Premios Nobel y transgénicos: doxa y episteme(2/2)

Premios Nobel y transgénicos: doxa y episteme(2/2)

La elucidación de esta cuestión -ética y política-, ha cobrado relevancia, debido al conflicto entre por un lado, quienes están a favor de los OMG (organismos genéticamente modificados, o transgénicos), debido a una carta firmada -entre otros- por 110 premios nobel, quienes se manifiestan por apoyar a los agricultores para que tengan acceso a todas las herramientas proporcionadas por la biotecnología, especialmente a las semillas mejoradas. Mientras por el otro lado, tenemos a un conjunto de actores, que se han pronunciado por aplicar el principio de precaución, al empleo de los OMG.

El principio de precaución, es utilizado como criterio legal, filosófico, ético y político, -también científico, para establecer, como escribe León Olivé, “restricciones con respecto a las operación de sistema técnicos que se cree que pueden tener resultados perniciosos”.

De acuerdo con este autor, la diferencia entre problemas científicos-tecnológicos y puramente científicos, sería que en los primeros las decisiones no pueden tomarse con base en razones incontrovertibles (como pasa en la ciencia pura), sino que es suficiente con que se cuente con una base razonable, es decir, aunque no exista evidencia conclusiva de que se trate de relaciones causales, entre la fuente del fenómeno -y/o el proceso- analizado y el resultado observado, o esperado (perjudicial). También señala que la evaluación de sus consecuencias, no es algo que atañe solo a científicos, sino que involucra a amplios sectores sociales, empresas, gobiernos, etc.

La carta aparece en un site-web de Apoyo a la Agricultura de precisión (agricultura basada en un conjunto de tecnologías, además de la transgénesis). Donde presentan los argumentos científicos (-incontrovertibles-), para demostrar que los cultivos y alimentos mejorados mediante la biotecnología, no producen daños ecológicos, ni a la salud. Centrados en el arroz dorado (Golden rice), cereal al que la aplicación de la transgénesis, ha conseguido agregar un componente de vitamina A, lo que permitiría combatir los problemas de salud derivados de esa deficiencia (DVA), evitando así, anualmente, entre uno o dos millones de muertes. Ahora, prevenibles, si se permitiera la utilización de este arroz mejorado genéticamente. Dirigen específicamente su crítica a Greenpace por su campaña en contra de los transgénicos, y le llaman a revisar su posición, considerando la evidencia científica disponible.

La respuesta de Greenpace abarca varios puntos. 1) los transgénicos no son la solución al hambre en el mundo, el hambre es un problema económico, social y político, (el 30% de los alimentos terminan en la basura; el 75% de la tierra cultivable se destina a la producción de carne y agrocombustibles; el 80% de los cultivos transgénicos comercializados son para piensos y agrocombustibles). 2) Cita la última evaluación científica de Naciones Unidas sobre Ciencia Agrícola y Tecnología para el Desarrollo, donde concluye que la agricultura ecológica es una alterativa efectiva, considera que no hay una solución única al hambre. 3) El arroz dorado modificado genéticamente no existe, no está disponible en el mercado, proyecto fallido que tras 20 años sigue bajo investigación; la solución más sostenible es tener acceso a una alimentación sana y barata. 4) Greenpace no está en contra de la biotecnología; se pone a la liberación de los transgénicos al medio ambiente, porque estos pueden reproducirse, cruzarse y provocar daños irreversibles en la biodiversidad y los ecosistemas; tampoco la seguridad del consumo de alimentos transgénicos se conoce a largo plazo (en humanos y animales).

A lo anterior, Greenpace agrega otros puntos: Los partidarios de los transgénicos han perdido varias batallas, Europa ha cerrado sus puertas a este tipo de cultivos, en Estados Unidos la movilización -en contra-, no para de crecer, y ya se legisla en Vermont sobre el etiquetado, etc. Eso explicaría la carta, utilizando el arroz dorado, habitual caballo de batalla de los grupos de presión pro-transgénicos, para después lograr la aprobación para otros cultivos más rentables. Centrar la crítica en Greenpace (y no en los gobiernos que los han prohibido), oculta que la constelación de actores que se oponen a los transgénicos es muy amplia, organizaciones, instituciones, etc. Por último, Monsanto, Dow, Syngenta, Bayer, Dupont y BASF, son propietarias de casi todos los cultivos transgénicos que se comercializan, y del 76% del mercado agroquímico, etc.

La distinción fundamental entre doxa y episteme (habría que complejizarla), implica que solo el debate, la reflexión y deliberación democrática, de todos y todas, incluyendo científicos, puede permitirnos actuar con la mira puesta en el bien común.

Preguntémonos con Carl Mitcham, si el ser humano… “¿Es responsable de luchar por ser siempre responsable?”.

Una respuesta posible: la actual era antropo(bio)cénica, exige un pensamiento, una ética y una política, capaces de ofrecer herramientas para que…“la humanidad pueda cambiarse a sí misma. Como ya lo ha hecho dos o tres veces” (Castoriadis).

Ver: Olivé, León. Ética y tecnología. (Los Linderos de la Ética). Coed. S.XXI y UNAM. ■

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