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El hubiera no existe

El hubiera no existe

Desde el asesinato de Colosio, el “qué hubiera pasado” se ha convertido en un futuro que no sucedió que constantemente nos recuerda que tal vez podríamos estar mejor. El discurso de Luis Donaldo en el Monumento a la Revolución Mexicana dio lugar a otras preguntas que se derivan de ese “qué hubiera” ¿Habría cambiado el PRI? ¿El efecto tequila no hubiera sido tan estrepitoso? ¿El efecto Trump sería el mismo? ¿Estaríamos mejor? No lo sabremos nunca, porque el hubiera es un tiempo perdido, un tiempo que mezcla dolor, arrepentimiento y esperanza.

No lo sabremos porque una tarde, al ritmo de la culebra, una bala mató a quien, hasta hoy en día y junto con López Obrador, se convirtió en una figura política que trasciende sexenios. Después de Colosio vino Zedillo, la crisis y el Ejército Zapatista. Así, los recuerdos nacionales de los treintañeros, la de sus padres, abuelos e hijos están permeados por dos constantes; crisis y violencia. Durante la crisis provocada por el llamado error de diciembre, los padres explicaban a los hijos que México siembre ha estado en crisis. Al convertirse los hijos en padres, muy probablemente repitan las palabras de sus progenitores.

Es cierto, desde 1994, México no ha podido tener un periodo en donde los ciclos económicos no sean una amenaza constante. Cuando empezábamos a repuntar gracias al auge del petróleo, el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, dada nuestra dependencia, produjo una desaceleración económica que se convirtió en un “catarrito”. Durante 2016, el tipo de cambio frente al dólar se encareció significativamente, la incertidumbre política creció, Trump llegó al poder y la necesitada liberalización del precio de la gasolina está a punto de convertirse en el capital político que Obrador necesita para finalmente ganar por nocaut.

Más de veinte años en donde no sabemos cómo nos ira, más de veinte años con conflictos que pensamos serán la coyuntura que nos hará cambiar.  Acontecimientos como Acteal con Zedillo, Atenco con Fox, la guerra contra el Narco con Calderón y Ayotzinapa con Peña. Veinte años en donde no ha pasado nada. Donde la olla exprés en la que se ha convertido el país sigue esperando a alguien que rompa su pivote. Mientras que atestiguamos eventos como la primavera árabe, en donde la ciudadanía se convirtió en el jugador clave para corregir un rumbo que parecía erróneo, en México seguimos pensando en el hubiera.

Toda esta presión ha creado un agotamiento que parece estar a punto de colapsar y que se multiplica con el uso de las redes sociales. El hartazgo es tal, que colocamos toda esa frustración en quien dirige nuestro ejecutivo actualmente sin darnos cuenta que en él descansan las culpas y los resentimientos que se han generado por décadas. Lo más importante es encontrar la receta para convertir la crítica en acciones constructivas. Cómo vamos a romper con años y años de pensar que las cosas van a cambiar sin hacer nada.

Como siempre, podemos entender nuestra situación como un desastre o como una oportunidad. El dicho “el futuro está en los jóvenes” nunca ha sido más cierto para el caso mexicano. La generación que nació en los ochentas, especialmente en la última mitad, está por incorporarse a niveles importantes de la administración pública. Se trata de una generación que creció junto con los descubrimientos tecnológicos necesarios para incrementar la transparencia, democratizar el conocimiento y realizar una mejor función. Se trata de una generación que creció en el hubiera, pero está vislumbrando el ¿qué pasará?

El futuro más próximo para responder esta pregunta lo encontraremos en 2018. Muchos opinan que este año no pudo haber empezado mejor para Andrés Manuel. El llamado gasolinazo, el incremento en el precio de los servicios, el panorama internacional y la falta de claridad dentro del partido hegemónico hacen parecer que la tercera si puede ser la vencida para el de Tabasco. Sea cuál sea el resultado del tercer round que tendrá lugar en 2018, de poco servirá la alternancia si no generamos una nueva forma de pensar en el colectivo nacional. Si El Peje llega a la presidencia no todo cambiará por arte de magia y menos en un periodo tan corto.

Sea quien sea que destape la caja de pandora y capitalice todo el descontento de mejor manera, necesitamos transformar la clase política y al mismo tiempo fortalecer la administración pública. Necesitamos que el mérito y no el compadrazgo sea el eje rector para escoger a quienes serán los dirigentes de nuestro país. Entender que lo que funciona para muy pocos no sirve para el resto del país. Saber que los héroes no reviven y que el hubiera realmente no existe.■

 

@rmuguerza

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