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El culto al pasado: Hipsters, normcores… y priístas

El culto al pasado: Hipsters, normcores… y priístas
  • Inercia

¡Ah, Instagram! La red social que suele parecer una ventana a décadas pasadas… sus filtros remedan, la mayoría, fotografías viejas. Y sin duda es una de las redes más utilizadas por aquellos que proclaman vivir en el estilo de vida hipster, quienes tienen, entre varias otras costumbres, una especial fascinación por lo vintage y lo orgánico.

El amor por lo que parece viejo también es tendencia en la onda normcore, que se ha puesto en boga desde hace un par de años, luego del aparente ocaso hipster. Lo normcore es desenfadado, incombinable, en una sola palabra: fachoso. Recuerda a aquella extraña moda grunge noventera…

Lo antiguo, desgastado y a veces ridículo son ejes de estas recientes modas, pero hay quienes ya lo tenían presente desde antaño: los priistas.

 

Lo hipster

La palabra hipster, se dice que proviene de hip, que refería a aquellas variaciones aceleradas del jazz estadounidense de mediados del siglo XX. De ahí que en su famosísimo poema “Aullido”, Allen Ginsberg describe a los hipsters  “con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial / con el estrellado dínamo de la maquinaria nocturna, / que pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando / en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre / las cimas de las ciudades contemplando jazz, / que desnudaron sus cerebros ante el cielo bajo Él y vieron ángeles / mahometanos tambaleándose sobre techos iluminados, /
que pasaron por las universidades con radiantes ojos imperturbables / alucinando Arkansas y tragedia en la luz de Blake entre los maestros de la / guerra, / que fueron expulsados de las academias por locos y por publicar odas / obscenas en las ventanas de la calavera (…). Sin embargo, en el siglo XXI, con unas gafas de pasta, barba y un huerto casero, cualquiera se siente parte del clan.

Es así nuestro afán globalizador en México, en Zacatecas, por eso nos van tan adhoc estas subculturas; nos adueñamos de todo pero sin sentido ni significación. Hay una enorme necesidad de pertenecer a círculos y modas, pero de forma vacua. Esta es nuestra sociedad, la que no se vincula con nada, más que sólo en las evocaciones más efímeras. Somos una cultura de costumbres pasajeras. En nuestra médula no perdura nada más que los secretos más oscuros de una civilización violentada desde sus orígenes.

Ser parte de la tribu hipster de este tiempo es nada más un hábito cotidiano de nuestro carácter nacional, de pretender ser lo que todos son. Sin embargo, como ya mencioné antes, hay sobre todo un interés por remontarse al pasado; un interés de estancamiento putrefacto.

 

Lo normcore

Al igual que lo hipster, lo normcore es una oda a décadas pasadas; es una voluntad de retroceder en el tiempo, aunque sea superficialmente por medio de la ropa o conductas. Pero ¿por qué alguien querría volver a vivir la decadencia del 90? ¿Qué fenómeno hace que las personas revivan su infancia en el culto a objetos de aquellos ayeres?

Cada quien podrá dar sus razones personales, pero a ojo de buen cubero, también se puede hacer un parangón social: Si nuestra sociedad vive en una constante negación del presente, evadiéndolo por todos los medios posibles, es comprensible que encuentre en el pasado una mayor comodidad, pues es un tiempo estático. De igual forma, nuestro pueblo parece ser incapaz de tener miras a futuro, porque éste requiere, al menos, de una mínima responsabilidad, pues implica movimiento y proyección.

Cabe aquí hacer un énfasis sobre el título de esta columna, pues que no se malentienda que sólo aquellos que votan por el PRI son hipsters o normcores, sino que en México pervive una cultura de arraigo en el pasado, y la muestra más tangible de esto es visible en el actual régimen priista, el cual mantiene los mismos ideales y prácticas desde su fundación… igual que cualquier mexicano. Ser vintage en México es un mero pleonasmo de nuestra forma de vida.

Aunado a esto, la pobreza en la que la gran mayoría de personas viven en este país, orilla a mantener un estilo vital que se sigue correspondiendo al siglo pasado: antiguos aparatos de televisión, cámaras, viviendas y desde luego, la gente suele tener sus propios huertos y comer orgánicamente no por gusto, sino porque no hay para más. Y claro está, las vestiduras que han pasado por todas las generaciones familiares se vuelven a heredar a los jóvenes de hoy, quienes las portan indicando que están a la vanguardia… obligatoriamente.

El pasado es nuestro presente. Quizás en otras latitudes tengan otras razones más poéticas, pero en esta nación sigue pesando lo económico y político. Jóvenes de todos los estados mexicanos se suman día a día a las usanzas vintage de subir sus fotos a Instagram con los filtros sepia, sin darse cuenta que todo nuestro panorama es así, amarillento y opaco y borroso; que nuestro día a día se resume en un eterno mirar atrás y estremecerse con la cercanía. Y suspirar con un dejo de tristeza por un futuro inalcanzable. ■

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