De cuerpo presente

De cuerpo presente

Antes de

ineludiblemente perecer,
envejecen…
[fragmento]

para Irineo, mi abuelo

mi nariz ancha
la propensión a la calvicie
el infortunio de llegar y nacer

Todo te retribuiré
cuando la rama de mi nombre
esté cerca del pasto, y la tuya sea
cuna elevada de pichones hambrientos

Sobre la mesa negra se barajará el infinito
y luego de muchas partidas
entre copas y humo de un jugador sin nombre
llegará el tiempo de un mundo
levemente inverso

Donde alguien sacará agua del vino
en plena boda

Donde abunden los alpinistas
y sea escasa la abogacía

Donde ni tú ni el resto de los fumadores
seamos proscritos

Donde el trazo de los mapas
se borre con facilidad

Y en esa geografía nueva
me verás llegar a viejo,
llevarás mi apellido,
mi nariz ancha,
peinarás mi escaso cabello

Y en esa nueva biografía
me verás de madrugada
como si sólo estuviera
durmiendo
justo como hoy te veo,
tú, todo el tiempo tan serio
Los vecinos muertos

Como a mí, esto podría ocurrirte en sueños: peatón de la autopista desierta donde sólo permanece la señal de bienvenida: páramo de árboles de hueso, x habitantes, x metros sobre el nivel del mar.
No eres impuntual. Ir despacio es necesario cuando la banqueta está cubierta de lodo imaginario, cuando recorres el mundo con la ayuda de un bastón, cuando llegas a la puerta y le preguntas a tu sombra jorobada: ¿con qué dedo se toca el timbre?
No hace falta contar los dientes que te quedan, ni las canas difíciles de peinar; tampoco medir la profundidad de tus arrugas. La vejez no se confirma en cifras ni aspereza. Con la piel de nuevo ajustada a la sonrisa, algunos son más nuevos, como adolescentes dormidos, mientras avanza su funeral.
Casi a gritos como quien piensa que el mundo comparte su sordera, un anciano platica sobre la muerte de su abuelo que fue un respetado sobreviviente de la guerra cristera: le faltaban doce días para cumplir cien años, pero en la cena le dieron tamales y se le pegaron en la panza.
En las causas de mortandad, la estadística no incluye la indigestión, tampoco reconoce lo que llamamos muerte natural.
¡Qué ilusión la de esperar morir de falta de fuerzas que la vejez acompaña, cuando es la muerte menos acostumbrada, la más rara!, escribió Montaigne.
Muerte natural. Vida natural. ¿Cuándo dejaron de serlo? ¿O es la fuerza de gravedad la muerte natural del trapecista? ¿Un súbito derrumbe, la muerte natural de los mineros? ¿El hambre, la muerte natural de quien sólo vive de poesía?
A falta de apetito, nos quitaba el hambre diciendo cómo prefería morir: así rápido, dormida; no quemada ni ahogada, ni muy vieja, no quiero usar pañales otra vez.
[…]

1 García Rodríguez, Raúl, De cuerpo presente, Policromía Servicios Editoriales, Zacatecas, México, 2015, 82 pp.
Raúl García Rodríguez (Zacatecas Zac., 2 de octubre del 1981). Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación. “Universidad Autónoma de Durango”, Campus Zacatecas; y Maestro en Filosofía e Historia de las Ideas (MFHI) en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Ha sido ganador Premio Estatal de Periodismo Cultural “Juan Ignacio María de Castorena” en sus ediciones 2007, 2009, 2010 y 2013 en la Categoría Reportaje de Prensa Escrita. Fue Becario de Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico de Zacatecas (PECDAZ) con el poemario De cuerpo presente.

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