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República y cosificación

República y cosificación

Iniciar a escribir la colaboración semanal es una decisión y un placer, compromiso autoimpuesto y problema, cuya densidad y complejidad varía en un ambiente trizado por múltiples motivos y factores de distinta índole y complejidad. Tal vez sea buena noticia para México, saber: cada día que pasa es uno menos en el sexenio encabezado por Peña Nieto, aunque en el tramo que resta por recorrer, antes de su relevo, pueden suceder muchas cosas y hasta emerger ligas entre fenómenos y luchas sociales, con una capacidad de emergencia, novedad y movilidad políticas que en realidad se dispute, con éxito, al actual PRI nacional, la Presidencia de la República. Eso quiere decir, con mayoría del voto popular, cuya movilización de actores no termine, ni se agote en la elección, sino que la elección sea el principio del fin de un autoritarismo económico y político, hoy deslimitado y avasallante, a pesar de no dar una, en sentido de la política económica, ni social, ni democrática, sino en la mercantil, la de mercado “abierto”. En el transcurso, día a día, la República se mancha con sangre de mexicanos que dirimen sus diferencias o conflictos, por medios violentos, con pérdidas humanas y políticas que de esa y muchas otras formas postergan la construcción social y política de una democracia que se imponga, ella misma, como manera de procesar y resolver las diferencias y conflictos, sin pérdidas humanas.

Hoy esto parece imposible de operar por las tensiones que impone la propia economía y la política arropa a favor del gran capital o del capital, en cualquier cantidad y magnitud, cuyo  comportamiento es dislocado, sólo en apariencia, pero, ¡no! Su trasfondo sigue siendo la explotación en todos sus sentidos, cada vez menos, por medio del trabajo productivo ¿y más por los servicios? ¿Con qué capotea estos riesgos el Gobierno de Peña Nieto? Por ejemplo, ¿qué riesgos pueden amenazar la privatización de Pemex? Basta acercarse al rollo (reciclado) de ¿Videgaray? sobre la magnificencia de los precios de la gasolina en México, en contraste con los de otros países, sin detener  las alzas. De una semana a otra, los petrolíferos se convierten en el salvavidas económico de los mexicanos, tengan o carezcan de automotor,

Después del “desastre” de exacción y asfixia económica a que se sometió a Pemex, todo será superado por la reforma energética y no porque se haya decidido eficientar a la paraestatal, a la que quebró, no la modernización, sino la incuria estatal en todos los sentidos y hoy es un cartón piedra, para un ministerial dar gracias a la  “modernización del sector” que mediante la privatización de todo lo inherente a ella, hoy busca mejorar el abasto de combustibles a precios competitivos y garantizar estándares internacionales de eficiencia, calidad y confiabilidad, impulsando su desarrollo “con responsabilidad social y ambiental”, ¡ups! Videgaray, dixit. Para él, las carencias científicas y de infraestructura, no son problema, lo decisivo, al final, serán: la privatización de la infraestructura y un mercado libre de energéticos, donde la competencia decida y el mercado, sea disciplinado por ésta. ¿Algún problema a su exposición sobre política energética? Se trata de contar en ella, en “el contexto de un mercado libre y disciplinado por la competencia.” Para eso es la privatización de Pemex: Para relevarlo de las responsabilidades de “rehacerse”, ¿y de las que tenía con el Estado Mexicano y su pueblo, para dejar que el mercado genere los recursos que antes aportaba y cuyas utilidades, si las hay, irán a parar a bolsillos privados? Y las habrá, aunque menos para el estado, en tanto se logre cada vez más la apertura de petrolíferos y se reestructuren y complejicen sus puntos de venta. La duda prevalece, ¿será suficiente el operar de tal privatización para compensar los recursos fiscales antes aportados por Pemex?  ¿Cómo dar seguimiento a un tema que no se puede evadir, sino estar pendiente de él? Por lo pronto, ¿adiós personal “paraestatal” y su trabajo y prestaciones?

Videgaray queda en el mercado, vayamos ahora con Nuño, otra joya ministerial de Peña Nieto, al frente de la educación, cuyo modelo, recién presentó. Sobre el tema, Elvira Vargas, entrevistó para La Jornada, a Olac Fuentes Molinar, ex subsecretario de educación básica, quien, sin aspavientos, ofrece una visión estricta del “Modelo” Nuño: “el nuevo modelo educativo impulsado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) es Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.”

El primero –Dr. Jeckyll– presenta un discurso pedagógico ‘‘que colecciona posiciones progresistas y renovadoras’’, pero en la Propuesta curricular para la educación obligatoria 2016, ‘‘Mr. Hyde regresa y hace lo mismo que se ha hecho siempre: un enfoque tradicional y contenidos muy complejos. Lo mismo, en suma, que nos mantiene en el bajo nivel de resultados de logro (académico) por lo menos desde que empezó a hacerse una evaluación comparable en 2000’’. (Avance para la próxima.) ■

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