Una foto bien tomada y de regular tamaño II

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■ El son del corazón

En 2011 nació el Morena como movimiento social; pero en enero de 2014, Andrés Manuel y sus compañeros más próximos anunciaron la creación de un partido político, en compañía de miles de simpatizantes.

Sin embargo, sus más viejos ex-camaradas ignoran casi todo acerca del cronograma del partido Morena; su subordinación política les impide observar la fortaleza prometedora que adquirió este proyecto político.

 

La creación de un lenguaje político propio

El origen político de López Obrador es priísta; algunas de sus ideas primigenias se localizan en sus experiencias militantes de la década de los setenta, en la Casa de Estudiantes de Tabasco en el DF, y en las movilizaciones campesinas y de trabajadores petroleros de su estado natal. Su criterio de hacer política fue considerado con suspicacia y reserva, al considerar la movilización como método de lucha; fue un activista atípico que estorbaba a sus dirigentes regionales.

En la fundación del PRD, las ideas del Peje eran distantes de la mirada desdeñosa y aséptica de Cuauhtémoc Cárdenas; a éste, un sobrio aristócrata, le causaba horror la movilización de los plebeyos. Aún hoy, la suficiencia de Cárdenas le impide ver más allá de sus gafas oficiales; esto, más la edad, le impide continuar en la competencia política de la actualidad.

Si bien algunos miembros de la corriente de los Chuchos eran veteranos del “halconazo”, de la lucha armada guerrillera y de las movilizaciones de mitad de los setenta, sólo lograron conjuntar un grupo de ideas, en una serie de documentos con débiles teorizaciones y análisis sin consecuencias políticas inquietantes. Su arribismo y codicia no casaba con la percepción del Peje, acerca de la transformación del país.

Zambrano, Ortega, Navarrete, Graco, Barbosa, Acosta Naranjo et al, habían constituido una estructura burocrática a partir del control de diversos movimientos sociales y pequeñas organizaciones políticas, y muy pronto pusieron en claro que no iban en serio ni a profundidad; ellos caminaban en círculo, en una retrógrada adopción de las funestas tradiciones partidistas que otrora pretendieron superar. Como apostilla notable, demostraban una grotesca debilidad por el brillo del dinero.

 

Morena ante el desafío de la crisis nacional

En la pasada jornada electoral del 5 de junio de 2016, emergieron grandes posibilidades para el proyecto político de Andrés Manuel.

Los avances del Morena en estas elecciones son testimonio del movimiento social; éste ofreció un espacio oportuno para construir un partido dinámico, conveniente para armar estructuras militantes como propósito estratégico, mientras en lo inmediato responde a las actividades electorales. El nuevo proyecto de nación se cimenta en una trama primordial: la construcción del partido político.

Al desplegar este programa, se confirma que Andrés Manuel López Obrador transita, sin evadir contradicciones, en un proceso de rompimiento con sus ideas del pasado. Ahora, las grillas fratricidas de antaño parecen bromas de mal gusto.

En la práctica, su deslinde combate la idea de una “izquierda” adocenada, burocrática y oportunista; en su propósito, la movilización es lo que cuenta como agente de solidaridad, lucha y sufragio.

Por eso en estos días los comentarios acerca del Morena demandan vigorosos ingredientes críticos; su vida va más allá de un ingenuo anecdotario y de la adulación. Hoy deben rescatarse, para superarlas, las concepciones pretéritas, hasta poner en claro sus insuficiencias, y hacer una prospectiva de nuevos emprendimientos afines a la democracia de los trabajadores.

El partido Morena observa posible un triunfo electoral en 2018, con la intervención de las estructuras erigidas en el periodo electoral de 2016 y con las nuevas que se formarán en los estados donde aún tiene una presencia discreta, al calor del ascenso social atraído por la futura jornada electoral del país.

Morena no especula, pero debe actuar con los tiempos y en ritmo, amén de analizar día con día, rigurosamente, las luchas sociales con las herramientas de análisis que cuestionan a la razón neoliberal.

La crítica colectiva, sostenida e implacable del partido Morena, no debe postergarse. Esta organización política pretende marchar fortalecida con cuadros sólidos, con afiliados creativos, con simpatizantes en movimiento, porque su existencia será impugnada con violencia mediática por los poderes fácticos nacionales y externos, y su sentido de avance experimentará un periodo borrascoso, donde los intereses financieros continentales diseñarán un plan contundente para desmoralizarlo, debilitarlo, extinguirlo, y amagarlo con insinuaciones pretorianas.

 

No nos salgan con su batea de babas

El partido Morena observa su futuro en un entorno muy interesante, en un clima de ascenso irregular y sostenido de la actual crisis económica mundial, depredadora e irresoluble, y cuando diversas experiencias nacionales latinoamericanas padecen un debilitamiento apresurado, víctimas de distintas guerras comerciales, financieras y políticas.

Morena debe analizar los proyectos fallidos de Brasil, Argentina y Venezuela, porque fueron reacios a transformar con sentido soberano la estructura de su modelo económico y defenderlo con el movimiento de masas. La lección de estos países en retroceso es valiosa: no existen salidas reformistas a la crisis de onda larga que acosa, con puntual energía, a los países de América Latina.

La naturaleza de la depresión económica mundial es, en última instancia, reflejo del verdadero desafío que enfrenta la sociedad: la crisis del capitalismo. Por ello, los procedimientos desarrollistas que se proponen para atenuarla o revertirla, no solucionan nada. La fatalidad de las políticas públicas se exhibe de inmediato.

Morena se apresta a participar en una empresa compleja. En nuestra realidad latinoamericana, compuesta de trabajadores pobres, toda lucha defensiva o electoral se encarrila naturalmente en un proceso de revolución permanente, y desafía los procedimientos habituales de conducción reformista de las masas. Los trabajadores rebasan, sin consideraciones, a los dirigentes incapaces y traidores.

En nuestro país, los fenómenos agresivos de la crisis se manifiestan en un deterioro de la vida pública. El presidente Peña Nieto, célebre por su incapacidad y dispendio, camina extraviado sobre las brazas de la crisis sistémica nacional. Muy pronto, los trabajadores le harán pagar la factura y abrirán nuevas expectativas políticas.

Queda claro: el partido Morena surgió para asumir una responsabilidad adulta. ■

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