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Violencia contra las mujeres: la brecha de una lacra

Violencia contra las mujeres: la brecha de una lacra

La violencia es un problema de formas despóticas de poder. En el caso de las mujeres es una historia donde, en las cinco últimas décadas, emergen reivindicaciones de igualdad de derechos de género que provocaron algunos roces, sobre todo en el espacio doméstico. La relación patriarcal impone ciertos roles al interior del hogar que implican el sometimiento de la mujer, y esa relación de dominación está fundada en una relación de dependencia, sobre todo económica. Cuando la mujer depende del varón para el sustento de sus hijos y de ella misma, se ve obligada a soportar maltratos y humillaciones. Por ello, cuando comenzó a trabajar, generar ingresos propios y recursos para los hijos, la relación de poder en el espacio doméstico cambió. Los roles se vieron perturbados. Los divorcios subieron en las estadísticas porque la separación se experimentó como una liberación. Poco a poco la nueva circunstancia obligó a los varones a asumir una nueva distribución de los roles, y con ello, a aceptar nuevas relaciones de poder más horizontales: la democratización interna de los hogares. A esta aceptación se le llamó “nueva masculinidad”. Con esto, nos debe quedar claro que la mejor forma de eliminar la brutal lacra de violencia contra la mujer (como un semejante en estado de debilidad), es anular sus causas: las relaciones de poder despóticas.

Asimismo en el ámbito público, las mujeres participan menos de los asuntos públicos porque se ven impedidas por la doble jornada: trabajar en el mercado y en el hogar. La incursión de las mujeres en el mercado de trabajo no ha disminuido sus responsabilidades domésticas. Las estadísticas nos muestran que las horas de ausencia de la mujer del espacio doméstico, no son sustituidas por la ocupación masculina. Las mujeres pueden hacer actividades en el mercado porque sus responsabilidades son cubiertas por otras mujeres (trabajadoras domésticas o madres), o por instituciones del Estado (guarderías). Las mujeres que no pueden tener estas ventajas tampoco pueden acceder ni al mercado ni a la vida pública, y están sometidas a las relaciones tradicionales de dominación. Otro espacio de abuso es el propio mercado, ganan menos salario y son muy hostigadas. En este contexto se enmarca el feminicidio: homicidio por motivos de género. En la mayor parte de los casos de este tipo, tomando como ejemplo Ciudad Juárez, las víctimas fueron obreras de maquiladoras. Y eso no es gratuito, su circunstancia de obreras no es ajena a su victimización de género.

Se debe mencionar en forma especial los casos de mayor vulnerabilidad femenina, como el de las mujeres indígenas y migrantes. La forma de victimizar a estos dos grupos de mujeres, debe hacen pensar  en estrategias de intervención social de mayor impacto. En suma, la brecha que nos falta recorrer para eliminar lacras como la violencia hacia personas por motivo de su género aún es enorme, y el Estado tiene la obligación de pensar cómo hacerlo, porque esta negra circunstancia ya no es un problema privado, sino a todas luces, es un problema público.

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