Dialéctica entre neoliberales y populistas en México y Estados Unidos

Dialéctica entre neoliberales y populistas en México y Estados Unidos

El miércoles y el jueves de la semana pasada, visitó zacatecas quien ocupara la presidencia de México de 1988 a 1994, Carlos Salinas de Gortari. Ante el alborozo de algunas autoridades y directivos del PRI, el visitante fue objeto de atenciones que sólo merecería algún personaje benefactor de Zacatecas o de México. El mismo jueves 28 de julio, el Congreso de Veracruz aprobó definitivamente, con los votos de los legisladores del PRI, del PAN y de aliados menores, la reforma antiaborto propuesta por el gobernador Javier Duarte. Y una semana antes, el partido republicano que postula a Donald Trump, en su convención de Cleveland aprobó una plataforma que reitera las posiciones conservadoras y neoliberales que han caracterizado a ese partido desde la década de los años ochenta. Las decisiones de Veracruz, Cleveland y Filadelfia sobre los derechos de las mujeres no son las únicas que muestran con toda claridad las coincidencias de fondo existentes desde los años noventa entre los neoliberales partidos mexicanos PRI y PAN, y el partido republicano (PR) del país del norte; otros temas que ejemplifican sus importantes coincidencias son la política fiscal restrictiva del gasto público y garante de impuestos bajos para los multimillonarios,  la correspondiente privatización y encarecimiento de la educación, la salud y la seguridad social, y la creencia de que el sector financiero debe operar con un mínimo de regulaciones.

Las coincidencias de fondo entre PRI y PAN y la derecha norteamericana no expresan, como lo afirmó en su momento Carlos Castillo Peraza, el triunfo cultural del PAN, sino que son una manifestación del desplazamiento del PRI hacia el espacio político de la derecha neoliberal. Tanto Miguel de la Madrid (M de la M) como Carlos Salinas de Gortari (CSG) condujeron a esa transformación del llamado partido de la revolución y del estado mexicano aprovechando la falta de democracia en su interior, las relaciones de corrupción tejidas por sus élites y el fraude electoral de 1988. Con el acompañamiento del PAN, M de la M privatizó el sistema bancario y asignó la conducción económica del país al equipo que desde entonces mantiene capturadas dependencias fundamentales como el Banco de México y la Secretaría de Hacienda; por su parte y también con el acompañamiento panista, CSG aceleró las privatizaciones corruptas de la compañía telefónica, la minería, la televisión pública, etc. llevó a la ruina al campo mexicano y propició la concentración de riqueza en unos cuantos mexicanos que hoy presumen su prominente lugar en las listas de la revista Forbes de los más ricos del mundo, negoció con el presidente republicano  Bush padre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, provocando con ello el levantamiento zapatista en Chiapas y dejando la economía colgada de alfileres hasta que reventó en el llamado “error de diciembre”. Hasta hoy no se han aclarado los escándalos criminales ocurridos en los últimos meses de 1994 (Colosio y Ruiz Massieu), ni todo el episodio que llevó a su hermano Raúl a la cárcel durante el gobierno de Zedillo, hasta ser liberado por el actual Gobierno Federal. No existe la menor duda de que la descomposición que hoy vive el país ha sido provocada por personajes como el que fue recibido con bombo y platillo por el gobernador y varios de sus amigos la semana pasada.

El mismo día, en la ciudad de Filadelfia, Hillary Clinton pronunció su discurso de aceptación de la candidatura presidencial del partido demócrata, convirtiéndose en la primera mujer con posibilidades reales de llegar a la Casa Blanca como presidenta de Estados Unidos (EE UU); se trata de la misma mujer que en 1995, durante la Cumbre de Beijing, afirmó que los derechos de las mujeres son derechos humanos y viceversa, y que desde entonces no ha dejado de luchar por garantizar a todas las mujeres todos sus derechos. La plataforma aprobada y el discurso de la candidata expresan con nitidez un fenómeno político de la mayor importancia: el corrimiento del partido demócrata hacia la izquierda, al hacer suyas las principales propuestas del senador Bernie Sanders, convertido por méritos propios en cabeza de la izquierda norteamericana, empezando por incrementar los impuestos a los más ricos, disminuir la influencia del sector financiero en los procesos electorales y en el ejercicio del poder, así como el reconocimiento del cambio climático y el compromiso de mitigarlo con la contribución de todos los países, garantizar la vigencia para todos de los derechos a la educación, la salud y la seguridad social, y resolver de raíz el endeudamiento billonario de los estudiantes norteamericanos. Puro populismo, dirán los neoliberales mexicanos.

Lamentablemente para nosotros, mientras en EU el gobierno populista (según sus propias palabras) de Barack Obama, batallando diario contra el obstruccionismo radical del PR, incorporó 15 millones de personas a la seguridad social mediante la ley llamada Obamacare, y generó 20 millones de nuevos empleos, aplicando una política anticíclica contraria a las recetas neoliberales, en nuestro país ya son 35 años de aplicación implacable de los mismos dogmas: privatizaciones, bajos impuestos para los muy ricos, recortes presupuestales a salud y educación, abandono del campo, así como encarecimiento de los energéticos. El resultado es que la combinación de bajo crecimiento económico, convertido ya en trayectoria de largo plazo, cuyos inicios habría que fechar en la década de los años 80 del siglo pasado, con mala distribución y extrema concentración, configuró una sociedad en extremo desigual y con demasiada pobreza, lo que constituye la herencia maldita del personaje homenajeado la semana pasada por algunos zacatecanos desmemoriados.

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