El precio de firmar

El precio de firmar

La semana pasada, el medio Zacatecas en síntesis (el primero, que una servidora se diera cuenta) difundió una nota de Iván Hernández en la que se había analizado a través de Zens los artículos de opinión que publicó Alejandro Tello Cristerna en La Jornada Zacatecas y El Sol de Zacatecas.

En dicha nota se da cuenta de las similitudes que se encontraron entre los textos publicados a nombre del candidato priísta los días 2, 8, 15, 22 y 29 de febrero, con diversas publicaciones entre los que están textos académicos y hasta escritos de páginas de monografías.

De acuerdo a Zacatecas en síntesis (ver http://zacatecasensintesis.com/zens/?p=15769) hay plagios en 12 de los 21 párrafos del artículo del 8 de febrero; en los 17 párrafos del texto del 15 de febrero; en 16 de 18 párrafos del artículo publicado el 22 de febrero y en 12 de los 16 párrafos del texto publicado el 29 de febrero.

Aunado a esto, Cristina Velasco y Alonso Chávez, conductores del programa Espacio Abierto de Estéreo Plata, contactaron a la doctora María Teresa Villarreal Martínez, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y autora de un texto que el candidato publicó como propio en La Jornada Zacatecas el 24 de febrero.

En entrevista en ese espacio radiofónico, y posteriormente en carta dirigida a La Jornada Zacatecas, la académica confirmó que el texto es de su autoría y que con él ganó el segundo lugar en el Décimo Certamen de Ensayo Político que organizó la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León en 2009.

Como respuesta, el coordinador de comunicación social del candidato ofreció una disculpa pública y asumió el asunto como una pifia del equipo de campaña, admitiendo para ello que la implicación del senador con licencia en la elaboración del texto en cuestión se había limitado a la revisión y la firma.

Entre quedar como alguien con pocos escrúpulos éticos para plagiar un texto, o admitir que firma como propio, textos hechos por un escritor fantasma, el candidato optó por lo segundo.

No es de sorprenderse, finalmente los políticos como individuos no son más que los rostros de grupos relativamente amplios integrados por asesores y expertos en diversos temas.

Sin embargo, llama la atención que esto se admita hasta ahora, obligado por las circunstancias, y no se mencionara eso en los textos, y en los espacios radiales donde el candidato comentaba los artículos.

El asunto es adicionalmente interesante, si además de su condición de candidato a gobernador se considera que estamos hablando de quien presidió la comisión del Senado encargada de la ciencia y la tecnología; espacios donde el plagio es un tema de mucha trascendencia.

En agosto del año pasado, el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) expulsó a dos de sus miembros por plagio, quienes se hicieron acreedores a las sanciones que fija el reglamento de ese organismo entre los que están: amonestación privada o pública; revocación del cargo o comisión que le hubiere sido conferida en el SNI; suspensión en los derechos que le confiere la distinción como miembro del SNI, hasta por veinte años; pérdida de la distinción como miembro del SNI e imposibilidad de ingresar al SNI hasta por 20 años.

Para la suerte del candidato, su caso no está en manos de la Junta de Honor del organismo en el que tuvo tanta influencia, y probablemente las consecuencias que sufrirá serán incluso menores que las que viva la tenista María Sharapova por haber dado positivo en un antidoping; quien por cierto, tuvo la dignidad de admitir como error suyo este hecho, a pesar de que todo indica que su caso es de responsabilidad compartida, pues la jugadora consumía Meldonium desde hace diez años, medicamento que recién entró en la lista de sustancias prohibidas, sin que ella o su equipo pusiera atención en el asunto.

Lejos de escudarse en la negligencia de sus asesores, Sharapova dio la cara a la prensa y afirmó “Tengo un gran equipo a mi alrededor pero al final esto ha sido un fallo mío”.

El caso del candidato, más allá de las improbables consecuencias jurídicas, deja mermada su credibilidad, pues finalmente, la efectividad de sus declaraciones en la iniciativa tres de tres y sus promesas de campaña estarán diluidas por la desconfianza a su palabra.

No es descartable que el candidato haya sido víctima de un cuatro, o bien, de su propia negligencia en la supervisión de un colaborador perezoso. Sin embargo, si en plena época electoral y en los momentos en que más cuida su imagen, alguien logra meterle semejante golazo, ¿qué garantías ofrece de que sabrá cuidarle las manos a quienes gobiernen con él si gana la elección del próximo 5 de junio? ■

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