El Templo de las Musas. La experiencia estética convertida en selfie: Anish Kapoor

El Templo de las Musas. La experiencia estética convertida en selfie: Anish Kapoor

La Gualdra 262 / Arte contemporáneo

Hace unas semanas visité la exposición Anish Kapoor, Arqueología: Biología. Me intrigaba y deseaba ver a través de los ojos de este artista hindú, el dominio sobre la materia y los colores, así como la estética minimalista y conceptual que lo caracteriza. Inaugurada el pasado mes de mayo, esta exhibición se encuentra en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo en la Ciudad de México.

Arqueología: Biología exhibe más de treinta obras de gran formato, entre esculturas e instalaciones, que van desde 1980 a 2016, divididas en tres núcleos temáticos, por cierto, la curaduría ha corrido a cargo del propio MUAC. Para este artista, el manejo del color es uno de los elementos predominantes en su estilo, utilizando los colores primarios, en particular el amarillo que me recuerda el colorido del curry hindú. Rojo, amarillo, azul, blanco y negro para él tienen un «poder místico», el pigmento puro lo vemos en el repertorio escultórico de su obra. Dicho por él mismo, ha encontrado gran parte de su inspiración en el artista Kazimir Malévich quien formó parte de la vanguardia rusa de las primeras décadas del siglo XX, y que fue el primero en aventurarse a utilizar los colores primarios para saturar los lienzos de la pureza monocromática. Ese minimalismo que lo caracteriza, hace a mi punto de vista, su obra mucho más íntima, más inmersiva.

Anish Kapoor nació en Bombay pero gran parte de su vida la ha pasado en Londres. De padre hindú y madre judía, él y su familia huyeron de su país natal a Inglaterra, debido al antisemitismo que dominaba en la época. Ahí comenzó a estudiar arte y diseño, y también se inició en la carrera de ingeniería mecánica para finalmente dedicarse al arte. En la década de 1980, Kapoor se posicionó en las esferas del arte inglés y de ahí su trabajo comenzó a expandirse por Europa.

Kapoor (1953) es contemporáneo de artistas como Ai Weiwei (1957) o Jeff Koons (1955), esta generación es la que abandera el arte contemporáneo que actualmente podemos ver en los museos más importantes del mundo. Para artistas como Kapoor, el arte deja de tener un relato y el artista vuelve la mirada hacia lo invisible, convirtiéndolo en conceptual.

Aterrizando un poco más en mi experiencia como visitante, para mí estar frente a la obra de este artista fue como viajar al planeta Kapoor, en donde el ojo humano se deforma y es presa de la ilusión óptica impuesta por él. En este planeta minimalista, las figuras amorfas, los espejos cóncavos que deforman la figura, los acrílicos que tienen suspendidos objetos que guardan en sus entrañas secretos, la fibra de vidrio que burla a la mirada, la resina que produjo en mí un efecto seductor y los colores primarios, me regalaron una experiencia estética única.

Sin embargo, ponderando lo que el museo quiso compartir con el visitante, se propone en la cédula introductoria a la exposición, que el espectador tenga una experiencia cognitiva perceptual y social, que obtenga una reflexión sobre las posibilidades de lo que implica el acto creativo, y donde la materialidad expande los horizontes de la realidad y surge la representación de lo imposible. Puedo asegurarles que quienes leímos aquella cédula, la única en todo el recorrido, tuvimos que darle al menos otra repasada para entender, otros definitivamente siguieron su camino. ¿Por qué hacer tan lejano el arte contemporáneo?

Quienes trabajamos en los museos, creemos que los públicos reaccionarán como nosotros pensamos y deseamos, pero siempre hay sorpresas. En lo particular considero que la mayoría de los públicos no tiene el contexto necesario para tener la experiencia estética que tanto claman principalmente los museos de arte contemporáneo, creo que por una simple razón, no se contextualiza la obra, no se le da al visitante más información, más datos a partir de diferentes medios, ya sean escritos o electrónicos. La falta de información incluso sobre el mismo autor, provoca aún más distracción de la que normalmente tienen los visitantes.

La experiencia estética queda de lado para que las obras sirvan de fondo para la selfie; adultos, jóvenes y niños, quedan perpetuados en sus propias cámaras de teléfono celular al ver su reflejo deforme (y a veces de cabeza) en las maravillosas y monumentales obras de Kapoor. ¿Será que la experiencia estética se está transformando? Se ha vuelto más hedonista e individualista, vemos la exposición a través de la cámara fotográfica, no nos permitimos enfrentarnos a la obra y al no haber información no podemos hacerla hablar y cuestionarla. La selfie es el puente entre el artista, su obra y el espectador.

 

*Curadora.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/262

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