La escuela en la literatura: algunos ejemplos

La escuela en la literatura: algunos ejemplos

La Gualdra 258 / Promoción de la lectura

Tal y como sucede en los primeros días de enero, los inicios de los ciclos escolares están llenos de buenas intenciones. Pero también, hay que decirlo, de pesadez y enfado. Ambos aspectos son generadores de anécdotas que pasaron a la literatura. Sin ánimo de realizar una revisión exhaustiva, ni mucho menos una antología, vienen a mi memoria varios pasajes de estas circunstancias. Supongo que la escuela es una institución que marcó a grandes plumas, que esos episodios literarios fueron parte de la vida de sus autores. La siguiente lista, todos textos narrativos, es sólo un pretexto para que cada una de las personas que lean estas líneas recurra a sus memorias, a sus lecturas, a sus ecos.

Sin duda uno de los textos clásicos es el cuento “Paco Yunque” de César Vallejo. En él encontramos una reproducción de las prácticas clasistas: autoritarismo, sumisión, rebeldía, complicidad, injusticia. La descripción de la algarabía escolar contrasta con la añoranza de los protagonistas del cuento de Isaac Asimov, “¡Cómo se divertían!”. En este último, una niña y un niño descubren un objeto extraño: un libro, mismo que les describe un mundo ajeno, y un modelo escolar al cual nos acercamos cada día más.

El zacatecano Mauricio Magdaleno también escribió un cuento donde la escuela es el escenario: “Cuarto año”, donde la maestra Macías mata, literal, de amor al director Barrientos. Escuché decir al maestro Eduardo Luévano que este episodio fue real y que el escenario de tal evento fue la ciudad de Aguascalientes. La señorita Macías tenía embelesados a los alumnos con su didáctica y su voz. Todo lo contario de aquel primer maestro que describe Fernández de Lizardi en El Periquillo Sarniento, quien al no tener otra alternativa, se metió de “escuelero”.

En este breve inventario no podría quedar fuera Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco. A través de su lectura conocemos un poco de las materias que se cursaban durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, somos testigos de una historia de amor prohibido y de un rígido umbral moral. Y si de alumnos protagonistas se trata, podemos leer “El abanderado”, de Eusebio Ruvalcaba. El jalisciense fiel a su sentido del humor nos da un final inesperado en plena ceremonia de los honores.

La literatura fantástica también ha hecho del espacio escolar su propio escenario. Prueba de ello es Harry Potter. En la literatura infantil también hay ejemplos: Casi medio año, de Mónica Brozón; El cuaderno de Pancha, de Monique Zepeda, por citar dos casos. El regreso a clases es un buen pretexto para compartir la lectura en familia o iniciarse en el camino de los libros. Hasta la próxima.

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