La austeridad como política

La austeridad como política

Empujados por el hartazgo ciudadano ante la desigualdad, y el oneroso costo que le significa la clase política a la población, últimamente se tiene noticia de varios diputados que renuncian a una parte de su salario, como gesto de austeridad.

Quizá el caso más conocido, es el diputado independiente de Jalisco, Pedro Kumamoto, cuyo carisma y congruencia ha causado simpatías en varias ciudades, incluida Zacatecas, en la que estuvo de visita hace ya varios meses.

Este joven legislador, renunció al 70 por ciento de su dieta mensual, para donarlo a proyectos que promuevan la participación ciudadana a través de la asociación Corporativa de Fundaciones.

Años atrás, un ejercicio similar hizo Gerardo Fernández Noroña, el mismo que desplegó una lona en el Congreso de la Unión referente al alcoholismo de Felipe Calderón Hinojosa, y que involuntariamente propició el despido de Carmen Aristegui de Noticias MVS al tocar el tema al aire.

Fernández Noroña, quien fue diputado por el Partido del Trabajo, renunció a la mitad de su salario, y además a todos los gastos privados a los que tenía derecho, como el seguro de vida, y el seguro privado de gastos médicos. Además, hacía aportaciones económicas constantes a movimientos sindicales en resistencia como el del Sindicato Mexicano de Electricistas.

Recientemente se unió a esta lista, el diputado de Nuevo León, Samuel García, de 27 años de edad, y militante de Movimiento Ciudadano, quien renunció a la totalidad de su salario, e incluso al “sobre sueldo” para que se convirtiera en parte del presupuesto de un programa municipal (de un ayuntamiento regido por Acción Nacional) para mejorar el desarrollo del distrito al cual representa.

Con ello, a su decir, se busca que el dinero facilite el bienestar de la población, sin caer en el otorgamiento de prebendas a título personal para mejorar la imagen del político frente al electorado al que, llegado el momento, acudirá nuevamente.

El repudio ciudadano que orilló a estas acciones, no es gratuito. México posee a los diputados menos productivos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), pues laboran 700 horas al año, distribuidas en un lapso de 195 días efectivos, y a pesar de ello, perciben el salario más alto de esa organización: 213,600 dólares anuales.1

Paradójicamente, entre los simples mortales las cifras son a la inversa, los mexicanos somos los que más horas dedicamos al trabajo (2 mil 228 horas al año), y sin embargo el ingreso familiar es el más bajo de toda la OCDE, aproximadamente de 12 mil 850 dólares anuales.

Esto se traduce en que los diputados en México, ganan 124 veces el salario mínimo que gana un compatriota, la cifra más alta de la OCDE; seguido muy por debajo por Chile, cuyos legisladores ganan 40 veces el salario mínimo; en tercer lugar Italia, donde los diputados ganan 20 veces el salario mínimo. En la antítesis, Suiza, cuyos legisladores ganan un salario mínimo de ese país. (Datos de Emmanuel Ameth, ver nota al pie)

En ese contexto, son valiosos y admirables los esfuerzos individuales ya mencionados. Pero una golondrina, o dos, no hacen el verano, y más que requerir los meritorios gestos singulares se necesita una política de austeridad general.

Por ello, además del plausible acto de Kumamoto, se esperaría que hiciera uso de su capital político para impulsar la propuesta presentada en el Congreso de la Unión, por la paisana Rocío Nalhe García, coordinadora de la fracción parlamentaria de Morena, en septiembre del año pasado, en la que se buscaba disminuir a la mitad el salario del Presidente de la República, legisladores, gobernadores y todos los demás altos funcionarios públicos, y que incluía también eliminar las pensiones vitalicias a los ex presidentes; lo cual significaría un ahorro de 450 mil millones de pesos para el país.

Esto, sin duda desanimaría a uno que otro charlatán cuyo ingreso a la política se rige por el interés de enriquecerse a costa del dinero del pueblo. No obstante, esto tampoco sería suficiente en tanto no se frene la corrupción, pues el mayor sangrado a las finanzas públicas no viene por lo que aparece en las nóminas gubernamentales, necesariamente transparentes y aunque inmorales, legales. El mayor despilfarro se va por el caño de la corrupción. Y en ese sentido, mientras no haya la suficiente vigilancia ciudadana y actuación en consecuencia (premiando o castigando a los servidores públicos, representantes y funcionarios), siempre habrá pillos dispuestos a dedicarse a la vida política, bajo el descarado lema de “a mí no me des, sólo ponme donde hay”. ■

 

1 Ameth, Emmanuel (20 de julio de 2015) “Diputados mexicanos: con los sueldos más indignantes de la OCDE en Forbes. Disponible en http://www.forbes.com.mx/diputados-mexicanos-con-los-sueldos-mas-indignantes-en-paises-ocde/

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