Municipios “modelo”, feudos de corrupción, primera parte

Municipios “modelo”, feudos de corrupción, primera parte

Cada vez que los mexicanos tenemos la oportunidad o necesidad de “echarle un ojo” a nuestra Constitución Política, ya sea  para consultarla, discutirla o por error, debemos sentirnos profundamente orgullosos de lo que en ella dice, más allá del documento, que de por sí es una obra maestra, la esperanza y anhelos de los Ciudadanos están contenidos ahí; mas allá de las miles de modificaciones que en ella existen y del mismo número de desatinos del ´legislador´, la Constitución es referente de los sentimientos de la nación.

El problema es siempre la interpretación y aplicación, no solo de la CPEUM, si no de todas las leyes que en este país existen, de esa manera dejan a los documentos que nos regulan en carácter de “sagradas escrituras” o de cartas de buenas intenciones, habiendo en esencia una diferencia notoria entre lo que se quiere y entre lo que se hace.

La pasada introducción la hago a razón de analizar brevemente al Municipio, como el nivel de Gobierno primero en contacto con la gente, que por cierto, en unos cuantos meses deberán renovar gobiernos 58 de ellos en Zacatecas y miles en todo el país.

Veamos:

La Carta Magna dice en su artículo 115: los Estados adoptaran, para su régimen interior, la forma de gobierno republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política y administrativa, el Municipio libre….

La Ley Orgánica del Municipio en sus artículos 2 y 3 dice: que además de ser la base territorial, el Municipio contara con personalidad jurídica y patrimonio propio como institución de orden público, de gobierno democrático, autónomo en su régimen interno, que tiene como fin el desarrollo integral y armónico de sus habitantes y será gobernado por un Ayuntamiento emanado de una elección popular directa.

¿Si fuera  así, quien les dijo a nuestros gobernantes que el Municipio es un botín político?

En México la costumbre es ley no escrita, tal vez por eso desarrollamos tolerancia a las malas acciones de los gobiernos, encarnados por la clase política, aunque vayan en detrimento de nosotros mismos, también es posible que las últimas generaciones de mexicanos hayamos crecido conociendo una sola forma de ejercer el poder amparada por lo que dice la ley, luego lo interpreta el interesado y después por alguna brecha legal le saca ventaja.

En el proceso que vive un candidato a presidir un Municipio, normalmente comienza formando un comité de campaña que a su vez está integrado por el equipo cercano del mismo, después en el mejor de los escenarios, hará compromisos con quienes en el proceso interno de su partido quedaron heridos, también se acercara a los sectores populares para ofrecer como si fueran dadivas o graciosas concesiones, una o dos regidurías para quienes se consideran lideres o lideresas, todo por supuesto en un esquema corporativo, y así al final, armar la planilla que llegara a ser parte del nuevo Ayuntamiento y con aires renovadores e ideas grandilocuentes a cambiar la realidad del Municipio, o por lo menos así dicen todos.

Por supuesto que una vez integrado el protestado el Ayuntamiento encabezado por el Alcalde, pasara a conformar el equipo de gobierno con las propuestas del jefe, pero disfrazadas en ternas, en las cuales de manera penosa se exhiben currículos la mayoría de las veces carentes de experiencia en determinada materia, pero eso sí, con una amplia trayectoria en la vida partidista o en la del Alcalde. Luego entonces, la nueva Administración tiende a defenestrar lo hecho (bueno o malo) por la administración anterior, incluso se llega a los extremos de interrumpir procesos y matar por inanición programas sociales que de alguna manera, bien o mal, pudiesen funcionar como paliativos para los muchos males que aquejan a los ciudadanos.

Ya sentados en la silla del poder y envalentonados por la legitimidad que se adquiere a partir de una elección democrática, el nuevo gobierno absorbe en su totalidad a la Administración Pública, como si fuera parte del “botín”, o como si junto con la potestad adquirida por la embestidura de Presidente Municipal, también se adquiriera el don del “súper administrador”, con capacidades plenipotenciarias para evaluar desde el personal hasta las políticas públicas y programas que existen en la demarcación, así pues, el Alcalde se convierte en señor feudal y es amo y señor de lo que implica llevar las riendas del gobierno y de la Administración Municipal, sin el mínimo recato de respetar lo que en nuestros días debería ser una obligación, como lo es el servicio civil de carrera, ya ni se diga las condiciones para ingresar, subir de categoría en promociones y permanecer al interior de la nomina burocrática.

Como diría el Doctor Tonatiuh Guillén López, (actual Presidente de El Colegio de la Frontera Norte A.C.) el nuevo Presidente Municipal encuentra en las leyes la covacha jurídica para hacer y deshacer a su antojo, sin la necesidad de cometer ningún ilícito.

Una vez más pesa en la cultura política el viejo dicho de “no es lo ideal, pero es lo que hay”. ■

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