Entre lágrimas, último debate en el Senado sobre Rousseff

Entre lágrimas, último debate en el Senado sobre Rousseff
La suspendida presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en imagen de ayer en Brasilia. Foto Ap

Brasilia. Entre lágrimas, gritos y referencias a Dios, el Senado brasileño se adentró en el debate final antes de decidir este miércoles si destituye a Dilma Rousseff, un desenlace que todos ya dan por sentado en Brasil. “El impeachment es un remedio constitucional al que necesitamos recurrir cuando la situación se revela especialmente grave”, señaló la abogada de la acusación, Janaina Paschoal.

“Fue Dios quien hizo que, en el mismo momento, varias personas percibieran lo que sucedía en el país”, añadió esta abogada en sus argumentos para probar que la primera mujer en presidir Brasil violó la Constitución al manipular las cuentas públicas y que por eso debe dejar la presidencia.

Pero el abogado defensor de la presidenta, el ex ministro José Eduardo Cardozo, destacó que una destitución de Dilma Rousseff, sería “una pena de muerte política”.

Tan dramático ha sido este juicio en Brasil, que durante las sesiones de este martes, tanto el abogados de defensa como de la acusación, lloraron.

“Canallas, canallas, canallas”, disparó el senador Roberto Requião, del PMDB y defensor de Dilma Rousseff, haciendo referencia al golpe de Estado contra Joan Goulart en 1964.

Rousseff fue suspendida de su cargo el 12 de mayo y asumió de forma interina su exvicepresidente Michel Temer. Si todo sale tal como pronosticaron los sondeos, será este político conservador, de 75 años, enemigo acérrimo de Dilma, quien se convertirá en presidente de Brasil.

Para ello, se requiere el voto de 54 senadores.

El impeachment probablemente cerrará cuatro ciclos en el poder del emblemático Partido de Trabajadores (PT), referencia regional de la izquierda.

Un final trágico para esta organización nacida en los años 80 por movimientos sindicales liderados por Lula y conocido en el mundo por exitosos programas sociales que lograron a sacar a millones de la pobreza. Y también para esta exguerrillera de 68 años, curtida de batallas, que gobierna Brasil desde 2010 y que heredó un país en pleno boom económico, motor de crecimiento en la región. En esos años dorados, el país fue elegido para celebrar los Juegos Olímpicos de 2016 y la Copa Mundial de Fútbol de 2014. Pero su imagen ha sufrido un fuerte desgaste a la par del deterioro de la economía, el crecimiento brutal del desempleo y la inflación.

Las revelaciones de una trama delictiva en torno a Petrobras, que le costaron a la petrolera más de 2 mil millones de dólares, fueron la gota que derramó el vaso.

Y alcanzaron al PT y a su histórico líder, el expresidente Lula, considerado su padrino político, quien también se encuentra inculpado e investigado por varios casos de corrupción y obstrucción de la justicia.

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