Inundación de malas noticias

Inundación de malas noticias

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En qué país vivirá Peña Nieto? ¿Creerá ser el príncipe que con su dulce y bella princesa viven felices por siempre, en un país de las maravillas? ¿Alcanzará a entender que es el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos? ¿Se dará cuenta de la trascendencia de ese cargo de elección popular? ¿Comprenderá que éste le otorga la característica de ser figura pública? ¿Le habrán asesorado para decirle que todos y cada uno de sus actos que realice con tal investidura trascienden, y son objeto de todo tipo de cuestionamientos a través de los medios, partidos políticos, grupos sociales, sindicatos, intelectuales, universitarios, artistas, académicos es decir, pueblo en general, sin que por ello se atente en contra de su vida privada? ¿Alguien le comentará el gran desprestigio que ha distinguido a nuestro país, bajo su gobierno en materia de violación sistemática de los derechos humanos?

Desde mi punto de vista, me atrevo a manifestar que las respuestas a esas interrogantes son: sí se cree; no alcanza a entender; no se da cuenta; no comprende; no le han asesorado; nadie le ha comentado.

Por estos tiempos más que nunca, México vive en la barbarie, en el salvajismo. Torrentes de sangre es la constante en el territorio nacional. Prevalecen la corrupción, la impunidad, la represión; la inseguridad; la flagrante violación a los derechos humanos y masacres por parte del Estado; delincuencia de todo tipo; abandono del campo; homicidios calificados; carestía de la vida; desempleo; alza de precios en alimentos, medicamentos y servicios básicos; despidos; desapariciones forzadas; descuartizados; fosas clandestinas; torturados; decapitados; colgados; migración en algunas entidades de la República; falta de oportunidades para gran parte de la juventud mexicana; conflictos de intereses; el problema de la Casa Blanca (primero negado por Peña, después reconocido por él mismo, pidiendo perdón a todos los mexicanos); gobernadores salientes acusados de corrupción; homicidios de presidentes municipales; enriquecimiento ilícito de gobernantes y funcionarios públicos; nuevo problema de conflicto de intereses derivado de una nota publicada por el diario británico The Guardian sobre un departamento que Angélica Rivera, esposa de Peña tiene en propiedad en Miami; y no han llegado los resultados prometidos de las reformas estructurales, por el contrario, generaron y se agudizó una problemática grave para el país, que devino en actos vandálicos de toda naturaleza, que ya rebasaron al gobierno. A cambio, el pueblo manifiesta su inconformidad social; hay descontento, hay enojo inclusive de los ricos de este país. A toda acción, corresponde una reacción en la misma proporción, pero en sentido contrario. Aunque en este caso, la reacción jamás será proporcional a la dimensión estatal. Sin lugar a dudas, nos tocó vivir en el México bárbaro del siglo XXI y el gobierno no hace nada, porque simplemente no pasa nada…

Todo este panorama cruento y desolador, es del conocimiento de la opinión pública nacional e internacional a través de los medios. Para lograr esta tarea, se ejercen dos derechos: 1.- Derecho de información, el que asiste a los medios para hacer del conocimiento esa realidad. 2.- Derecho a la información, el que tiene la opinión pública para el conocimiento de esa misma realidad. Ambos, en razón de la bilateralidad jurídica, son correlativos de la obligación del Estado para tutelarlos y no impedir su libre ejercicio.

Nuestro país está inundado de muy malas noticias. Es la constante. Nadie desconoce esta situación. No obstante Peña Nieto cuestiona la publicación y permanencia de las malas noticias y lo fugas de las buenas.

Cuando realizaba una gira por el estado de Hidalgo, el martes de la semana que transcurre, defendió las reformas estructurales que emprendió al inicio de su mandato. Pero se dolió al cuestionar a aquellos que “…nos inundan con malas noticias, sin tomar en cuenta los avances alcanzados…cuando existen alzas en los costos de los servicios las malas noticias permanecen varios días, caso contrario a cuando hay reducciones tarifarias, que se difunden unos minutos o un solo día… las buenas noticias cuentan y cuentan mucho, valen y valen mucho… a veces nos quedamos con malas noticias que parecieran comunes o fueran las que a veces más se destacaran, y se dejan fuera las noticias que tienen mucho impacto en la vida cotidiana de las familias. Hay que rescatarlas, porque hay muy buenas noticias…”.

Bien. Enrique Peña Nieto resultó también ser periodista. Y mostró, con su “don” característico, cómo se debe hacer el periodismo: únicamente dar a conocer buenas noticias; dejar al margen las malas. Que la duración de permanencia de las primeras sea mayor que las de estas últimas. Que los periodistas, no deben inundarlo con malas noticias, que publiquen sus avances.

Ante toda esta autoalabanza del Presidente, yo me pregunto; ¿tendrá en claro lo que son los medios periodísticos objetivos y liberales de esos, que con sus notas no maquillan la realidad? ¿Conocerá las características de la labor de un periodista integrante de esos medios? Todas las noticias buenas o malas de nuestra realidad, deben ser motivo de información. La opinión pública tiene derecho a conocerlas.

Si de adulación se trata, no es compatible con la dignidad.■

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