la pregunta de por qué no tiene recursos y porqué necesariamente los tiene que sacar de los bolsillos de los estratos medios, que han sido ya bastante castigados. Si 4 millonarios en México suman una fortuna equivalente a 9% del PIB nacional, cuando la aportación del petróleo a la hacienda nacional es menor ya al 4% del PIB, significa que debemos pensar en gravar la riqueza que está sin afectación y crece por ello como una ilegítima espuma. Mientras el salario ha caído más del 70% en las últimas tres décadas, la fortuna de estos 4 millonarios se multiplicó por 5.  Pero pensar en otra estructura hacendaria, en el fondo empuja a plantear la necesidad de otro esquema de crecimiento económico. Porque, por ejemplo, con las empresas ‘mexicanas’ que se incorporan a las cadenas globales de valor, pero lo hacen desde la aportación de materias primas o bajos salarios, no podemos tener expectativas de beneficios económicos directos ni contribuciones significativas al fisco. Es un esquema que no ayuda a la economía nacional y solamente tributa grandes ganancias a esas empresas. Y más que empresas, a grupos de empresarios, con nombres y apellidos concretos. Y que son los que han ejercido el poder real (han tomado las decisiones estratégicas que dan rumbo al país) en los últimos 20 años.

Este grupo es de 14 personalidades: Carlos Slim (Carso), Jorge Güitrón (Sidek), Crescencio Ballesteros, Claudio X. González, Agustín Legorreta y Antonio Galindo (Sinkro), Antonio Arango (Cifra), Madero Bracho, Miguel Alemán Velasco, y (otra vez) Crescencio Ballesteros (Corp. San Luis), Agustín Legorreta y Prudencio López (Camesa), Antonio del Valle (Prime), Juan Sánchez Navarro (Diblos), y el premiado Bailleres acompañado del dueño de Cemex. Si observamos los beneficiarios de los tratados comerciales resulta que son estos grupos los que, después de 1994 multiplicaron las exportaciones: pasaron de 1,400 millones (en 1992) a 11,260 millones de pesos (en 2008); es decir, crecieron su capacidad de exportación 683%. Mientras las PyMES no tuvieron impactos en esta dinámica económica. Han sido los grandes beneficiados de las políticas de la venta de las empresas públicas (como Telmex, Ferromex, Cemex, y otras 90) y de la apertura comercial con Estados Unidos. Es decir, sus enormes fortunas son consecuencia directa de las políticas implementadas desde 1983. ¿Por qué? Porque ellos, de alguna manera, han sido los que han orientado las decisiones. Son los que realmente gobiernan. En el crecimiento de estos grupos ha operado las herencias y, a esas, no les cobran impuestos. ¿Por qué EPN dice que ‘no tenía más opciones’ cuando están las mineras, las herencias, las operaciones de la bolsa y el propio capital acumulado, al cual se le puede gravar? Que además de darle ingresos al Estado, permitiría además disminuir la brecha de la extrema desigualdad y, paradójicamente, impulsar el crecimiento económico con distribución. Pues no lo hace por la razón obvia: los que conducen la política económica del país son el grupo de los 14, no EPN. Y lo hacen a través de la SHCP. Por ello, repitió el secretario de hacienda de Calderón ahora mismo y de esta secretaria salieron todas las reformas estructurales votas en este sexenio. El grupo de los 14 dirige al país y consigue gigantescas ventajas absolutas. Es un Porfirismo sin Porfirio, como aquellos que invirtieron en infraestructura (ferroviaria y de otras) para poder sacar de manera más eficiente el producto del  despojo de los recursos naturales y humanos de la nación.

Así las cosas, no hay solución más que por la vía política: sólo cambiando la correlación al interior del Estado es que se puede revertir esta situación. Y la pregunta de coyuntura es, ¿podrán las manifestaciones actuales evolucionar en dirección de lograr una agenda que obligue al Estado a cambiar la estructura económica y hacendaria del país? El movimiento social deberá contar con aliados políticos para hacer que la exigencia de cambiar dichas estructuras se constituyan no sólo en agenda pública, sino e agenda de gobierno. Y lograr que se disminuya la incidencia del grupo de los 14 en las políticas del gobierno y, con ello, darle entrada a demandas del 90% de los mexicanos, que son los sectores de ingresos medios y los pobres. Lo cual pasa por una rápida educación cívica de la sociedad civil que se ha mantenido fuera de las urnas (o lo ha hecho como clientela) y sin propuestas de fondo sobre los grandes temas públicos. Podemos esperar que este movimiento que ha despertado el gasolinazo ayude a la conciencia cívica de la necesaria participación ciudadana. Y con ello, no esperar que un grupo político resuelva los problemas, sino la exigencia de cambiar la forma en cómo este país se gobierna. Nunca más un Estado autoritario, sino un Estado relacional, que decida desde la participación de un pueblo que, poco a poco, se constituye. ■

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