Para Enrique

Para Enrique

Autor: Logan Gerardo Moreno Velázquez

(4 CONCURSO DE CALAVERAS LITERARIAS DE LJZ)

Era temprano cuando la campana estaba repique y repique,
y la Calaca estaba ansiosa de ir tras Enrique.
Se había enterado que al país hacía mucho daño,
pues de rojo sangriento le había dado un baño.
Que entre miles de desaparecidos y fosas comunes,
había dejado a bastantes corruptos ante la ley inmunes

La Catrina se abrió con paso elegante,
buscando al supremo comandante.
Por el norte y por el sur, andante,
la Huesuda, triste, vio el vivir precario
de un campesino que se volvió sicario,
dejando sin trabajar por más pesos el huerto
y acabar en poco tiempo lleno de plomo, muerto,
como un expediente más en el archivo
de alguien fallecido con un cuerno de chivo.

La Flaca tenía que llevarse prematuramente esas almas al cementerio,
mientras la riqueza de Enrique y sus amigos crecía con gran misterio.

Harta, la Catrina, entró a Los Pinos con violencia
para acabar con el copetón y toda la pestilencia.
Enrique ya no se pudo esconder en el sanitario
y asumió las consecuencias de ser un mal dignatario.

Con la guadaña bien afilada, la Huesuda le arrancó los ojos
en venganza a los mexicanos por tantos despojos.
Enrique lloraba, gemía y pedía piedad,
que hasta a la Muerte le ofreció una propiedad.

La Calaca, ofendida, le bajaba los signos vitales.
«Esto es por vender al país a los grandes capitales», le dijo y siguió:
«De tristeza llenaste al país y oscuros colores,
por apoyar a tu pandilla de amigos tricolores
Trajiste a la nación solo días funestos.
Que te haré cachitos y no quedarán restos».

Enrique enmudeció al caer sus entrañas,
castigado por gobernar de formas extrañas,
sin apoyo popular, pero sí de varios militares
que cada Día de Muertos tienen más altares.

Con sonrisa macabra, la Parca festejaba, se reía y bailaba.
Veía cómo esos pequeños restos se los llevaban los insectos,
así, como en su gobierno, se llevan a los ciudadanos insurrectos.

La Catrina, muy feliz, al país liberó de un gran peso
y de un alma que de nadie tendrá un rezo,
porque resultó ser para todos un gran fraude
y en vida se quejó de que nadie le aplaude.

Con una devaluación de miedo en aumento,
que para comer se ha vuelto un tormento,
sin lágrimas ni flores, Enrique se fue al inframundo,
después de representar a lo más inmundo.

Ahora, la Huesuda, satisfecha con su misión,
para festejar come pan de muerto con rico atole
y dice «de este pobre tipo, ahora sí ya chole».

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