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Dos tesis falaces sobre la UAZ

Dos tesis falaces sobre la UAZ

En ciertas instancias de la UAZ ha sido común sostener dos tesis equivocadas respecto a la manera en la que pueden resolverse los problemas financieros universitarios. Las tesis dicen más o menos lo siguiente: 1.- “Es necesario incrementar la matrícula en la universidad, para de esa manera allegarse fondos”, 2.- “Es necesario que la mayoría de los miembros de la universidad investiguen, para de esa manera lograr fondos”. Discutiremos sucesivamente cada una. 1.- La matrícula en las universidades, y en particular en la UAZ, no crece de acuerdo a la voluntad de los administradores, sino como resultado de procesos sociales sobre los que poco o nada se puede influir. En la historia de la UAZ el período en el que la matrícula creció con más vigor se ubica en los años 70, como resultado de condiciones sociales particulares. De ese crecimiento de la matrícula se derivó el  crecimiento de la contratación de profesores, y, como han argumentado desde los cuarteles de la Unidad de Ciencia Política, se echaron las bases de la situación presente al contratarse personal sin capacitación académica adecuada. Las presiones de la matrícula no dejaron de otra. El segundo momento de crecimiento acelerado de personal se dio en el rectorado de Domínguez Garay, quién en cuatro años contrató, en números redondos, 1000 docentes, o aproximadamente una persona cada tercer día. El punto es que esa contratación no fue resultado del crecimiento natural de la matrícula, sino decisión unilateral y voluntarista del rector. La solución que predica incrementar, hoy, la matrícula, carece de fundamentos conceptuales porque no establece la manera de lograrlo, y empíricos porque la gestión de Domínguez Garay demostró que el presupuesto no se incrementa por la simple expansión. Por eso esa tesis debe ser rechazada: es voluntarista y sus pretensiones son exculpar, para no reconocer, los errores cometidos por el grupo que ha dirigido la UAZ estos años. 2.- Según el contrato colectivo UAZ-SPAUAZ, los académicos de la UAZ se ubican en cuatro categorías laborales: auxiliares de investigación (casi extintos), técnicos-académicos, académicos profesionales y docentes-investigadores. En alguna ocasión un líder del Grupo Universidad sostenía que los docentes, además de dar clases, deben investigar y hacer extensión, y todo en un máximo de 10hrs al día. Tal concepción la mantiene el Rector Guzmán Fernández. Sin embargo  carece de fundamento conceptual. Respecto a la investigación la falacia aparece si recordamos que la ley de Lotka establece que cada cohorte de investigadores que publican se distribuyen en una pirámide, en cuya cúspide están los pocos que publican mucho (unos 6 artículos al año en revisas indizadas) mientras que el grueso se ubica en la base con apenas una publicación en toda su vida laboral (que seguramente salió de sus años, a veces muchos años, de doctorado). Por lo que es prácticamente imposible diseñar políticas para agrupar a todos los investigadores que publican mucho en una sola universidad. La triste realidad es que en las universidades abundan, y seguirán abundando, las personas que no publican mucho, y es probable que la mayoría no publiquen nada. Eso no es malo, es simplemente así aunque los “posmodernos” aleguen “determinismo” y “maneras chatas de pensar”. Respecto a la docencia la falacia surge de la manera en la que se lleva a cabo la explotación intensiva en la UAZ. Los docentes con muchos grupos abundan, mientras que los que tienen pocos son minoría como resultado de los problemas financieros: un docente con pocas clases es caro, mientras que uno con muchas es barato. Así que resulta imposible que se preparen pedagógicamente, y quizá resulte inútil. Finalmente la extensión en la UAZ es un galimatías de indefiniciones; no se sabe, a ciencia cierta, qué es eso que se denomina “extensión universitaria”, y por eso en ella se incluye de todo: artes, oficios, deportes palabrería, manteca y chile. Así que no, esa idea de un docente “tridimensional”, “todologo”, es otra cortina de humo para encubrir el problema de fondo, que consiste, no en la ausencia de dineros, sino en la ausencia de capacidad administrativa de los equipos dirigentes, que han hecho de la improvisación y el desfile de “asesores” caros y poblanos su marca distintiva. En 1965, en las páginas del diario “El Día”, apareció el artículo de Rodolfo Stavenhagen “Siete tesis erróneas sobre América Latina”. La versión definitiva, ampliada y corregida, apareció en el libro “Latin America. Reform or Revolution” (Fawcett (1968) editado por James Petras y Maurice Zeitlin), y ha sido reproducida en todos lados. El pasado 5 de noviembre Stavenhagen cometió el error que todos cometeremos: murió. Sus tesis animaron durante años un debate sobre la supuesta dualidad de la sociedad latinoamericana. De la misma manera en la UAZ no hay dualidad entre academia y política: todos los universitarios, dentro del ámbito de su competencia, realizan los valores plasmados en la ley orgánica, mientras que quienes menos los realizan son los que frívolamente “administran”. Nos gustaría que nuestros artículos pudieran incentivar un debate en medio del marasmo de “líneas políticas”, meras ocurrencias y mucha desinformación malintencionada que pulula en la Universidad respecto de sí misma.■

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