Votos por Botox

Votos por Botox

■ Inercia

El diputado federal del PRI, antes presidente municipal de Fresnillo, Benjamín Medrano Quezada, es el protagonista de un breve video que circula en redes sociales, en donde hace promoción de una clínica de restauración de cabello y por ende, el mencionado, narra su experiencia en dicho tratamiento y en la aplicación que se ha hecho, en la cara, de sustancias como el Botox, lo que le permite sentirse “más cómodo, feliz y joven”.

El breve promocional ha tenido, hasta ahora, cerca del medio millón de reproducciones, de las cuales se han desprendido comentarios que destacan por mofarse del personaje político… ¿Es que acaso la belleza personal y la actividad política no pueden ir de la mano?

Podemos burlarnos de las prácticas que, a nivel personal, cada actor político desempeña, pero también hay que saber distinguir entre lo privado y cómo nos afecta realmente este tipo de anuncios públicos, de lo contrario nosotros mismos somos la burla.

 

Eslóganes

Comodidad, felicidad y juventud son tres características que dignamente pueden describir a todo ser humano, al menos en una etapa de su vida. Lo terrible es que, dada la desigualdad social, no todos tienen acceso a experimentarlas plenamente. De hecho, bien podría funcionar como un eslogan de campaña: “Quiero que tú te sientas cómodo, feliz y joven, como yo”, todo esto aderezado con la respectiva fotografía en la que el candidato se muestre radiante y con el gesto convincente que invite a compartir tal estado.

A muchos nos gustaría tener la capacidad económica para sustentar un tratamiento de belleza digno, que nos diera oportunidad de acceder a un estilo de vida satisfactorio. Sin embargo, un implante de cabello, como el que Medrano Quezada promociona, tiene un costo de entre 65 y 95 mil pesos, y el de Botox no es más barato. Imaginemos si, en nuestro estado, existe un ciudadano común que, teniendo tal cantidad de dinero la invirtiera en este tipo de banalidades.

Todos tenemos derecho a la belleza y el bienestar; presidentes, diputados, amas de casa, estudiantes… La diferencia es que hay quienes no podemos darnos esos lujos debido a quienes sí. Desde luego que, los dirigentes, como cualquier otro obrero tienen también derecho a gastar su sueldo en lo que más les plazca, lo que resulta agresivo es que se vanaglorien de comodidad, felicidad y juventud frente a un pueblo que, por el contrario, vive en la inseguridad, la miseria y la vejación. ¿Acaso una inyección de Botox borra la profunda cicatriz de la injusticia, la violencia y el nepotismo?

Otro interesante eslogan podría ser: “Voto por Botox”, y esto aplicado no sólo a la dermis, sino como alegoría de la reparación de daños profundos en la piel social del pueblo. Como votantes, podemos exigir la comodidad, la felicidad y la juventud que merecemos.

 

Cuestión de belleza

Sentirse cómodos, felices y jóvenes son condiciones que todo mundo debería experimentar, si no de forma permanente, sí cotidiana. Más de uno aspiramos a sentirlas; es increíble la gran cantidad de tiempo, dinero y esfuerzo que se despilfarra en alcanzarlas. Incluso, el de la estética es uno de los negocios más rentables, dado que nuestra actual sociedad da prioridad al exterior del cuerpo, no sólo como un estandarte de obligada belleza, sino como una identidad. Las industrias cosméticas, desde maquillaje, crema, shampú, jabón, hasta cirugías plásticas e implantes, recaban dinero con singular astucia. Podemos comprobar en muchos niveles la primacía que tiene la apariencia física en la vida social, pues la frase coloquial “como te ven te tratan” explica en gran medida esta situación.

¿Pero qué relación hay entre la belleza y los personajes directamente relacionados con labores políticas? Es una codependencia compleja y simple a la vez. Por una parte, si bien la filosofía clásica postula la belleza como una virtud a la que el hombre aspira, proponiéndola en una acepción de lo que causa goce, bienestar y se acerca a cierto conocimiento, en la actualidad, la idea de belleza que prima es la que tiene por objeto la aceptación del otro, es decir, simplemente gustar.

Uno de los ejemplos que más destacan es el que tuvo cabida en las elecciones federales del 2012, cuando Enrique Peña Nieto fue tildado por la mayoría de las votantes como “guapo”. Para muchas personas, éste fue un atributo que determinó su decisión al momento de votar. Algo parecido ocurrió con nuestro gobernador zacatecano… Sí, la belleza de estos hombres fue una herramienta de enganche con una población que hace decretos con base en dicotomías sencillas del tipo “me gusta vs. no me gusta”. En este sentido ¿quién se burla de quién?

La belleza se alza en nuestro país como un estandarte de poder y como una característica digna de unos cuantos, mismos que han de usarla a su favor para beneficiarse. En este contexto, no se trata de burlarse porque un diputado se inyecta Botox, sino de cuestionar el alcance de esa sustancia en cuanto a sumar votos, en cuanto a la cifra que representa en una nómina pagada por aquellos que no están cómodos, felices ni jóvenes. ■

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