Soy…

Soy…

“Soy del mar espuma

soy triste lamento

yo soy basurita

soy basurita

que arrastra el viento…”.

Canción popular

 

El Profe, sentado en la anca de hierro forjado del jardín Hidalgo, mira a la estatua del prócer. ¿La miraba? No, su mente estaba en otra parte. Miguel Hidalgo… Sí… Miguel Hidalgo… Cura… Dio el grito en Dolores… ¡Mueran los gachupines! Tomó un estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe… y se fue hacer la guerra de Independencia. Los españoles lo capturaron y lo fusilaron. Es el Padre de la Patria… sí, fue muerto a balazos… como Madero… como Villa… como Zapata… como Rubén Jaramillo… todos balaceados… Los ojos enrojecidos. Cuajados de lagañas… miran sin mirar. Los labios cuarteados, resecos, blanquecinos, el cabello entrecano apelmazado. Cierro la boca, aprieto los dientes y me quedó callado… el Profe queda suato. Indolente, la Guama se repasa los labios con la lengua. Es una enorme mujerona, morena, con dos gruesas trenzas muy negras a los lados de la cabeza y que caen sobre el pecho. Está sentada en una banca a unos metros del Profe. Con las gruesas piernas estiradas, aferradas las manos en el borde metálico de la banca. Sus ojos abultados, enrojecidos, no miran. Están fijos. Su cuerpo robusto, el enorme tórax sube y baja. Yo soy la nieta de la chingada. Hija de la llorona. Amontonados en la banca de enfrente, el Nene, el Picudo y el Chamoy, tiemblan abrazando sus cuerpos ñangos, sucios, vestidos con harapos. Se me figura que la Pirinola ya no viene, dice el Nene. ¡Va a venir! , afirma el Picudo afilando más el rostro. ¡Va a venir! ¡A güevo!, asegura el Chamoy. ¿A dónde podría ir? Es la hora en que están regando los jardineros las plantas. Los árboles. Limpiando los andadores. Es media mañana. El sol lagañoso de invierno. Por uno de los andadores aparece la Pirinola. Se para enfrente del trío. La Guama bufa. ¿Trajiste la pachita?, pregunta ansioso el Picudo. ¿Onde andabas?, pregunta el Chamoy. Te tardaste un chingo, le reclama el Nene. Nomás que salgas con un montón de babas, amenaza la Guama. De entre las ropas saca la Pirinola una anforita. Un montón de manos se la disputan. Se la arrebata el Picudo, que inmediatamente se la lleva a los labios y le da un sorbo. Se la quita el Chamoy, que sólo le da un sorbito. Se la pasa al Nene, que le da un trago grande y le es arrebatada por la mano regordeta de la Guama, que mira el ánfora por un instante y le propina un trago grande. ¡Me toca! ¡Sigo! Brincotea la Pirinola… ¡No seas culera, Guama… sigo! Y con la botella en su poder bebe con avidez, su cara de niña se llena de contento.

A unos metros, el Profe eructa.

 

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