Carlos López, un poeta en el silencio

Carlos López, un poeta en el silencio
Carlos López. Foto de La Digna Metáfora.

La Gualdra 274 / Opinión

Un festival es algarabía y fiesta compartida, el Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde, prestigiada tradición de la Universidad Autónoma de Zacatecas, en su celebración de la semana antepasada no fue la excepción; sin embargo, los acontecimientos en la vida de uno de sus participantes, el escritor Carlos López, durante los últimos diecisiete meses, días más, lejos de ser un motivo de celebración, encierran una serie de acontecimientos propios exclusivamente de la más baja clase de individuos, los “indecentes”, según la clasificación de Víctor Frank en la cual entraban los sádicos capaces de propinar los golpes más fuertes a sus compañeros y la repulsiva escoria de cualquier sociedad.

El comienzo de la historia se da en las instalaciones de la editorial Praxis, en la Colonia Doctores de la Delegación Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, en octubre de 2014; el propietario del predio donde se encontraban 20 viviendas, vendió su propiedad a una compañía millonaria dedicada a destruir viejas edificaciones en colonias tradicionales, con amplios terrenos, para la posterior construcción de pisos habitacionales apilados hasta doce o quince niveles y comerciados por ventajosas cantidades de dinero. El finiquito de los contratos de arrendamiento y los plazos de desalojo para los inquilinos fueron inmediatos.

Cambiar las instalaciones de una editorial, con la maquinaria, materiales y stocks de trabajos realizados durante treinta cuatro años, no es asunto de una semana. Por otra parte, el segundo piso del inmueble estaba reservado a la residencia particular de nuestro escritor. Para garantizar la seguridad y protección de su patrimonio, Carlos López, propietario, director y editor de Praxis, obtuvo un amparo. Encontró un lugar adecuado hasta la ciudad de Cuernavaca y tras la primera mudanza, con menos del 10% de su propiedad, una mañana al salir de su casa, encontró una cinta de seguridad frente a la puerta, salió como cada día y al regresar a su domicilio, encontró frente a su puerta al abogado de la compañía y dos policías, a quienes se les unieron dos parejas de uniformados quienes lo llevaron detenido a la Delegación, donde permaneció hasta las 2 de la madrugada. Nunca volvió a tener acceso a su domicilio ni a sus propiedades. Los dueños de la compañía robaron el patrimonio que Carlos conformó durante toda su vida, desde los zapatos y ropa, hasta sus colecciones de arte, la biblioteca con ediciones irremplazables y los volúmenes dedicados por sus autores. Del primer nivel sustrajeron la editorial Praxis hasta el último clip. La voz de intelectuales y reporteros se alzó de inmediato, encabezados por Víctor Roura.

El representante de la Delegación Cuauhtémoc, es nada menos que nuestro flamante ex gobernador Ricardo Monreal, personaje profundamente conocido en Zacatecas y en la nación entera cuya trayectoria y fama bien ganadas, han sido ampliamente difundidas por toda la gente asqueada de la corrupción y su impunidad. El portador de un título de doctorado, no ha dado ninguna palabra al respecto ¿acaso ignora las actividades de sus administrativos y ellos toman decisiones sin consultarle; o será que la cultura no está dentro de los intereses del magnate? Aquí es donde entra toda la sabiduría del pueblo que dice “El que calla otorga”, “Cuando el río suena es que agua lleva” o “Al buen entendedor pocas palabras”. Parece ser que el asunto es tan mínimo para el abogado zacatecano que no le interesa lo que digan la ley, los intelectuales o un hombre honesto que dedicó su vida a la salvaguarda y difusión de la cultura. Arte, cultura, libros, esas cosas en nuestro país sólo sirven a los pobres, idealistas o gente decente en busca de una vida con calidad; es decir, aquéllos que reconocen, aprecian y resguardan valores artísticos, morales y civiles.

El caso fue ignorado en nuestra ciudad de Zacatecas y los oídos fueron sordos. El escalofriante silencio de una sociedad indiferente, que puede presenciar la violación de una mujer y pasar a su lado sin inmutarse; o el secuestro de niños, jóvenes o cualquiera, como ocurre cada día en nuestro “bello” estado, es la nueva costumbre. Los prestigiados conductores de programas noticiosos en medios dedicaron amplia cobertura a una fiesta de 15 años, última moda en las redes sociales, y ni una palabra a la grotesca desaparición de una editorial y al daño propiciado a un ser humano a quien le arrebataron toda su propiedad, la salud y el sentido de su vida.

El escritor Carlos López no ha vuelto a retomar su propia creación, deambulando en la oficina de su abogado, en consultas médicas, búsqueda de productos farmacéuticos para mantener en paz su corazón, su cabeza y los nervios, sigue en espera de la respuesta del Delegado Ricardo Monreal. Entretanto el poeta, hombre fuerte y trabajador, ha encontrado nuevos medios de supervivencia en la honestidad.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/274

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