La transición al desencanto

La transición al desencanto

 

A mediados de la década de los noventa, la opinión pública se volcó a festejar el arribo a costas nacionales de la tercera ola de las transiciones a la democracia. En efecto, 1997 fue un punto de inflexión en la historia de nuestra democracia. En aquel año el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y por primera vez los ciudadanos del entonces Distrito Federal pudieron votar por su jefe de Gobierno. La alternancia en el gobierno federal del año 2000 no hizo sino confirmar el fin de siete décadas de autoritarismo y el advenimiento de un nuevo ciclo político cuyas características eran aún inciertas, pero promisorias.

No tuvieron que transcurrir muchos años para que el optimismo democrático claudicara ante un malestar ciudadano generalizado. Se trata de un desencanto que se nutre del supuesto de que la transición ha defraudado sus mejores promesas. ¿Cómo pasamos en tan poco tiempo del optimismo de la transición al desencanto con la democracia?

En un artículo titulado “Ilusiones sobre la consolidación”, Guillermo O’Donnell ya había advertido que muchos de los países inmersos en la transición revirtieron en nuevas formas de autoritarismo. Otros permanecieron en una zona gris, intermedia, en los cuales las incipientes instituciones y prácticas democráticas coexisten con los mecanismos y el ejercicio autoritario del poder.[2]

México se inscribe en la lista de países que se quedaron a la mitad del camino, en una etapa híbrida que quizás sería conveniente conceptualizar como un tipo específico de régimen que ni es autoritario ni es democrático.En palabras de Porfirio Muñoz Ledo, “rompimos con un sistema pero no acertamos a crear otro nuevo. Incluso crece la conciencia de que estamos viviendo la prolongación perversa del régimen anterior, porque el autoritarismo no se terminó, sino que se repartió, y la venalidad no se extinguió, sino que se pluralizó”.[3]  Lo viejo aún no muere; da coletazos fuertes. Lo nuevo todavía no nace;tiene complicaciones de parto. Inmersos en esta encrucijada, considero fundamental reflexionar en torno a una serie de lastres que están ocasionando quenuestra germinal democracia, antes siquiera de florecer, esté marchitando.

Democracia entre desiguales.- ¿Cómo explicar que de manera tan súbita se alteraran tanto las valoraciones públicas en torno a la democracia? La responsabilidad recae en buena medida en la sobreventa de expectativas: Se esperaba que la democracia, además de suponer elecciones libres entre una pluralidad de opciones que confluían en una arena política de pesos y contrapesos, traería consigo un país menos desigual y con mayor crecimiento económico.[4] Contrariamente, los años de la democracia coincidieron con un acelerado proceso de concentración de la riqueza en pocas, muy pocas manos. Según el economista Gerardo Esquivel, la fortuna de cuatro empresarios mexicanos pasó de ser el equivalente al 2% del PIB en  el año de la alternancia, a representar cerca del 9% del PIB en el año 2015.[5] En paralelo, el número de personas en situación de pobreza ha ido en aumento. En su más reciente medición, Coneval reportó 55.3 millones de pobres.[6] Conjugadas, estas cifras implican que las brechas de la desigualdad se han ampliado en los sexenios posteriores a la transición, una tendencia que se ubica en las antípodas de los valores democráticos.

De acuerdo con el economista norteamericano Joseph Stiglitz, nunca en el mundo tan pocos han tenido una parte tan grande de la riqueza, mientras tantos han tenido una parte tan pequeña. Pero la riqueza que reciben las élites y los banqueros parece surgir de su capacidad y voluntad de aprovecharse de los demás. Esto es consecuencia de distorsiones en los incentivos existentes en los mercados, los cuales están dirigidos no a crear nueva riqueza, sino a arrebatársela a los demás.[7]

En el caso mexicano, no es que el Estado haya renunciado a su capacidad redistributiva, sino que la ejerce transfiriendo los recursos de modo inverso a lo que sucede en los estados de bienestar: las riquezas que se han acumulado en lo más alto se han producido a expensas de los de más abajo.[8]

El arribo a un nuevo régimen político tampoco fue sinónimo de crecimiento. La puesta en marcha de la competencia electoral fue concomitante a la desaceleración de la economía nacional. Para administrar la crisis, el Estado privatizó, recortó gasto público y se empequeñeció. Es discutible si existe o no una relación causal entre democratización del régimen político y la liberalización de los mercados, o si el primero fue una válvula de escape para compensar los ajustes draconianos del segundo. Lo que es indudable es que debido al paralelismo de dichos procesos, en el imaginario de amplias franjas de la sociedad mexicana la transición a la democracia significó empobrecimiento, desaparición de sus pensiones, privatización de los servicios, pérdida de su poder adquisitivo y devaluación de su moneda.

Narcotráfico.- Por más sofisticada que sea en su diseño, no hay democracia que resista la proliferación de grupos criminales capaces de desafiar la viabilidad misma de un Estado e imponer su imperio en amplias porciones del territorio nacional. Ya sea en forma de cooptación, extorsión o financiamiento, para una democracia incipiente el contubernio entre política y narcotráfico es letal.

Cuando en Temixco, Morelos, uno de los cárteles que disputan la plaza asesina a una alcaldesa que no había cumplido siquiera 24 horas en el cargo, además de acabar con una vida humana, el crimen va acabando con el derecho de la gente a elegir libremente a sus gobernantes. Cuando en Veracruz se perpetra un homicidio a  un periodista y las autoridades en lugar de investigar criminalizan sumariamente a la víctima, también se socava la libertad de prensa y el derecho de la sociedad a contar con múltiples fuentes de información. Cuando por medio de acuerdos inconfesables los partidos permiten que las mafias postulen a uno de los suyos a la presidencia de un municipio, como ocurrió con José Luis Abarca en Iguala, se abren las puertas a la vorágine y la barbarie.

Las consecuencias letales de la penetración del narcotráfico en la política y las instituciones alcanzaron su cúspide con la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.En este panorama desolador crecieron muchos de los jóvenes nacidos después de la alternancia y que en 2018 podrán votar por primera vez. Si bien no conocieron por experiencia propia los congresos monocolores o las páginas más oscuras del autoritarismo mexicano como la represión estudiantil de Díaz Ordaz o el halconazo, ¿qué significado tiene para ellos una democracia que silencia a sus periodistas y acaba con la vida de los más jóvenes?

Desde finales de 2006 a la fecha, en el marco de la guerra en contra del narcovan más de 22 mil desaparecidos y más de 100 mil muertos. El incremento abrupto en la tasa de homicidios es causa preponderante de que de 2000 a 2010 disminuyera la esperanza de vida de los varones mexicanos,[9]algo que no sucedía desde que culminó la Revolución Mexicana. Si en muchos lugares del país los jóvenes no tienen otra alternativa de subsistencia que migrar o enrolarse en una guerra ya sea del lado de los sicarios o de los militares, ¿por qué razón elegirían la democracia por encima del antiguo régimen que no conocieron?

Corrupción e impunidad.– México atraviesa por una profunda crisis de los valores democráticos, producida por elevados niveles de corrupción política y por la incapacidad de las instituciones de ejercer sus funciones regulatorias y hacer que todos los agentes cumplan con la ley. Entre la élite gobernante se ha propagado una sensación de impunidad, de ser una casta por encima de la ley y del resto de los mortales, de no ser responsables ante la ciudadanía y poder hacer lo que les venga en gana.

Los valores republicanos son un estorbo paraquienes conciben al Estado como un patrimonio privado y a sus instituciones como mercancías para comerciar.Funcionarios que utilizan el helicóptero de la institución a su cargo para viajar con su familia o consentir a una estrella del canal de las estrellas; Casas Blancas, especulación inmobiliaria, moches legislativos; entregas amañadas de obras, licitaciones y concesiones; contratación de publicidad gubernamental encubierta en programas de revista; legalización del fracking, de la “ocupación temporal” de tierras y depredación de manglares para construir edificios; la fuga espectacular de El Chapo de un penal de máxima seguridad; la insostenibilidad del Aeropuerto de Texcoco(en donde pretenden que aterrice el nuevo avión presidencial que costó una millonada); la cancelación del tren México-Querétaro; el encubrimientode Peña Nieto a Moreira y el apacible retiro de Fidel Herrera como cónsul en Barcelona. Son las postales de un régimen carcomido por la corrupción.

El gobierno mexicano ha claudicado a su vocación de servicio público, el único motivo por el cual puede ser legítima una relación de poder. La lógica sexenal no es servir al público, sino servirse de él. Si las elecciones son vistas como una inversión –comprar votos y el respaldo de los consorcios mediáticos, convencer a accionistas de colocar su dinero en una empresa riesgosa– la colonización del Estado es un botín que deja amplios dividendos.

Una de las características del ejercicio de poder del grupo Atlacomulco es la inversión de los incentivos: premia la subordinación acrítica y castiga a quien hace bien su trabajo. Esto explica quepor las mismas fechas en que desde Los Pinos presionaban a MVS Radio para silenciar la denuncia periodística de Carmen Aristegui, el presidente nombraba a un incondicional como secretario de la Función Pública para cuidarle sus espaldas. En resumidas cuentas en eso consistió la respuestade Enrique Peña Nieto a la crítica social por la compra de una casa que costó más de 80 millones de pesos.

La hermana gemela de la corrupción es la impunidad. Una alimenta a la otra. Las consecuencias de su conjugación son desastrosas.De acuerdo con datos del INEGI, en únicamente 0.2% de los delitos ocurridos en 2012 se dictó sentencia.[10] Mientras los culpables no son castigados, miles de mexicanos a los que no se les ha demostrado culpabilidad viven en el encierro. En efecto, 46% de la población penitenciaria no tiene sentencia y comparte las prisiones con delincuentes.[11] En las deficiencias del sistema de justicia mexicano se expresan los efectos más nocivos de la relación entre corrupción e impunidad.

Es falso que como sociedad nos hayamos vuelto indolentes. Por lo contrario, una consecuencia positiva de la transición es que ambos fenómenos tienen una mayor visibilidad pública y una menor tolerancia social.[12] Si nuestros reflejos como sociedad ante las desmesuras del poder no se han desactivado, habría que desentrañar por qué México, con una calificación de 35 sobre 100, es el país más corrupto de la OCDE, según en el Índice de Percepción de Corrupción 2015 de Transparencia Internacional.[13]

Hay una disociación entre lo que los ciudadanos reclaman y los gobernantes interpretan.La gente grita indignación y los gobernantes escuchan envidia. La denuncia es confundida con resentimiento.La ciudadanía padece la impotencia de quien sabe que pasan todas estas cosas y a la vez no pasa nada. Cuando los servidores públicos son los primeros en corromperse y los últimos en ser sancionados, se instaura la  pedagogía perversa de la corrupción. Los cínicos andan envalentonados: tienen la certeza de que sus actos de corrupción no serán sancionados. Se sienten intocables.

Partidocracia.- Cuando salimos de la noche autoritaria y amanecimos en la transición, el dinosaurio seguía ahí. Más que un partido político, el PRI es una cultura política. Mucho más fácil sacarlo de Los Pinos que de las mentes. Al instaurar la herencia revolucionaria a su imagen y semejanza, el priísmo inventó la política moderna en México. Se suponía que la transición se encargaría de desmontar dicha forma de hacer y concebir la política, pero en vez de ello, hizo metástasis en el sistema de partidos: el autoritarismo se pluralizó.

Por una parte, el PAN en tiempos de Fox contaba con la fuerza que le daba el bono democrático para desensamblar el aparato de dominación priísta. Pero en vez lo convocó a cogobernar el cambio, montándose en su maquinaria corporativa, reproduciendo sus mismas prácticas y aliándose con los mismos poderes fácticos.

Por otra parte, salvo casos excepcionales como el Distrito Federal, cuando la izquierda ha llegado a gobiernos estatales o municipales ha sido incapaz de demostrar que puede implementar políticas públicas diferentes, en clave democrática y progresista. Tomando en cuenta que en su gran mayoría quienes han gobernado con las siglas del PRD egresaron de las filas del PRI, esto no debería extrañarnos.

Jesús Silva-Herzog Márquez sostiene que el pluralismo no acabó con el ogro filantrópico, sino que le agregó dos cabezas. Al PRI como partido subsidiado por el Estado se le sumaron dos agencias estatales: el PAN y el PRD. Politólogos como Richard Katz y Peter Mair denominan este proceso como la cartelización de los partidos políticos. “Estos compiten, ganan y pierden elecciones, discuten en el Parlamento pero, debajo de la rivalidad, se coluden para cuidar sus ventajas y privilegios. Definen las reglas y se reparten los beneficios.” Los cárteles hacen política para sí mismos, con lo cual van drenando el demos de la democracia.[14]

En vez de apertura, la crisis de ilegitimidad y de desconfianza ciudadana en las instituciones ha provocado que los partidos tradicionales se atrincherenpara impedir el ingreso de nuevos competidores. Han demostrado un rechazo tajante a impulsar nuevas reglas que podrían propiciar un contexto de mayor exigencia.

De entrada, registrar un nuevo partido político no será posible hastaque pasen las elecciones de 2018. Llegada esa fecha, quienes se propongan hacerlo tendrán que ingresar a un laberinto burocrático y notarialen el cual muchos quedarán atrapados. Incluso Morena, cuyo dirigente es el mejor posicionado en algunas encuestas rumbo a los comicios presidenciales, tuvo complicaciones para cumplir con las asambleas estatales y demás tramitologías enredadasque la ley contempla para otorgarregistros partidistas.

Algo similar pasa con las candidaturas independientes. Luego de que en las elecciones intermedias de 2015 se comprobara su potencial disruptivo, los partidos se dedicaron a ponerles candados y requisitos severos en las legislaciones locales, provocando que un derecho constitucional sea imposible de llevar a la práctica. En pocas palabras, la partidocracia se resiste a inyectar pluralismo y auténtica competencia a un sistema que languidece y está desprovisto de representatividad.

¿Qué se puede hacer?

 A pesar de lo hasta aquí dicho, no es momento de sucumbir ante el pesimismo. Es momento de sentirse indignado y transformar esa energía en organización. Hay una mayoría social silenciosa e inconforme que necesita una salidapolítica que le dé voz, identidad y articule las demandas popularesa través de propuestas concretas.

La actual disputa obliga a construir lazos entre entre el archipiélago de resistencias, lo cual requiere generosidad, voluntad política y altura de miras por parte de todos. Como cualquier disputa, ésta es, a fin de cuentas, un asunto de correlación de fuerzas. La derecha tiene la habilidad de aglutinarse de manera compacta, homogénea y disciplinada para defender intereses cada vez más unificados. Frente a un bloque con pocas fisuras, la indignación no puede desplegarse fragmentada, dilapidando su potencial en purismos y soberbia intelectual.

Por lo contrario, lograr que el disenso se vuelva mayoría depende en buena medida de que partidos, movimientos, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil que buscan el cambio social, se reconozcan mutuamente, reivindiquen su diversidad, respeten sus autonomías y sus distintas formas de lucha, pero sobre todo, interpelen a la gente.

Elaborar colectivamente un discurso catalizador que asimile los particularismos, para incorporarlos en una significación global es el gran reto que tenemos por delante. Ya lo dijo Ryszard Kapuściński: no deja de ser curioso que el solo hecho de experimentar la miseria y la opresión, por más dolorosas que resulten, no es suficiente para que las personas tomen conciencia de que ni la una ni la otra forman parte del orden natural del mundo. Es imprescindible la palabra catalizadora, el pensamiento esclarecedor. Por eso los gobiernos autoritarios, más que al petardo o al puñal, temen aquello que escapa de su control: las palabras. Palabras que circulan libremente, palabras clandestinas, palabras rebeldes.[15]

Los demócratas tenemos una tarea doble por delante. En primera instanciahay que defender los avances en el país en cuestiones comodivisión de poderes, transparencia, rendición de cuentas, pluralismo, libertades y derechos. No son poca cosa: costaron la lucha de varias generaciones e incluso la vida de algunos de los que nos precedieron. Pero al mismo tiempo no debemos caer en el conformismo ni dejar de impugnar y combatir los lastres que los poderosos le han endosado a nuestrademocracia para anclarla en su estado actual.

No hay sistema político que tenga garantizada su permanencia en el tiempo. Suponer que nuestra malherida democracia puede ser la excepción, implicaría dejar el camino libre a las pulsiones autoritarias que anidan en nuestra sociedad. Hoy la democracia requiere de demócratas.

@EncinasN

Referencias:

 

CANUDAS-ROMO, Vlamdimir et al, «The stagnation of the Mexican male life expectancy in the first decade of the 21st century: the impact of homicides and diabetes mellitus”, en Journal of Epidemiology and Community Health, 69:28-34, 2015

 

Centro de Estudios sobre impunidad y justica de la Universidad de las Américas Puebla, “Resumen ejecutivo del Índice de impunidad Global”, consultado el 29 de febrero de 2016 en: http://www.udlap.mx/cesij/resumenejecutivo.aspx

 

Coneval, “Resultados de pobreza en México 2014 a nivel nacional y por entidades federativas​”, consultado en:

http://www.coneval.gob.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2014.aspx, 28 de febrero de 2016

 

ESQUIVEL, Gerardo, “Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político”, México, Oxfam, 2015

 

GALINDO, Carlos, “Seguridad Pública: Evaluación de la información disponible”, Temas Estratégicos Número 14, México, Instituto Belisario Domínguez, 2014

 

KAPUŚCIŃSKI, Ryszard, El Sha o la desmesura del poder, Barcelona, Editorial Anagrama, 2011

 

MUÑOZ Ledo, Porfirio, La ruptura que viene. Crónica de una transición catastrófica, México, Grijalbo, 2008

 

O´DONELL, Guillermo, “Ilusiones sobre la consolidación”, en Revista Nueva Sociedad # 144, Julio- Agosto 1996

 

SILVA-HÉRZOG MARQUEZ, Jesús, “El vaciamiento democrático”, Revista Nexos, Octubre de 2015, consultado en: http://www.nexos.com.mx/?p=26468el 29 de febrero de 2016

 

STIGLITZ, Joseph, El precio de la desigualdad, México, Taurus, 2012

 

Transparencia Internacional, Corruption Perceptions Index 2015”, consultado en: https://www.transparency.org/whatwedo/publication/cpi_2015, el 29 de febero de 2016

 

WOLDENBERG, José, “¿Dónde estamos?”, México, Revista Nexos, Octubre de 2015, consultado en: http://www.nexos.com.mx/?p=26473 el 29 de febrero de 2016

[1]Politólogo. Impulsor de la iniciativa Por México Hoy.

[2] Guillermo, O´Donnell, “Ilusiones sobre la consolidación”, en Nueva Sociedad # 144, Julio- Agosto 1996, pp. 70-89

[3] Porfirio, Muñoz Ledo, La ruptura que viene, México, Grijalbo, 2008

 

[4] José, Woldenberg, “¿Dónde estamos?”, México, Revista Nexos, Octubre de 2015, consultado en: http://www.nexos.com.mx/?p=26473 el 29 de febrero de 2016

[5] Gerardo, Esquivel “Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político”, México, Oxfam, 2015

[6] Coneval, “Resultados de pobreza en México 2014 a nivel nacional y por entidades federativas​”, consultado en:

http://www.coneval.gob.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2014.aspx, 28 de febrero de 2016

[7] Joseph, Stiglitz, El precio de la desigualdad, México, Taurus, 2012, pp. 29 y 52

[8] íbidem, p. 53

[9] Canudas-Romo, Vlamdimir et al, «The stagnation of the Mexican male life expectancy in the first decade of the 21st century: the impact of homicides and diabetes mellitus”, en Journal of Epidemiology and Community Health, 69:28-34, 2015

 

[10]Carlos Galindo, “Seguridad Pública: Evaluación de la información disponible”, Temas Estratégicos Número 14, México, Instituto Belisario Domínguez, 2014, p. 12

[11] Centro de Estudios sobre impunidad y justica de la Universidad de las Américas Puebla, “Resumen ejecutivo del Índice de impunidad Global”, consultado el 29 de febrero de 2016 en: http://www.udlap.mx/cesij/resumenejecutivo.aspx

 

[12]op. cit., José Woldenberg, “¿Dónde estamos?”…

[13] Transparencia Internacional, Corruption Perceptions Index 2015”, consultado en: https://www.transparency.org/whatwedo/publication/cpi_2015, el 29 de febero de 2016

 

[14] Jesús, Silva-Herzog Márquez “El vaciamiento democrático”, Revista Nexos, Octubre de 2015, consultado en: http://www.nexos.com.mx/?p=26468 el 29 de febrero de 2016

 

[15]Ryszard Kapuściński, El Sha o la desmesura del poder, Barcelona, Editorial Anagrama, 2011, p. 135

 

 

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ
¡Suscríbete!
Suscríbete a nuestro Boletín Informativo para recibir las noticias más recientes de La Jornada Zacatecas en tu e-mail
TU EMAIL AQUÍ