…Y la Cuestión Socialista está de regreso

…Y la Cuestión Socialista está de regreso

Ahora que muere Fidel, se ha desatado una verdadera explosión de comentarios y artículos que, en mayoría, están en el sentido de alabarlo por sus logros sociales en la isla (lo cual es cierto) o de tacharlo de dictador por haber estado en el poder por casi 50 años (lo cual también es cierto). De símbolo de la resistencia al imperio a flagelo de la libertad de expresión. Esa discusión está ya hecha. No hay mucho que aportar. Lo que me interesa ahora poner de relieve es pensar lo que está en el fondo de la discusión sobre Cuba y Fidel: el tema del socialismo. Y los señalamientos polares que arriba mencionamos, son en realidad el clásico debate que existió entre igualdad y libertad, entre socialistas y liberales desde el siglo 19. Ese debate se vuelve a poner sobre la mesa a causa de las catástrofes ambientales y laborales que ha generado el capitalismo y de la renovación teórica de los socialistas.

En las últimas cuatro décadas el propio vocablo de ‘socialista’ estuvo fuera de la arena política, casi en el destierro. Y su último soporte ideológico (el marxismo) de igual manera. En su lugar, las izquierdas adoptaron e impulsaron una versión amable del pensamiento liberal: el liberalismo igualitario. Y así, la geometría ‘izquierda-derecha’ no fue como en el siglo 19 y primera mitad del 20, entre liberales y socialistas, sino entre dos versiones del liberalismo: igualitarios (tipo Rawls) versus libertarios o neoliberales (tipo Nozik). Los primeros promovían la edificación de la socialdemocracia y el discurso de los derechos en una sociedad plural; los segundos se fueron convirtiendo en los conservadores (en el ámbito de la moral pública) y rapaces promotores de la desigualdad extrema (en el ámbito de la economía). La hegemonía que tomaron estos últimos se manifiesta en el ecocidio brutal por los proyectos extractivistas, la sobre explotación de los trabajadores, ya que el capital ha aumentado sus ganancias a costa del abaratamiento extrangulante del trabajo y de la generación de una masa enorme de personas despojadas. En otras palabras, el triunfo liberal-darwinista está edificado sobre el signo del despojo de lo común: aguas, cielo, subsuelo, y renta pública. Y el resultado es brutal: fragmentación social y depredación del planeta.

Sin embargo, en estos años del despojo ‘de-lo-común’, el pensamiento socialista no dejó de evaluarse y renovarse. Y ahora vuelve a salir a flote: autores como Hard, Negri, Laclau, Zizek, Vattimo, Badiou, entre otros, han puesto sobre la mesa sendos textos que alumbran una senda que ahora mismo ya está (otra vez) en el punto cero. Ese punto cero implica también un cierto regreso a los orígenes, y estos se encuentran en el terreno del pensamiento religioso. Recordemos que religiosos que incursionaron en el Paraguay e inspirados en las prácticas de las primeras comunidades paulinas en el origen del cristianismo y expresada en Hechos de los Apóstoles, donde “tenían todo en común y repartían los bienes según la necesidad de cada uno”, escribieron sus reportes de las reservaciones guaraníes, y dichas experiencias a su vez inspiraron a los que luego se llamaron ‘socialistas’ en el viejo siglo 18 y el joven siglo 19. Por ello, no es casual la irrupción de una muy rica teología política con esta dirección.

Volver a pensar el socialismo-comunismo está ahora ya en la agenda de la intelligentsia, y despunta apenas y con nerviosismo en los ámbitos del activismo social y (aun) nada en la acción político-partidaria. Pero despunta. Y podemos decir: el socialismo, en la arena del debate, está de regreso. Pero con rasgos que lo separan completamente de aquel ‘socialismo científico’ que terminó en experiencias totalitarias. En lugar de ‘socialismo científico’, ahora Vattimo habla de ‘Comunismo Hermenéutico’, que parte de la crítica al cientismo que, al generar formas políticas bajo ´la forma de la verdad’ caen irremediablemente en formas autoritarias. Los peores modelos fueron los socialismos de corte positivista, como el engendro bestial que significó la Unión Soviética, y los resabios dogmáticos en la propia cuba. Ahora, la idea del socialismo no sentada en pretensiones cientistas, sino hermenéuticas y constructivistas, cambia su rostro y permite conciliar igualdad con libertad. También permite concebir la política no en términos incrementales, de quitarle pequeños grados de injusticia al capital, sino de comprometerse con el cambio de estructuras, bajo la conciencia de que de eso depende no sólo la justicia entre los hombres, sino la propia sobrevivencia en el planeta. Como lo dirá Mouffe, también es una política agonística respecto a los planteamientos del capital y sus representantes, y no falsos intentos del imposible consenso. Es el despertar de lo político. En este contexto está también la idea de socialismo como Democracia Radical de Laclau, que no tiene que ver con la llamada democracia directa, sino con los procesos de ‘construir pueblo’. También con la ‘hipótesis comunista’ de Badiou, con el poder constituyente de la multitud de Negri y con la política antifetiche de Dussel. Hay un conglomerado de autores y reflexiones que no sólo diagnostican el presente y debaten con el hegemónico pensamiento liberal, sino debaten entre ellos.

En suma, ahora mismo la agenda marca difundir y ampliar estos debates. La mayoría de ellos tienen zonas comunes, como la relectura de Gramsci y las heterodoxias marxistas que asumen una fresca lectura de Hegel y el psicoanálisis. Y la filosofía que piensa la superación de la metafísica y, al mismo tiempo, establece otras nociones para concebir al Estado. Además de las teorías instrumentales de cómo en la práctica puede emerger otra política. Es decir, ahora que muere Fidel, la cuestión socialista está de regreso. ■

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