¿Cómo se hace un lector?

¿Cómo se hace un lector?
Actividades realizadas en el Módulo VII Lectura, intercultura y resiliencia, en Tepic, Nayarit. Foto de Eduardo Campech Miranda

La Gualdra 262 / Promoción de la lectura

¿Cómo se hace un lector? Es una pregunta que constantemente me hacen. Supongo que también a quienes nos dedicamos a la promoción y mediación lectora. Pregunta que no tiene una respuesta única y lapidaria; que el camino para llegar a los libros es tan sinuoso que hay quienes cortan brecha y llegan felices a su destino. Otros, al no saber hacer “camino al andar”, se pierden y desisten. ¿Cómo se hace un lector? Vuelve la pregunta a mi cabeza. Un cúmulo de posibilidades rondan en la danza de las opciones. Tantas como personas hay en el mundo. Tantas como visiones.

Hay quienes se iniciaron en la lectura porque su madre les leía en el transporte público, en el trayecto del hogar a la escuela. En este caso, la lectora apoyaba su cabeza en las piernas de su progenitora y escuchaba las palabras que eran magia y la transportaban a destinos exorbitantes, propios de la imaginación infantil. Otros más tuvieron en la abstracción del mundo que experimentaban lectores (de cualquier soporte textual, incluyendo el diario deportivo), la curiosidad de saber qué había en aquellas letras. ¿El mundo de esas páginas era mejor que el propio? Sólo lo tendrían claro si leían.

Algunos recibieron narraciones, cantos, juegos, desde su más tierna infancia. ¿Se han percatado que se ha ido perdiendo la costumbre de las nanas y los juegos de palabras con los niños? Narraciones clásicas como “La llorona” nos llenaban de miedo, la adrenalina corría por nuestras venas, pero queríamos más. A esta leyenda se agregaban versiones de cuentos clásicos: “Caperucita Roja”, “Blancanieves”, “Cenicienta”, etc., fueron argumentos de conversaciones y convivencias familiares antes de convertirse en atuendos para fiestas infantiles. Pero también había narraciones de aventuras, travesuras, anécdotas que hacían la delicia de los escuchas y nos sorprendían.

Por otro lado estamos los que llegamos a los libros por un evento fortuito. Un día no había nada qué hacer y cogimos un libro. Y el libro fue el adecuado. Como si nos hubiera estado esperando, cual fiel Penélope. Nosotros, sin saber que habíamos salido de Ítaca, volvimos victoriosos y fortalecidos, con un arma llamada lectura, una pasión que crecería y se arraigaría con su práctica, su socialización, su variedad. Entonces fuimos capaces de identificar nuestras preferencias lectoras. Ahí supimos que existe el amor a primera lectura.

¿Cómo se hace un lector? No tengo la receta infalible, pero como mediador, puedo decir que es fundamental –siguiendo la filosofía del Programa Nacional Salas de Lectura- poner emoción, tolerancia, hospitalidad, valorar al otro, tener conciencia de la diversidad del mundo, predicar con el ejemplo. ¿Cómo se hace un lector? Sin duda, seduciéndolo, cociéndolo a fuego lento, sazonándolo con poesía, metáforas, novelas, historias donde se refleje o donde el mundo crezca en unas páginas.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/262

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