El desdén de AMLO

El desdén de AMLO

Muchos de los que generosamente lean esta opinión dominical, se preguntarán ¿y este quién es para hablar de Andrés? Y bueno, la realidad es que escribo desde este espacio plural que La Jornada Zacatecas tiene a bien brindarme y lo hago en mi carácter de ciudadano únicamente.

Debo confesar que aquellos que les interese conocer mi opinión sobre el líder puntero en las encuestas, saben que mi participación y activismo con este personaje no se reducen a estas líneas. El que escribe, de 31 años de edad sólo ha votado dos presidenciales, 2006 y 2012 y en las dos ocasiones voté por el Tabasqueño, no sólo eso, también participé en el proceso de la post elección hace 9 años, cuando a todas luces hubo irregularidades y un complot (por más desvalorada que se encuentre la palabra, cuando la profesa AMLO) para impedir la llegada de el señor López. Recuerdo haber vivido un mes en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, al lado de una nutrida delegación de zacatecanos que, con un enorme entusiasmo formaban parte de las actividades necesarias para mantenerse en pie de guerra, mientras Andrés y un selecto grupo definían la ruta de la resistencia a veces no tan pacífica. En el plantón del Zócalo y Avenida Reforma, convivíamos alrededor de 32 delegaciones de los estados que en conjunto planearon una agenda cultural para combatir el hastío que genera la espera, de tal manera que una vez que se dio a conocer el Gabinete Legítimo se terminó el activismo ferviente y se pasó a la expectación mediática.

En fin. Si tú, estimado lector y lectora, crees que los párrafos anteriores son para justificar la crítica que a continuación viene, estás en lo correcto.

Andrés Manuel estuvo una vez más a punto de ganar en 2012, cuenta con el respaldo de millones de mexicanos que confían en el cómo alguna vez confiaron en El Tata Cárdenas, tiene en todas las comunidades, municipios y estados seguidores que ven en él la única posibilidad de cambio verdadero en el gobierno, para mejorar las condiciones en las que viven; incluso, lo visualizan como el Presidente que pueda sentar las bases de un proyecto que le dé un giro circular al modelo económico y político de gran calado y por varios sexenios, capaz de aguantar bien cimentado la rotación sexenal del que esté al frente del ejecutivo.

El respaldo es tal que la sola figura de AMLO le dio para formar un partido nacional con una agenda muy interesante y con presencia clara en la Ciudad de México. Además, tiene alrededor de una treintena de diputados federales, decenas de asambleístas en la Legislatura del Distrito Federal y varias delegaciones en las que viven millones de ciudadanos que hace años coinciden con la izquierda a veces radical del de Tabasco.

Paradójicamente y a pesar del apoyo descrito, mi crítica versa en la literalidad de la posición política que se le asigna en automático al movimiento, que incluso me ha llegado a parecer muy distante de la izquierda que debiese tener este país y para ampliar mis diferencias, las ideologías y posiciones que guardan quienes acompañan a Andrés en su andar hacia 2018.

AMLO al igual que la doctrina religiosa pregona: “los que se arrepienten se van al cielo” y bajo esa premisa hace años son parte medular de su equipo cercano y representantes de él en su caracteres de plenipotenciarios como coordinadores en las cámaras, PRIistas conversos y arrepentidos de probado perfil antidemocrático, caciquil y de centro-derecha en su forma de hacer política.

Lo anterior ya de por sí sería suficiente para alejar a quienes concebimos la política como un espacio donde predomine el consenso y se convierta en la herramienta medular para transformar las vicisitudes de la realidad, además, deja ver que desgraciadamente es ya un sello muy particular de Andrés el pragmatismo, pero el malo, el que se entiende como la conquista del poder a cualquier costo (quienes tengan duda de que hay diferentes pragmatismos, favor de checar el diccionario). Luego entonces, aquellos idealistas que lograran calmar su espíritu congruente ante estos tumbos, se enfrentarían a lo mas delicado del asunto, me refiero a la poca solidez de la agenda social de AMLO, donde los derechos no son la prioridad, a los temas de avanzada que debiesen marcar dicha agenda pareciera que les rehúye, que no les entiende y que le son incómodos, de esta manera pierde adeptos con las mujeres y los jóvenes y no le son ni le serán suficientes los programas, por cierto exitosos para los abuelos y ahora las universidades de Morena.

Las libertades deben ser la bandera de López Obrador, esa es la ruta que sin duda debe seguir para ganar la Presidencia de la República. Pero además, es indispensable que depure con esa vehemencia que lo caracteriza con sus opositores a los más próximos colaboradores, basta que eche un ojo a los estados para que se dé cuenta de cómo los caciques imponen la política pre moderna para hacerse del poder, y que son ellos y sus equipos los que de manera sectaria obstaculizan el crecimiento del Movimiento de Regeneración Nacional. ■

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