Feliz año nuevo

Feliz año nuevo

A partir del 1 de enero de 2017 los asalariados de la UAZ enfrentamos un incremento triple en nuestra contribución a la sociedad. En primer lugar el incremento en el precio de la gasolina que, según dice el Secretario de Hacienda Meade (cfr. El Economista, 27/12/2016), es el primer paso en la constitución de un auténtico mercado para su venta, así que “Lo que veremos a partir del próximo año es que habrá veces que la gasolina suba y otras que baje, como se vayan ajustando las condiciones de mercado”, lo que es una noticia reconfortante a mediano plazo, si es que eso sucede. En segundo lugar el gobernador Tello incrementó algunos impuestos (e.g. el impuesto de 5% para la UAZ pasa a 10%) porque, en fin, como declaró Jorge Miranda, Secretario de Finanzas (cfr. Página 24, 22/12/16), “..en Zacatecas no teníamos opción” porque, debido a la deuda dejada por Miguel Alonso, era eso o “…tronar como ejotes” según aguda metáfora del mismo secretario. Lo que también es reconfortante porque ahora sí, pese a deuda heredada, habrá “…bases para el desarrollo” (Alonso dixit, La Jornada Zacatecas, 9/09/2011). Finalmente, y como remate, la administración central de la UAZ propone, aprueba y aplica un “plan de austeridad” que consistirá en modificar el CCT-UAZ-Spauaz para impedir que los docentes ejerzan algunos de sus muy cacareados “derechos”. Por ejemplo su derecho a promoverse de nivel salarial exhibiendo un título de doctorado, porque, a partir de ya, se requiere que ese título tenga “calidad”. Los doctorados dudosos serán desterrados. Medida que, como las anteriores, también está bien porque contribuye positivamente a elevar la calidad de la investigación y acepta que las administraciones anteriores, del mismo signo político, estaban mal. Al margen de que las medidas tomadas se implementan debido a la frivolidad de los predecesores, no son de por sí equivocadas. Ya hace años que la izquierda institucionalizada (cfr. El Universal 7/01/2000) ha dicho que la petrolización de la economía queda determinada por la debilidad de la recaudación fiscal y no por los precios internacionales. ¿No es un gran avance en el fortalecimiento de la hacienda pública que la gasolina tenga un precio fluctuante pero gravado de manera fija?. De ese modo la recaudación se vuelve independiente de las fluctuaciones (a menos que tengan una gran amplitud que reduzca las ganancias de los distribuidores) y no está determinada por la capacidad de producción de Pemex porque, como ya se sabe, Pemex disminuirá su contribución al Gobierno Federal. Y, como esperanzadora consecuencia, puede contribuir a que los mexicanos usen con más sabiduría su automóvil y emitan menos gases a la atmosfera. Ahora bien, en el caso de Zacatecas, también ha sido una petición frecuente de los universitarios (muchos de ellos de izquierda y algunos de la muy moderna izquierda del PT) que se incremente el presupuesto a la universidad por parte del gobierno estatal. El incremento en el impuesto es precisamente esa contribución porque, recordemos, cuando el Estado se reduce sus ingresos no son ya resultado de sus actividades de “gran industrial” sino de los impuestos que logra recaudar. Por lo que si el Estado mexicano ya decidió reducirse cualquier incremento en su presupuesto será resultado de un nuevo impuesto. Y cualquier petición de incremento por parte de sus diferentes agencias redundará en eso: más impuestos para la población. Por otra parte la educación no es gratis, y si es de calidad es cara, así que, por la vía de los hechos, el discurso sobre la gratuidad de la educación se reduce a demagogia. Si la proyección de ingresos por concepto de ese impuesto es de 600 millones (rector dixit Página 24 2/01/2017), resulta que, distribuidos en una base de 500 mil contribuyentes, tendremos que a cada uno le cuesta 1200 pesos. Muy barato si consideramos que, si en lugar de impuesto general sobre la población total fuera resultado de una cuota para los 35 mil estudiantes, a cada uno de los alumnos les costaría 18 mil pesos anuales pagarla; i.e. 1500 por mes. Así que, como se ve, esa distribución de los costos sobre toda la población, que es potencialmente usuaria de los servicios universitarios, permite mantener baja la tarifa en las cuotas escolares. Que esto sea efectivamente de provecho a los estratos marginados es otra cuestión porque la universidad podría ser ya de “clase media”. Finalmente, a la exigencia de presentar un doctorado de calidad para acceder a un incremento salarial sólo se le puede presentar oposición porque es una medida autoritaria no discutida con los universitarios, pero fuera de eso es una medida necesaria porque la proliferación de personal supuestamente doctorado, pero incapaz de realizar aquello para lo que se dice que se prepararon, es ya alarmante y baste de ejemplo la abundancia de doctores en pedagogía incapaces de reformar los currícula universitarios. La universidad debe dejar de importar expertos para la realización de sus procesos, de otro modo la mediocridad instalada será destino. Casi diríamos que proponer nuevos gravámenes a las empresas mineras y aumentar los impuestos a favor de la educación, así como fortalecer las finanzas públicas y apostarle a la calidad académica es un programa de izquierda moderna. Feliz año nuevo. ■

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