Todas las vidas importan

Todas las vidas importan
La violencia que se vive en México está en situación de guerra civil. señala la colaboradora ■ foto: La Jornada Zacatecas

Se ha vuelto lugar común entre gobernadores, procuradores de justicia, mandos policiacos y cuanta autoridad involucrada haya, decir cosas como “se matan entre ellos”, “no son personas de bien”, “andaban en malos pasos” etcétera, para referirse a quienes mueren en circunstancias violentas.

Frases como estas, que ni Poncio Pilatos se  hubiera atrevido a pronunciar, son bien recibidas por el periodismo insensible que a fuerza de la frecuencia, se ha acostumbrado a hablar de muertos, ejecutados y balazos con tranquilidad, como si se tratara de reinas coronadas o goles anotados.

Esto además, es bien recibido por una sociedad ávida de certezas, de tranquilidad, de buenas noticias, o cuando menos de malas noticias puestas de tal forma que les haga pensar que ellos están a salvo.

Esta incertidumbre causa terror en la población, el mismo como el que azota por días y meses después a las ciudades que viven ataques de francotiradores aislados, o ataques a sus aeropuertos, trenes, festividades y demás blancos de actividades terroristas.

Causa terror justo por la incertidumbre, porque no hay nada que nos asegure estar a salvo, no importa si se es un recién llegado, un maestro generoso, o un estudiante de doctorado con mención honorífica.

Nada nos garantiza poder evitar el sacudimiento de la violencia que si bien ocurre en diversos países, la frecuencia con la que se vive en México hace sentir por regiones y en ciertos momentos, que se está en situación de guerra civil.

Es entendible esa necesidad humana de quien se confiesa. “Me gusta pensar que si murió, es porque andaba en eso”, o quien afirma “quiero creer que le tocó porque andaba ahí”, pero no por tener ese anhelo de creer que el mundo es justo, esto se vuelve cierto. Menos aún puede justificarse esa posición ciudadana comodina, porque es cómplice de quienes revictimizan a quien de por sí es ya víctima de una ejecución.

Decir que la violencia cae solo en “el que andaba en eso” y por tanto, indirectamente, inducir que “se lo merece”, además de ser un acto de soberbia moral, es una falsedad.

Los expertos ubican decenas de factores que influyen para caer víctima de esta violencia que no cede, que van desde que se equivoquen de blanco, lo cual sucede; el que un grupo delictivo pretenda dar un mensaje a las autoridades, a los rivales, o a la ciudadanía; que se pretenda calentar la plaza para forzar a relevos policiales, o a operativos especiales; que se esté entrenando sicarios en lo emocional y en la puntería, y se le rete a disparar a cualquiera, o simplemente caer en manos de cualquiera (ya sea ebrio, drogado, loco o cuerdo) que está armado, y que sabe que el índice de impunidad es mayor a 90% en este país.

Creer que todo esto es imposible porque “ellos no se equivocan”, es dar por hecho que tienen condiciones extraordinarias que los hace distintos a los seres humanos. Pensar que sólo se meten con quien deben es ignorar que en el pasado ha habido niños hasta de cinco años asesinados con tal de dar una lección, como le sucedió a Héctor “el güero” Palma con sus hijos. Quien crea que no se mata más que por razones “justificadas”, ignora que en San Fernando Tamaulipas un grupo delictivo hizo de los migrantes que viajaban en autobuses gladiadores que peleaban entre ellos por su sobrevivencia por mera diversión de sus captores.

No, por triste que parezca, por atemorizante que sea, los muertos no son culpables de estar muertos.

Leo en la prensa que una niña de 14 años que vivía en unión libre fue asesinada en Fresnillo. Entre los comentarios encuentro un par que cuestionan el que a su edad mantuviera una relación conyugal. Indeseable quizá, pero mucho más alarmante que eso, es sin duda que pueda asesinarse de esa manera y no haya ni la mínima esperanza de que el caso no quedará impune.

Qué razón tiene el doctor José Enciso Contreras cuando en entrevista en Estéreo Plata acompañado de la doctora Mariana Terán para hablar del caso de su ex alumno asesinado, dice que “no hay nada más inhumano que clasificar a los muertos en cuál vale la pena y cuál no”

Tiene toda la razón, esa posición además de deshumanización total, refleja la complicidad de la sociedad con las autoridades que confiesan por anticipado, que no investigarán los crímenes porque simplemente, y por su puro cálculo “no son gente de bien”.■

 

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