Cuba va. Yo soy mi isla [Segunda parte y final]

Cuba va. Yo soy mi isla [Segunda parte y final]

La Gualdra 259 / Libros

Todos se van, dijo la pequeñita que sostiene la voz narrativa de su primer novela. Todos regresan, dice ahora la mujer madura (bella como aquélla) que se mantiene entera y libre en el viejo caserón del barrio de El Vedado, en La Habana, Cuba. Espacio íntimo, como el que todos peleamos y al que apostamos a tener derecho, y que nos cobija a media semana, en las tardes y en las mañanas, también los domingos a la siete de la noche, justo “cuando todo parece perder sentido”.

Domingo de revolución, de Wendy GuerraEstamos en La Habana y en la casa de Cleo, la poeta que desde la nueva novela de Wendy Guerra (La Habana, 1970), Domingo de Revolución, se empeña en “seguir libre para escribir textos que me regalaran sorpresas inexplicables”, como la visita que le hace ahí un personaje tan “fuera de lugar” como pudiera ser el cantante de The Police, Sting. Una casa real, irreal en tanto materia literaria, “que puede estar en La Habana de los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta; [y] tiene, como casi todo este país, un misterio atemporal, una pátina ecléctica que expresa su carácter neurótico”.

Sorteando los mismos “permisos asfixiantes” que la pequeña (Nieve) de Todos se van (2006), Cleo descubrirá en el curso de su cotidianidad enigmas de un pasado desconocido, revelador del presente. Siempre fiel a sus lecturas preferidas: Borges, Martí, Cortázar, Salinger y a los tesoros de la madre muerta. La madre artista que en un descanso del “trabajo productivo” se quita la blusa del uniforme, pone un pedazo de espejo en el caballete, abre el pliego de papel y comienza dibujarse el torso.

Pero que, de pronto, ve un jeep que se acerca.

“Mi madre, como es tan fresca, no se tapó; siguió pintando como si con ella no fuera”.

 

Era el Che

“El hombre que se bajó del jeep era el Che. Andaba solo y dice mami que le hizo como cuatrocientas preguntas. Ella contestó algunas, pero no dejó de pintar. A los diez minutos estaban la directora y los alumnos que se quedaron de guardia parados mirando el panorama. Mami siguió con el torso desnudo todo el tiempo, conversando con él, pintando. Cuando se fue, a mi madre le quisieron poner mil castigos por estar desnuda en el antiguo campo de golf sin ser modelo y delante del Comandante Ernesto Guevara. Pero como lo peor era quitarle el pase y ella nunca tenía, se cansaron de mortificarla con amenazas y no la molestaron más”.

Ya en Domingo de Revolución,[i] Cleo (¿la misma Nieve, la misma Wendy?) reafirmará su historia de la mejor manera, de la única, ganándole al silencio. Desde el territorio propio, el de “la tanta épica”, “donde el agua amenaza con poner punto final y dejarnos hablando solos”, el más personal.

Puesto que “sin Cuba no existo. Yo soy mi isla”. Palabra de esquimal.

 

Palabra de esquimal

Por ti dejaré la nieve y esquiaré en la arena

no escribiré grafitis sobre el hielo

tendré acento de occidente y ropas de verano

mis dientes no ablandarán otra piel que la tuya

mi olor se diluye en tu lavanda limpia

así como esturión pierde el caviar perderé mi nombre

olvidaré el rito del iglú la mujer y la presa

miraré el deshielo como agua de mi sexo

no regalaré al extraño lo que es tuyo al final de la noche

quedaré en tu cama toreando al fuego

borraré de mi boca el cebo y el pescado

dejaré en libertad los perros del trineo

intentaré olvidar el exilio del hielo

Invernaremos juntos mientras duela el invierno

sobre el confín del iceberg, viajando en la isla blanca

sobreviven una lágrima helada de mi madre

y el murmullo suplicante de tu padre

aunque todo parezca cosa de otro mundo

cazaremos juntos;

palabra de esquimal.

 

 

 

Otras novelas de Guerra

Nunca fui primera dama.

Posar desnuda en La Habana.

Todos se van.

Negra.

 

 

Reconocimientos

Premio Bruguera 2006.

Premio del Carbet des Lycéens 2009.

Chevalier de l´Ordre des Arts et des Lettres de la República Francesa.

 

Wendy Guerra, Domingo de Revolución, Anagrama, Barcelona, 2015, 226 pp.

* [email protected]

 https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-259

 

 

 

[i] Una mención aparte merece el pasaje en el que Cleo, de visita en México, se dirige a conocer al escritor colombiano Gabriel García Márquez. Camino a Fuego 144, revela su primera lectura: “Ojos de perro azul”. “Tenía catorce años y me escapaba de la escuela a la biblioteca de la Casa de las Américas para devorarlo todo. Cien años de soledad me hizo poeta, porque eso es poesía…”. Pero sucede que llegando al domicilio, “algo pasaba más allá de la última curva. Dos motos con cámaras avanzaban entre nosotros, separándonos, gritos, una ambulancia a lo lejos, reporteros, más cámaras, la situación era incomprensible. Poco a poco nos acercamos a lo desconocido, que, de algún modo y desde lejos, parecía fatal. Caminamos veinte metros tal vez para darnos cuenta de que… La ambulancia esperaba frente a la puerta mientras más de trescientas personas registraban el momento en que una camilla debidamente tapada ingresaba al interior del vehículo. Los periodistas gritaban y las cámaras no paraban de flashear. Una hermosa mujer con cara compungida reportaba, en medio del bullicio, la muerte de García Márquez […]. Siempre llego tarde a lo que me fascina… Abrí la jaula de mi cuerpo dejando salir mis angustias como mariposas amarillas”.

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