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Un toque de humanidad en Zacatecas

Un toque de humanidad en Zacatecas

En días pasados encontré un comentario a propósito de los juegos olímpicos por parte del director de La Jornada Zacatecas, Raymundo Cárdenas Vargas, se hacía una comparación de videos de la competencia de natación de 100 metros libres entre las olimpiadas de 1932 y la de 2012; la enorme distancia en el tiempo, 80 años, marcó una diferencia abismal, de 47.52 a 58.2, es decir, más de diez segundos y medio de diferencia a pesar de que en ambos casos, el esfuerzo de los competidores era el más extremo posible siendo los mejores de su tiempo. La cita en cuestión era “¿Quién dice que la raza humana no ha evolucionado?”. Hubo algunas respuestas confirmando el comentario que, independientemente  de los tiempos y que todas las comparaciones son, si no odiosas, al menos lamentables por tratarse de eras en que los atletas no eran de tiempo completo ni arropados por infinidad de adelantos en las ramas de medicina deportiva, nutrición, digitalización, entrenamientos especializados y personalizados y una profesionalización –aunque sea disfrazada- de los deportistas olímpicos, un exceso de cuidados impensables en 1932. Emití una respuesta un tanto comprometedora y metiche, nada más porque la consideré fundamentada, por lo que respondí “Yo opino que ha evolucionado la tecnología y la raza (poco) peluda ha involucionado, por el contrario”.  Raymundo respondió: “Es un tema fascinante… valdría la pena una reflexión en alguna de tus columnas estimado Jorge” y yo a mi vez, que me lo pondría de tarea.

Ahí quedo el compromiso. Los fundamentos de mi afirmación es que en la esfera de lo global, los “humanos” estamos llegando a un nivel de hiper tecnología que nos ha facilitado la incrustación a todo lo que pasa a lo largo del globo en lo general y en las inmediaciones del vecindario, en lo particular. Disponemos de la información más especializada y sofisticada en todos los ámbitos del conocimiento que nos ofrecen la sabiduría de todas las épocas con solo bajar unas cuantas aplicaciones y picar dos o tres “botones” virtuales en nuestras TICs y TACs. Pero estamos más ávidos de enterarnos de asuntos que no nos competen y de chismorreos que van de lo más intimo a lo más publicitado. Y es a través de la participación en las diversas redes en que nos metemos, que la gran mayoría de la “raza humana” está al pendiente de miles de acciones, principalmente de corte negativo, como atentados, asesinatos en masa, desastres naturales e infinidad de desgracias y nos hemos olvidado de enaltecer todas las cosas buenas que nos ocurren diariamente. Tenemos en nuestro país, por ejemplo, campeones mundiales de matemáticas, Premios Nobel, Premios Príncipe de Asturias y muchas gracias más. Por ejemplo, nunca he escuchado una loa a Octavio Paz o a Carlos Fuentes, o un corrido a Fernando del Paso. O algo así. Le damos mucha importancia a la mugre y no a lo que es trascendente. Por eso pienso que como especie, vamos camino al abismo. En todo el mundo.

Bueno, en Zacatecas no cantamos mal las rancheras, ya no hay mucha amabilidad en las calles, la gente tiene miedo de encontrarse en un mal momento por causas de criminalidad, se trata mal a los grupos vulnerables y en fin, solo hay lugar para la gente que goza de los privilegios del sistema.

Estuve pensando si citar para este ensayo a Nietsche, Sartré, Platón o algún pensador profundo, pero la vida me regalo un episodio de humanidad perruna, o perrona, porque no esperaba ser testigo de algo así.

Alrededor de las cuatro de la tarde iba por el bulevar López Mateos a la altura de las oficinas de CFE, tráfico pesado y haciendo peripecias en el carril central para tomar la salida hacia la derecha como alma que lleva el diablo cuando de pronto, frente a mí vehículo aparecieron dos perritos chihuahua con un pastor alemán que aparentemente los “cuidaba”. Bajé la velocidad, porque además el carril de alta estaba siendo desviado por las eternas reparaciones que sufre la citada vía. Detuve mi vehículo e hice sonar el claxon para ver si se asustaban y se salían de la carretera rumbo a la gasolinera. No lo hicieron. Un vehículo se detuvo paralelo al mío en el carril derecho y de él salió una señorita que sin medir consecuencias, empezó a tratar de atrapar a alguno de los perros. A mi izquierda, al tiempo que yo hacía lo propio, otra damita detuvo su vehículo en el carril de alta y empezamos, junto con otros diez caballeros que se unieron, una persecución de lo más surrealista, pues el pastor defendía a los pequeños y estos hacían lo propio tirando mordidas a quien trataba de sujetarlos, se metían debajo de los vehículos que se fueron deteniendo por un gran tramo. Este episodio duró poco más de diez minutos. Al final, logramos atrapar a los dos pequeños y el pastor desapareció por rumbos desconocidos. Lo maravilloso del episodio es que todos los conductores que tuvieron que detener sus vehículos y atestiguar este bizarro episodio, se comportaron a la altura y no hicieron ruido ni fueron groseros. Un empleado de CFE se hizo cargo de encerrar las dos creaturas y una de las señoritas se comprometió a regresar por ellos para llevarlos a un albergue donde no los sacrifican y los ofrecen en adopción. Nadie se tomo la selfie ni pidió teléfonos. Todos seguimos nuestro camino, altamente satisfechos por haber salvado un trío de vidas. Creo que la humanidad aún tiene futuro. Y hago saber esto, porque aún ocurren cosas buenas en el mundo, incluso en Zacatecas. Salud. ■

 

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