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El candidato de Salinas

El candidato  de Salinas

Entre los periodistas y analistas que reflejan cotidianamente el sentir del gobernador Miguel Alonso, corre la especie de que la visita del ex presidente Carlos Salinas de Gortari es un reflejo inminente del futuro político del mandatario en el gabinete de Peña Nieto.

El equivocado simplismo alimenta la confusión del juego de poder que se levanta a nivel nacional, así como del contexto donde recae la visita. Un elemento articulador del panorama ha estado frente a sus narices en los últimos meses.

Ex gobernador de Querétaro y actual titular de SAGARPA, José Calzada Rovirosa, candidato favorito del ex presidente Salinas rumbo a 2018 –como lo fue Peña Nieto desde el sexenio de Vicente Fox, según versiones periodísticas de Javier Solórzano, Raymundo Riva Palacio y Jenaro Villamil- es con quien Miguel Alonso ha abierto un panorama de posibilidades políticas que le permitan sobrevivir al naufragio una vez que abandone el poder ejecutivo estatal.

Tanto en reuniones ejecutivas como en eventos sociales, los colaboradores de Miguel –no es mérito propio- han logrado acercarlo a buena sombra: un potencial candidato presidencial.

No precisamente un candidato al gusto del presidente de la República (caso de Luis Videgaray o Aurelio Nuño), sino al gusto de su otrora principal promotor, el mandatario más controvertido de la historia contemporánea de México, turista protagónico en suelo zacatecano.

Los editorialistas locales tampoco alcanzan a discernir el cogobierno Enrique Peña – Carlos Salinas. El gabinete se divide estratégicamente pero no se mezcla. Emilio Loyola Austin ex titular de Petróleos Mexicanos e hijo de Emilio Lozoya Thalmann director general del ISSSTE y secretario de Energía durante el sexenio de Carlos Salinas, fue remplazado por José Antonio González Anaya, esposo de Gabriela Gerard, hermana de Ana Paula Gerard, esposa del mismo Carlos. Su sobrina, Claudia Ruiz Massieu ha transitado de la Secretaría de Turismo a la de Relaciones Exteriores. Las prioridades de Salinas son claras.

Justo en ese grupo Miguel podría participar dependiendo de la valoración que haya hecho el ex presidente en su corta visita; tiempo suficiente para un ex Secretario de Gobernación. De concretarse los cambios Alonso Reyes permanecería cerca del “mejor amigo” de Zacatecas -Enrique Peña- pero portando un gafete salinista.

No podría haber sido de otra manera. La constante de Peña Nieto de cancelar sus visitas a Zacatecas (lleva dos este año), y de no aparecer más como invitado especial en los Informes de Gobierno de Miguel Alonso, asoman la imagen que tienen del mandatario estatal en el otro gabinete, el de Enrique. No hay apoyo político del Gobierno Federal al sexenio que está por concluir en el estado.

Pero Salinas no vino a reconocer las aptitudes políticas de Miguel, sino a evaluar las condiciones económicas con las que el joven político pueda respaldar el proyecto presidencial que tiene en mente. Para una competencia electoral con tantas pistas abiertas, José Calzada necesita diversas fuentes de recursos que sostengan su aspiración en los próximos meses.

Es el mismo modus operandi del ex presidente: establecer una importante red financiera con la cual mantener vigencia y peso político en los escenarios nacionales.

Así sucedió, por ejemplo, en 2004 cuando Carlos Ahumada esclareció un acuerdo con Salinas y “El Jefe Diego” Hernández de Ceballos para solventar las deudas en que había incurrido el Partido de la Revolución Democrática después de la elección intermedia en 2003. Ambos prometieron aportar 400 millones de pesos a la presidencia de Rosario Robles en el Sol Azteca, pero fueron Manuel Andrade (ex gobernador de Tabasco), Arturo Montiel (ex gobernador del Estado de México), Enrique Peña Nieto (ex diputado federal por el Estado de México), Elba Esther Gordillo (ex líder sindical del SNTE) y Jorge Kahwagi (ex presidente del Partido Nueva Alianza) quienes apenas reunieron 35 millones para “Chayo”.

Miguel representa en el proyecto de Salinas un apoyo financiero más en la correlación de fuerzas rumbo a 2018. El complejo arquitectónico adquirido por la familia Alonso en la ciudad de Guadalajara –junto a un prestigiado centro comercial- mediante una inmobiliaria (Inmobar) de reciente creación a nombre de Diego Alonso –sobrino de Miguel- da una leve pista del potencial de recursos que Salinas estaría incorporando para dar operatividad a su objetivo.

Sin embargo, la joya de la corona Alonso estaría en Colombia y sería la causa por la que Diego Alonso habría salido del país como especularon en la denuncia ante la Procuraduría General de la República Alberto Gaytán y Horacio Zaldívar a finales del mes de junio.

Proveedores cercanos a Juan Alonso, inconformes e incrédulos por el deslinde de pagos y por el cese de negocios con el hermano del gobernador, ya hablan de un hotel boutique de cientos de millones de dólares en aquél país latinoamericano el cual sería administrado por su dueño original (no el prestanombres): Diego Alonso.

Salinas encontró otro interesante inversionista. ■

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