Historia y poder

Historia y poder

David Ojeda, Armando Adame, Ignacio Betancourt, escritores potosinos cerca de Zacatecas.

De indudable gallardía los tres, también de un talento para escribir descifrable, quizá lejanos de las graves muchedumbres, los tres a salvo de cualquier denostación, de cualquier sarcasmo y de cualquier cinismo que los crucifique en la impopularidad. Eso aquí no sirve.

¿Qué sirve?

Sirve que desde hace años, el en caso de David Ojeda Álvarez, abogado de profesión, estuviese radicando en nuestra ciudad como flamante escritor tallerista, como fundador –junto al talentoso Sergio Espinosa Proa- de la Unidad Académica de Filosofía y las ideas de la Universidad Autónoma de Zacatecas, como jefe del departamento de Investigaciones Literarias y luego como coordinador del taller Literario de la misma institución.

Sirve que el profesor normalista Armando Adame Domínguez fuese en la misma UAZ director de Difusión Cultural y editor en la Coordinación Editorial cuando el gran José de Jesús Sampedro era el maese, el preciso, el gurú y el guía fraterno de esa área que fue fecunda en las letras nacionales alebrestadas y deseosas de hacerla de emoción formando escritores de labia, anti caciques, nóveles y furiosos, nada simplones, todos entregados a publicar y sentirse re a gustos con la literatura floreciente de sus manos.

Sirve que Ignacio Betancourt fuese camarada de escritores y de teatreros, de hacerse presente en lecturas o ediciones de otras compas y otras tertulias callejeras que hermanaron para siempre en la amistad lo interesante, lo independiente, lo mal encarado o lo optimista Y  servidor de protestas en la compleja acusación que le hierve en su sangre pendenciera.

Comunicar, escribir, añorar, son los proyectos, son los anhelos, las metas en un montón de cosas que se acumulan en la buena suerte de dos ciudades que se quieren desde hace mucho.

Y son ciudades hermanas con los protocolos municipales desde hace años.

Son ciudades con una historia compartida que fue reciclando ideas, necesidades, aperturas, sobre todo saber lo que iba a pasar: intercambio académico, cultural, económico, (prostitutas potosinas fueron famosas, chefs de alta calidad para los amos españoles y los criollos, conquistadores como Caldera Yamute Y Juan de Oñate que aplacaron las ansias y abrieron puertas insospechadas para el poblamiento de las nuevas ciudades, y hasta estudiantes zacatecanos como los hermanos López Velarde que fueron de fama universal y hasta un rector zacatecano en la máxima casa de estudios de la Universidad Potosina) y un afable y bienvenido espíritu de colaboración que no se ha perdido ni se escapará jamás.

Vivimos ya en el futuro desafiante, vivimos ya en lo que añoramos desde hace siglos: no vivir del recuerdo sino en la sólida promoción de las nuevas ideas que emergen en abatir las distancias y las diferencias y muy guapetones y muy enseñoreados estos tres escritores potosinos, saben, llevan entre sus cejas, el orgullo de haber apoyado y brindado la buena amistad, el talento de escribir y de ser amigochos de las generaciones florecientes de la humana escritura zacatecana, muy diestra siempre en deslumbrar, comunicar y hacerla de tos en los agregados humanos que nos permiten seguir viviendo en esta ciudad centenaria varias veces y rebelde en toda circunstancia.

David el corajudo y regañón, Armando el amable y mega sonriente, Ignacio el anti piojos desenredando cabelleras nuevas bajo la nueva estela de la levitación de las buenas ideas compartidas.

Eso sirve y lo es para siempre. ■

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