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Las Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa

Las Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa

1- En la literatura mexicana del siglo XXI se nos da lo hablador por naturaleza. Si encontramos un punto débil en un libro de cuentos o en una novela hacemos de él la comidilla de las redes sociales o de los encuentros literarios. Nos cuesta trabajo bajar las manos y aprender del oficio de narrar. Aventurarse y aclarar que se trata de uno de los oficios cuya precisión es equiparable a la del cirujano. No hay entre los lectores condición de humildad; al contrario, cada que se puede arrojan la piedra y esconden la mano. Muchos pueden decir que los días de Mario Vargas Llosa como buen novelista han quedado atrás. Sobre todo si revisamos detenidamente sus últimas cinco novelas. Y algo hay de cierto en ello, sin embargo, si nos atenemos al tiempo y a la madurez de todo escritor justo es decir que no hay uno que no haya tenido sus altas y sus bajas en cuanto a su producción literaria. Es normal. Vargas Llosa ya no es aquel joven de las tantas novelas emblemáticas durante la efervescencia de la literatura latinoamericana de la década de los sesenta. Pero se le sigue aprendiendo, sabe del oficio de narrar, incluso me atrevería a decir que es uno de los pocos escritores que han conseguido crear una voz narrativa propia, algo sumamente difícil y escaso en nuestros jóvenes autores, aquellos que precisamente tanto reniegan de autores como Vargas Llosa.

2- Antes de criticar hay que saber de lo que se critica. Efectivamente, mucha de la crítica literaria que se lleva a cabo en México se hace a partir de otras lecturas, reseñas periodísticas, cuartas de forros, solapas, boletines de prensa, notas de Face, que a su vez provienen de otra nota de Face (ad eternum) pero casi nunca a partir de la obra en cuestión. Si nos atenemos a las características de la novela que se desarrolla actualmente en Latinoamérica podemos situar Cinco esquinas (Alfaguara 2016) como una novela cuya estructura narrativa es de corte tradicional. Vargas Llosa no busca innovar en técnicas narrativas (aunque de hecho sí lo hace casi al final de la novela) o partir de anécdotas increíbles y novedosas para contar su historia. Nada de eso. De hecho, si se mira de lejos, la historia que nos cuenta es sumamente sencilla, lineal, con capítulos alternados y recursos de tiempos narrativos también clásicos. Aquí me parece que hay otra gran lección para nuestros jóvenes escritores: no se compliquen tanto la existencia, no intenten escribir de lo que no saben ni quieran construir sus propios mundos llenos de máquinas comegalletas; las narrativas sencillas son ricas, provechosas y, si se trabajan bien, consiguen dejarnos un buen sabor de boca.

3- Por una parte Cinco esquinas nos plantea un problema respecto a la ética periodística durante la dictadura de Fujimori y Montesinos y el daño que se puede causar cuando una información, en este caso una serie de fotografías de una orgía, son empleadas para chantajear a un hombre poderoso, quien a su vez debe cuidar no sólo su imagen pública, que eso queda en un segundo plano, sino la imagen frente a su esposa, una imagen que, sobra decirlo, ha mantenido durante muchos años. Vargas Llosa confronta, así, dos morales totalmente opuestas: la del periodista que busca obtener ganancias a partir del material fotográfico que ha llegado a sus manos, y la del hombre que tan sólo busca protegerse de la humillación y el escarnio frente a su esposa, para llegar a una última y acertada postal: la de la sociedad peruana de la época. Parece que este es el punto central de Cinco esquinas, es a partir de aquí que la trama se detona.

4- Mario Vargas Llosa es un autor que gusta jugar del erotismo, que de alguna manera siempre está presente en su obra narrativa y Cinco esquinas no es la excepción. Me parece que el trabajo que consigue con los pasajes eróticos lésbicos están bien narrados y, sobre todo, bien sostenidos. Es frecuente que cuando se trabaja con pasajes de este tipo no se equilibre adecuadamente el peso de cada palabra y terminen por volverse o bien inverosímiles o bien de una “vulgaridad” total y facilona. Vargas Llosa recurre a la creación de atmósferas donde no sólo los cuerpos de dos mujeres frente a frente son importantes, sino que además le da el peso justo a los lugares donde se desarrollan las acciones, los climas, las vistas, etc.

5- Vamos a quitarnos la absurda idea, escolar y soberbia, de si vale la pena leer a un autor o no y mejor atendamos nuestros propios gustos como lectores sin importar lo que diga el vecino de enfrente. En lo que respecta a la literatura mexicana hemos llegado a un punto donde un puñado de académicos fracasados, críticos de pantalla y click, payasitos de fiestas infantiles, nos autorizan hasta el color de los calzones que vamos a utilizar luego de advertirnos cuál es la mala o la buena literatura, qué libro vale o no la pena leer, quién tiene o no autoridad para hablar de tal o cual tema. Dénse una vuelta por Cinco esquinas, si bien no es el mismo Vargas Llosa de La ciudad y los perros (y sería estúpido verlo de esa manera), aún nos sorprende con lo tanto que sabe del oficio de narrar, el viejo arte de contar historias y de hacerlo bien. ■

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