La lección de las glosas: necesitamos un sistema semi-parlamentario

La lección de las glosas: necesitamos un sistema semi-parlamentario

Llegan funcionarios (en esta ocasión de Finanzas y de la Función Pública), rinden protesta de decir verdad y hacen una larga lectura de logros y más logros. Después los diputados les hacen observaciones críticas o de acompañamiento, sobre los diversos temas tocados: deuda, déficit presupuestal, transparencia y cosas similares. Y todos se aburren y sacan los eventos por obligación porque (todos) ya se van: tanto los del Ejecutivo que exponen, como los del Legislativo que escuchan y critican, ya van de salida. Si en general los informes y sus glosas no son de efectos importantes, el último menos. El sexto informe es la oportunidad para hacer un recuento de todo el sexenio y una evaluación del mismo. Pero la evaluación que haga en lo particular alguno  de los diputados es intrascendente porque no pasará de ser una exposición de sus opiniones en la sesión de la glosa. Meras opiniones que se las lleva el viento.

La cosa esencial es la cuestión sobre el poder del parlamento (Legislatura) para generar consecuencias en el gobierno: programas, presupuestos, continuidad o rotación de funcionarios y demás aspectos que hagan posible impactar en la forma en cómo se ejerce el mando. En los esquemas presidenciales infértiles como los actuales, nada ocurre: la ‘rendición de cuentas’ se convierte en circos de dimes y diretes con el sobre-entendido que nada modifica eso. Para que pudiera ser posible un impacto en las formas de gobernar, se requeriría acceder a formas semi-parlamentarias, donde las cámaras de representantes populares tuvieran el poder de nombrar miembros del gabinete y por consecuencia supervisar su acción de acuerdo con un plan de gobierno aprobado. No el Ejecutivo en general que ‘platica’ cómo le fue en el año o el sexenio, sino cada funcionario que da cuenta de las metas a las que se obligó y las razones de por qué sí o por qué no se alcanzaron dichas metas. Y lo más importante: el Legislativo pueda modificar las metas, programas o presupuestos en función de esa rendición de cuentas. Es decir, los mecanismos semi-parlamentarios crean una dependencia del Ejecutivo respecto al Legislativo, y dotan a este último de más poder para poder crear los controles necesarios a la acción del gobierno. Aquí pasa exactamente lo contrario: el que tiene más poder es el Ejecutivo y el Legislativo se convierte en una instancia para el aplauso o el berrinche y la simulación.

Lo cierto es que las glosas así diseñadas sirven para muy poco. Por lo mismo, estas glosas son la oportunidad para pensar nuestro sistema político y los mecanismos con los cuales (no) funciona. Nos vendría bien que el gobierno entrante convocara a discutir ‘el gobierno de gabinete’ en Zacatecas y todo un cambio de paradigma de la rendición de cuentas. Sería un signo de que realmente le interesa cambiar el estado de cosas.

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