¿Y la violencia de género contra los hombres?

¿Y la violencia de género contra los hombres?

El manto de la justicia y el derecho no abarcan del todo a numerosos eventos cotidianos que afectan a las personas y que muchas veces generan un segmento privilegiado frente a otro desprotegido. Celebro y me adhiero a las celebraciones del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, evento que se enmarca para elevar la conciencia mundial en torno a la violencia física, sexual, psicológica y económica que sufren un buen número de mujeres desde sus primeros años hasta la edad mayor. Sin embargo, este evento que se conmemora el 25 de noviembre por ser la fecha en que mueren ejecutadas las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, quienes lucharon contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo allá en la República Dominicana en 1960, me lleva a reflexionar sobre la violencia que sufren los varones y que por múltiples factores, no es dada a conocer, pues ésta sociedad de matices machistas, nos encapsula en estándares preestablecidos que imposibilitan a los hombres a denunciar eventos delictivos en su contra y menos cuando la agresora es precisamente, una mujer. Con agrado veo el paulatino avance que van teniendo las mujeres en los aspectos laborales, políticos y sociales; se han agrupado y luchan decididamente por el pleno ejercicio de sus derechos humanos fundamentales y, aunque falta mucho por hacer, se advierten importantes logros, no obstante, creo que tanto hombres y mujeres debemos dar una lucha frontal contra la impunidad, así sea de masculinos y femeninas; por ejemplo, necesitamos darle su exacta dimensión y tratamiento legal a los problemas que enfrentan los padres en relación con lo hijos, pues hay cientos o miles de casos en que las mujeres agreden a sus ex parejas a través de los niños, generando una afectación emocional tanto al padre como a los menores, provocando que sus relaciones duren años sin poder conciliarse gracias a una mujer que en aras del beneficio económico, por venganza o capricho, utiliza los sentimientos más nobles para generar odio y rencor. También quiero referirme a la violencia de género que existen para con los varones de la tercera edad ya que una vez que han experimentado la disminución de sus fuerzas y capacidades después de años de trabajo y gracias a las enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial u otros males, son objeto de agresiones, malos tratos, desprecios y otros dones que los orillan muchas veces al suicidio. Me pregunto: ¿Que se debe hacer cuando la mujer provoca la ira? ¿Cómo debe actuarse cuando una mujer ataca y se pone de frente para adquirir el papel de víctima y sacar provecho de la situación? ¿Qué pasa cuando la mujer agrede a traición o emplea a un tercero para generar un daño a su ex pareja o compañero de vida? Pues éstas y otras hipótesis suceden aunque incomoden a muchas y muchos y, las instituciones que se suponen expertas para dar atención a estos temas, se ven rebasadas ante una realidad que nos demuestra que avanzamos con pasos firmes hacia el matriarcado, pues en lo oscuro y por debajo de la mesa, muchas familias sucumben a los caprichos de las madres y son ellas las que dicen la última palabra en todo, limitando a los hombres ya domesticados o castrados, a ser únicamente los proveedores de lo necesario para sobrevivir; ya en la noche, si la mujer quiere sexo, el otro debe querer o de lo contrario, los calificativos a la sexualidad o el miembro viril pululan entre las paredes del lecho marital. En este contexto y de acuerdo con el Colectivo de Hombre Libres de Violencia AC, 30 o 40 por ciento de las agresiones de pareja son hacia los hombres pero no denuncian por vergüenza, además señalan que las esposas violentan a los hombres psicológica y emocionalmente con insultos y ofensas que aluden a su masculinidad o capacidad intelectual. Lo delicado es que según el citado colectivo, existe un número insospechado de hombres que prefieren guardar silencio ante las vejaciones, por temor a las burlas o la discriminación. Así las cosas, debemos mejorar la estructura jurídica e institucional en el tratamiento de la violencia de género, porque ya no somos ni tan machos y ni tan sumisas y, en la medida en que encontremos el equilibrio en la balanza de la justicia, avanzaremos en la edificación de una sociedad mejor, libre de violencia, menos hipócrita y próspera. ■

 

*Representante de Zacatecas ante el Consejo Consultivo Nacional para el Desarrollo Sustentable

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