Explora Ana Clavel las pulsiones y las complejidades del hombre en su obra

Explora Ana Clavel las pulsiones y las  complejidades del hombre en su obra
El título El amor es hambre, de Ana Clavel, recibió el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska (2013) ■ FOTO: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

■ Participará en el Encuentro de Escritores con la conferencia En el principio era el deseo

“Hay pulsiones que de pronto te llevan a buscar arriesgarte de más, porque también hay pulsiones de querer ser devorado, no nada más de comerte al otro”. La expresión que pudiera horrorizar a la razón, refleja justo, las complejidades de lo humano que sondea Ana Clavel en El amor es hambre (Alfaguara, 2015).

Por más que queramos situarnos en lugares reduccionistas o simplistas, dentro de nosotros existe una realidad amplia en tonalidades, muy distinta del blanco y negro en que nos divide el maniqueísmo, dice la autora que ha centrado su proyecto escritural precisamente en el tema del deseo.

“Porque considero que más que seres de palabras lo que nos constituye es precisamente el deseo. Es aquello que nos lleva a salir de nosotros para intentar abarcar otras posibilidades, alimentarnos. Y en ese sentido el propio acto de comer, de devorar, puede implicar esa búsqueda de apropiarte de algo que no tienes. Esa es la base del deseo”.

En El amor es hambre, la ganadora del Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska (2013), el más reciente de los seis con que ha sido distinguida, sintetiza el viaje por el que transita la protagonista, Artemisa, en la imagen: “en todo corazón habita un bosque”.

Presenta aquí una especie de nueva versión de Caperucita- “mucho más sabia y mucho más lista”, y por tanto más apegada a las versiones anteriores a la que socializara del cuento, Charles Perrault.

“Pero lo interesante de Caperucita es cómo en realidad más que quedarse en un primer momento como un personaje víctima o en un segundo momento como un personaje igualmente victimario- cazador-depredador”, transita por las penumbras y los claroscuros de ese bosque, guiada por sus pulsiones básicas, una, la de “alimentarse”, que en realidad denota “apetencias de otra índole”, dice Ana Clavel.

El seno materno, ese primer contacto con el mundo a través de la boca y la búsqueda de satisfacer el hambre se asocian con el amor, y agrega, “sabemos que en el simbolismo de la persecución del lobo a Caperucita hay otras intenciones más allá de comérsela en un sentido literal (…) en buena medida como un cuento de advertencia para los menores”.

“En todo corazón habita un bosque” que lleva a la gente, también a los escritores, “a incursionar por mundos antes inimaginados como es el caso de Ana Clavel, ya sea dejándose llevar por los personajes antes que acudir a la ficción construida mediante el anecdotario autobiográfico, o bien, auxiliándose de soportes multimedia para transitar por el proceso de creación interna, y de paso, encontrar salidas visuales que la exhiben “en franca ebullición”.

Así, mientras escribía Cuerpo naúfrago, su segunda novela y en que el personaje protagónico es como el Orlando de Virginia Woolf pero al revés, es decir, una mujer que se descubre de pronto en una cuerpo masculino, y que por tanto obligó a la autora a explorar los rituales propios del género opuesto, entre ellos los cotidianos que transitan por los mingitorios, las fotografías de estos objetos tomadas con ayuda de amigos varones terminaron constituyendo una exposición en el Centro Cultural España.

O las muñecas sexuadas que busca coleccionar el protagonista de Las violetas son flores del deseo, y sobre las que también hubo de investigar Ana Clavel, constituyeron luego del auxilio de artistas visuales una exposición.

Está también el video que surgió producto del tránsito por un hueco de escritura en el proceso de crear Las ninfas a veces sonríen, o el propio nacido de El amor es hambre, todos que se han convertido en “elementos satelitales” de su propuesta literaria con los que busca captar la atención de los lectores para que al fin acudan al libro mismo, dijo.

En respuesta a la definición que recientemente le asignó Jane L. Lavery en The Art of Ana Clavel como “escritora multimedia”, la autora reitera el oficio que ha ejercido durante más de 30 años, como el sustancial y esencial en ella.

Lo otro, es “como si la enramada de la escritura se extendiera más allá”, es parte de los caminos a los que la ha llevado. En su tránsito, en el que explora por mundos y soportes, Clavel asevera alimentarse de la mirada como su personaje Artemisa –La diosa griega del bosque-, “que tiene ojos muy grandes para comer mejor”.

Ana Clavel se encuentra en la capital del estado para participar en el Encuentro de Escritores que se realiza del 19 al 25 de marzo dentro del 30 Festival Cultural Zacatecas 2016 en el Museo Pedro Coronel. Este 23, impartirá a las 19 horas la conferencia magistral En el principio era el deseo que presentará el escritor y periodista Simitrio Quezada.

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