Tortas japonesas

Tortas japonesas

S i bien el déficit en los rubros de seguridad y justicia es un fenómeno añejo ha traspuesto, en los días que corren, los límites de lo demencial.

Así, en tanto el mayor motivo de angustia para la inmensa mayoría de los ciudadanos es el flagelo de la inseguridad, una rumbosa campaña publicitaria intenta persuadirnos de cuan seguros nos encontramos arrojándonos al rostro cantidades astronómicas presuntamente invertidas en personal y equipo, cuya presencia en calles y caminos lejos de tranquilizarnos agrava probablemente nuestras tribulaciones, ya que según percepciones ampliamente compartidas los a menudo patibularios elementos publicitados no resultan, en el momento de ocurrir los delitos, particularmente los más graves, sino meros espectadores, y eso en el mejor de los casos.

El abismo entre propaganda y realidad, especialmente en lo que atañe al ámbito gubernamental, y más concretamente en el tema que nos ocupa es algo tan ampliamente conocido que bien pudiéramos obviarlo, si bien llama la atención lo contradictorio del discurso que proveniente de las alturas a tan exorbitante costo se difunde, en relación con el que exhalan los sótanos de la procuraduría, donde según diversos referentes se intenta con frecuencia disuadir a los raros denunciantes, particularmente de los delitos mayores, de su búsqueda de justicia, instándolos incluso a someterse a las exigencias de sus predadores.

Lo más preocupante empero de todo esto es el evidente empeño de quienes deciden el destino colectivo de que todo sigua igual, ya que si de acuerdo con su visión del panorama todo es miel sobre hojuelas difícilmente intentarán modificar algo; y si los trascendidos según los cuales el inminente encargado de la seguridad estatal, como prácticamente todos quienes le antecedieron en este sangriento capítulo de nuestra historia contemporánea, es un militar en retiro, resultan acertados; ello revelaría, con independencia de las prendas personales del nominado, la intenciones de todo continúe, en el terreno de nuestras peores pesadillas, como hasta el día de hoy.■

 

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