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Visita de Francisco en clave de justicia: indígenas y migrantes al centro de atención

Visita de Francisco en clave de justicia: indígenas y migrantes al centro de atención

En visitas papales anteriores nunca se había planteado su recorrido con significado social ni con señales claras a la iglesia sobre la línea a seguir. Fueron visitas orientadas a acrecentar la presencia de la iglesia en torno a temas conservadores (los relativos al movimiento familiar) y de convicciones doctrinales. Ahora, por el contrario, se diseña una visita en clave de justicia.

Los eventos de Francisco en los dos extremos del país así lo indican. En el sur irá a Chiapas, el signo vivo de la injusticia mexicana con el sector de la población más vulnerada: los indígenas. Y ahí estará en la tumba de Tatic Samuel Ruiz, el obispo que encarna la teología latinoamericana que pone en el centro de la acción eclesial al pobre. Ir a la tumba de Don Samuel significa reivindicar su obra y línea pastoral, y está diciendo a la iglesia por dónde debe orientar su acción. Don Samuel fue enérgicamente atacado por la jerarquía saducea mexicana, como las embestidas de Sandoval Iñiguez y compañía. Los papas anteriores también desalentaban esa pastoral porque tipificaban las acciones de Ruiz García de “desviaciones peligrosas”, de las cuales nunca dieron cuenta. Ahora, con la visita de Francisco, el mensaje es claro para la iglesia: deben comprometerse con la lucha por la justicia como Don Samuel lo hizo. Regresar la dignidad a una población oprimida y en la miseria, y que padece en medio de una inmensa riqueza natural. Paradoja que sólo se explica por causa de inaceptables injusticias ancestrales, soportadas por los poderes actuales. Al igual hizo en El Salvador con Monseñor Romero, el cual ya camina a los altares. Deberán proponer la causa de canonización a Samuel Ruiz y establecerlo definitivamente como ejemplo de vida a seguir. Con Romero y Ruiz como causas ejemplares, se pone en el centro la pastoral de la justicia en la iglesia.

Sin embargo, hacer que la Iglesia mexicana camine en la dirección señalada no es cosa fácil, no basta el gesto papal para lograrlo. Se requiere un completo plan de renovación que contemple la formación de un sacerdocio preparado para eso, el impulso de pastorales sociales en clave de justicia y la participación ilustrada del laicado en esos procesos. Y eso no sólo lleva tiempo, sino que sufre abiertas oposiciones internas. Un motor de empuje será la renovación generacional que en este momento experimenta la Iglesia. Pero como la iglesia es una institución hiper-jerárquica, la disposición papal es de vital importancia.

Junto al tema indígena (hoy otra vez en el olvido), la visita papal pone el tema migrante sobre el tapete de la agenda pública: el paso de personas que viajan de Centroamérica a Estados Unidos, que lo hacen en medio de peligros y son víctimas de las peores atrocidades por parte del crimen y las autoridades mexicanas. Para los centroamericanos pasar por México es cruzar el infierno. En notorio que en este caso, es también un tema objeto de la valiente pastoral de religiosos (as), que mantienen el 70 por ciento de las casas de migrantes que existen en el país. Nombres como Solalinde, padre Pantoja, madre Leticia o Fray Tomás, son ejemplo de entrega admirable. Así que con la visita de Francisco se reivindica la acción de cientos de personas que dan su vida en una causa auténticamente evangélica. Y llama a la iglesia a reforzar el tema. Estos llamados ya hacen frutos: en el caso de Zacatecas la diócesis ha tomado el problema migrante a través de un interesante proyecto, el Centro de Movilidad Humana. Estas acciones sí que dan esperanza de que la iglesia se involucre en acciones concretas con los más débiles y vulnerables.

Por tanto, lo que parece es que la visita va dirigida no sólo a reforzar el tema indígena y migrante en la agenda pública, sino dirigida al interior de la propia iglesia. En este último caso es un abierto llamado a dirigir sus planes pastorales (y formación académico-espiritual) con los pobres, las víctimas y los de abajo. En una palabra: regresar a Jesús (Pagola Dixit). Y hablando de víctimas en busca de justicia, esperamos que sean escuchados los padres de los normalistas desaparecidos. Ahora mismo son el signo de los miles de desaparecidos y muertos por un régimen de terror que opera en la bisagra del crimen y el Estado. Son los jesuitas del Centro Miguel Agustín Pro de Derechos Humanos (Prodh) quienes dan acompañamiento a los Padres; por ello esperamos se facilite este encuentro tan esperado, pero no anunciado. Sin esperanza no hay acción, y si esta visita desencadena esa esperanza, significa que estamos ante la detonación de una acción social dirigida a curar algunos males de injusticia que sufre nuestra patria. ■

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